EL FINAL DE LA DINASTÍA ROMANOV

Artículo redactado por Luis Galan Campos, graduado en Historia.

Introducción

En febrero de 1917, Nicolás II Romanov es obligado a abdicar. Este hecho acaecido en un tren solitario en plena noche marca el inicio de la Revolución Rusa. Él y su familia son arrestados y, meses más tarde, asesinados en junio de 1918. Hasta ese momento, los zares habían gobernado el Imperio Ruso. El zar era batushka, el padre del pueblo, un ser casi celestial que velaba por todos los muyik (campesinos) de Rusia. Pero esta imagen idealizada proclamada desde el púlpito ocultaba el hecho de que el zar y su corte eran instituciones ancladas en el pasado que se negaban a adaptarse a los nuevos tiempos que corrían. Esto contribuiría de forma decisiva al estallido de una revolución que cambiaría el mundo para siempre.

Fotografía antigua del Zar Nicolás II

La familia de Nicolás II

Nicolás II (1868-1918) era un hombre sencillo y afable, pero sin la capacidad de mando de su padre, Alejandro III, ni tampoco una gran destreza política. Se definía sobretodo como un “hombre de familia” y el encargado de que su pueblo respetara las tradiciones de sus mayores. Nicolás sabía que un planteamiento autoritario era lo que necesitaba su país por el recuerdo de su abuelo, Alejandro II, asesinado por unos anarquistas en 1881, aún a pesar de que veinte años antes había abolido la servidumbre de los campesinos.

La mujer y los hijos de Nicolás II eran su apoyo más firme. Su esposa era su compañera, la que le daba aliento en las situaciones difíciles y le animaba siempre a hacer valer su autoridad. Alejandra Feodorovna, que así se llamaba en Rusia, había nacido como Alix von Hesse-Darmstadt, hija de Alicia del Reino Unido (la tercera hija de la poderosa reina Victoria), y de Luis IV, Gran Duque de Hesse-Darmstadt, un pequeño ducado alemán anexionado a Prusia en 1866. Su familia no poseía una gran fortuna, así que su infancia transcurrió con sobriedad y marcada por la pérdida de varios de sus hermanos a causa de una tuberculosis y de la hemofilia, un mal heredado de la familia de Alicia.

La Zarina Alejandra Fyodorovna
Fotografía de la zarina Alejandra Fyodorovna

Nicky y Sunny

Después de la muerte de su madre, ella y sus hermanos pasaron largas temporadas en Inglaterra con su abuela. Allí conoció a Nicolás, Nicky por aquel entonces, hijo del zar de Rusia que pasaba los veranos con ellos y sus primos. Nicky se enamoró de Sunny (así la llamaba cariñosamente) y aunque ella tuvo varios pretendientes al final su abuela accedió a que se casaran. Para poder acceder a la realeza rusa, ella tuvo que convertirse al cristianismo ortodoxo y fue bautizada con el nombre de Alejandra. La boda tuvo lugar en 1894 y al poco tiempo murió el padre de Nicolás, por lo que se convirtieron en los nuevos zar y zarina.

Nicolás II y Alejandra Feodorovna
Nicolás II y Alejandra Feodorovna en su foto de compromiso

Los primeros años del matrimonio fueron felices a pesar que el ansiado tsearevich (el heredero) no llegaba. A su primogénita, Olga (1895), siguieron Tatiana (1897), María (1899) y Anastasia (1901), la más pequeña y extrovertida de las cuatro (la famosa Anastasia). El heredero varón hubo de esperar 4 años más. 1904 y 1905 fueron año decisivos para la familia real y para el país. Rusia había entrado en guerra contra Japón por los puertos del norte de China, y contra todo pronóstico la estaban perdiendo. Ese año nació Alexei. La alegría por el nacimiento del heredero duró muy poco, pues pronto se descubrió que el pequeño padecía la temible hemofilia.

Hijos de Nicolás II y Alejandra Feodorovna
Fotografía de los hijos de Nicolás II y Alejandra Feodorovna

1905, un año fatal

En 22 de enero de 1905 (según el calendario Gregoriano), el proletariado de San Petersburgo se manifestó, siendo dirigidos por un personaje popular, el Pope Gapón, con el objetivo de exigir mejores condiciones laborales. Querían presentar sus quejas a su amado batushka pero éste no se encontraba en la ciudad y la manifestación fue reprimida de forma violenta. A este hecho se le conoce como Domingo Sangriento. Meses más tarde, Rusia reconoció con amargura su derrota militar contra Japón y la guerra finalizo con el Tratado de Portsmouth. Las consecuencias fueron de enorme calado. Por un lado, el zar empezó a perder la estima de su pueblo, que ya no vería en él a su padre protector, y hubo de aceptar la creación de una Duma (parlamento), algo impensable para un autócrata como él. Por otro lado, los rusos nunca digirieron bien la humillación de haber sido derrotado por un país oriental como Japón, y esa ira se volcó sobre el zar y su gobierno.

Palacio que acogió la primera Duma rusa
Palacio que acogió la primera Duma rusa

Rasputín

En lo relativo a su familia, el zar era consciente de que la vida de su hijo estaba en peligro constante por la hemofilia. Así que, para garantizar el futuro de los Romanov y del Imperio, había que salvar al heredero a toda costa. Ahí hizo aparición un personaje celebre: Grigori Yefimovich Rasputín (1869- 1917). Rasputín era originario de Prowoskoje, un pueblecito de Siberia. Tras haber sido expulsado de su aldea y de su paso por una secta, emprendió una peregrinación por el mundo y finalmente acabó en San Petersburgo. Allí vivía como starets (monje ambulante) y tenia fama como sanador.

En 1907, Rasputín fue presentado a la zarina Alejandra por una de sus damas, y ese fue el inicio de una larga relación. Rasputin, con sus rezos a Dios y la Virgen, conseguía aliviar los dolores que padecía Alexei cuando estaba en cama por su enfermedad. Se ha escrito mucho sobre Rasputín y sobre como conseguía realizar “curaciones milagrosas”. Lo cierto es que no era ni hechicero ni un “monje loco”, como decían sus enemigos, aunque tampoco el hombre santo que pensaban la zarina y sus hijas. Rasputín hacía creer a todos en la Corte que era él con sus plegarias lo que ponía bueno al zarevich. La zarina confiaba en él para contarle sus problemas y sus penas, y con ello adquirió un gran poder sobre ella y sobre toda su familia.

Otra famosa fotografía de Rasputín
Fotografía de Grigori Rasputín

La infancia de los hijos del Zar

Pese a todo, la infancia de los hijos de Nicolás y Alejandra fue feliz. Siguiendo la costumbre de la casa real, las princesas eran educadas de modo frugal y con pocas comodidades. Además de sus lecciones dirigidas por su tutor, el suizo Pierre Gillard, debían acompañar a su madre a sus obras benéficas y en los actos de la corte. Alexei, a causa de su salud precaria, era muy mimado por sus padres y sus hermanas, que siempre estaban pendientes de lo que le pudiera pasarle. Vestido siempre de marinero, fue educado también por Gillard. Desde pequeño se le inculcó que él iba a “heredar el más poderoso imperio de la tierra” y solía acompañar a su padre los gabinetes de ministros.

Por su mala salud, sus movimientos estaban constantemente vigilados. Sin embargo, eso no impedía que Alexei se metiera constantemente en líos, muchas veces animado por su alocada hermana Anastasia. Sus padres nombraron dos oficiales de marina, Nagorny y Deverenko, que se encargaban de que el pequeño no se pusiera deliberadamente en peligro y de inculcarle el protocolo. Desarrolló, como se esperaba de él, una gran afición por el mundo militar y aspiraba a ser un gran general como lo fue su abuelo, o su antepasado Alejandro I, quien había detenido a Napoleón.

 

Fotografía de Alexei, el hemofílico heredero del imperio ruso
Fotografía de Alexei, hemofílico heredero de Rusia

Aumento de la influencia de Rasputín

Alexei periódicamente tenía que guardar cama debido a que incluso una simple caída podía representar un serio problema debido a la hemofilia. Con los años estas postraciones empeoraron y Rasputín se hacía cada vez más necesario. Digamos que Alexei era como un niño burbuja, por lo que Rasputín pasó a convertirse en un personaje habitual en la corte. Su influencia era cada vez mayor y quien quería llegar al emperador o a su mujer sabía que debía ganarse a Rasputín. El dinero que recibía de la zarina o a cambio de favores lo gastaba en borracheras y mujeres. Los rumores de su conducta disipada y de sus aventuras con damas de la corte llegaban a oídos de la zarina, pero ella se negaba a escucharlos y apartaba a sus enemigos de la corte. Aunque el zar lo toleraba para complacer a su esposa, incluso la Duma y el Gran Sínodo de la Iglesia ordenaron respectivas investigaciones en 1913. Mientras tanto, los rumores malintencionados y el odio del pueblo contra él seguían creciendo. Oscuros nubarrones se cernían sobre la familia imperial en vísperas de la Gran Guerra.

Una de las fotografías más tardías de la familia de Nicolás II
Elenco de actores de una de las últimas adaptaciones al cine de la familia Romanov

Artículo redactado por Luis Galan Campos, graduado en Historia.

Para saber más

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       Luis Galan Campos es graduado en Historia por la Universidad de Valencia. Actualmente cursa el Máster de Formación en el Mundo Occidental en la misma universidad. Su periodo histórico de investigación es la Edad Media (s. V – XV), contando entre sus áreas de trabajo la aristocracia occidental, la ideología de las élites, la Historia de las religiones y la construcción y establecimiento de los Estados.

3 Comentarios

  1. ES MUY IMPORTANTE RECORDAR LOS MOMENTOS HISTORICOS QUE DIERON LUGAR A LOS GRANDES CAMBIOS, CAMBIOS QUE SON TAN NECESARIOS PARA EL AVANCE HACIA EL PROGRESO EN TODAS LAS ESTRUCTURAS SOCIALES CUANDO UN SISTEMA HA CADUCADO,AUNQUE SUELEN SER DOLOROSOS

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