CRÍTICA DE “FARAÓN”

Artículo sobre “Faraón” escrito por Jorge Álvarez, licenciado en Historia.

Crítica de “Faraón”

No deja de ser curioso que una de las películas que más se aplauden y alaban por su verosimilitud histórica, en realidad cuenta unos hechos que no ocurrieron y además protagonizados por personajes de ficción. Pero el diseño de producción de Faraón (1966) fue tan rompedor, tan diferente a lo que se acostumbraba a hacer en Hollywood (y, por tanto, ver en el resto del mundo), que esta película polaca se ha convertido en una referencia historicista, en un modelo de ambientación, reconstrucción y credibilidad. La magia del cine pero en otro sentido.

Cartel promocional de la película "Faraón"
Cartel promocional de la película

El argumento se basa en la novela homónima de Boleslaw Prus (pseudónimo de Aleksander Glowacki), un escritor y periodista que fue uno de los máximos representantes del positivismo decimonónico en su Polonia natal. Escribió Faraón en 1897, narrando el enfrentamiento del joven Ramsés XIII con el todopoderoso clero de Amón por mantener las prerrogativas del poder real ante el religioso y devolver a Egipto su esplendor frente a la amenaza exterior asiria.

La metáfora de esa trama resulta evidente, ya que esa pugna no sólo se dio en aquella civilización sino que ha constituido una de las líneas de la historia siglo tras siglo, incluyendo el contexto en que se publicó el libro, primero, y en el que se rodó el film, después. Porque el comunismo polaco supo ver en Faraón un buen material para una de sus obras propagandísticas: la Iglesia aprovechándose de un pueblo ignorante y pobre en su propio beneficio. El espléndido resultado final trascendió ese objetivo con creces, como pasó en otras ocasiones, demostrando que la parcialidad puede ser disculpable si hay calidad; las películas de Eisenstein (El acorazado Potemkin, Octubre, Alexander Nevski) son otro ejemplo.

Retrato de Boleslaw Prus
Retrato de Boleslaw Prus

El encargado del asunto fue Jerry Kawalerowicz, un director que ya tenía en su currículum otras obras de género histórico como Madre Juana de los Ángeles, basada en el célebre caso de las endemoniadas de Loudun. Él mismo se ocupó de adaptar el guión en colaboración con. Tadeusz Konwicki, cambiando algunas cosas del original y añadiendo otras, como la simbólica escena que abre la película y muestra a dos escarabajos, trasuntos del poder real y clerical, peleándose por una misma bola de estiércol y paralizando con ello el avance del ejército egipcio, léase el desarrollo del país entero.

Ramsés XIII no existió (la dinastía llegó sólo hasta el XI), como tampoco una amenaza asiria que no llegaría a Egipto hasta cientos de años después de la mano de reyes como Asarabadon y Assurbanipal, siendo finalmente neutralizada por el faraón Psamético I hasta que los persas de Cambises invadieron todo el valle del Nilo. Lo que se cuenta viene a ser una extensión de la historia de Ramsés XI, quien tuvo que enfrentarse al clero de Amón, un poder paralelo que llevaba ya mucho rivalizando con el trono (de hecho, se cree que la herejía de Akenatón era, más que nada, un intento desesperado de ponerlo en su sitio), y a los levantiscos mercenarios libios.

De hecho, el antagonista de la película es el sumo sacerdote Herhor, sospechosamente parecido en nombre al Herihor que en la historia real se autoproclamó rey de Tebas estableciendo un poder paralelo al del faraón (en realidad a tres bandas, más que paralelo, ya que el visir del Bajo Egipto también aprovechó para coronarse en Tanis). El país se descomponía y únicamente la dinastía XXII lo salvaría algo más tarde, en torno al siglo X a.C; una dinastía extranjera, eso sí, libia.

Escena de cacería en el palacio del rey neoasirio Assurbanipal
Escena de cacería en el palacio del rey neoasirio Assurbanipal

Traspasando todo esto al argumento, Ramsés XIII asume la doble corona y no tarda en enfrentarse al taimado Herhor, que pacta a sus espaldas un acuerdo con los asirios para renunciar al territorio de  Israel a cambio de ceder Fenicia, mientras los mismos fenicios siembran cizaña para que haya guerra y así hacer negocio. Dada la resistencia del faraón a esos manejos, se le prepara una trampa: matar a su esposa y a cambio ofrecerle una amante fenicia, una sacerdotisa de Astarté que ha de engañarle para que le asesinen y que su lugar sea ocupado por un doble.

Si el plan parece enrevesado, lo cierto es que lo es aún más porque de por medio se cruzan otros elementos: la muerte del viejo Ramsés XII; el hijo del protagonista, al que su esposa pone un nombre judío engañada por los sacerdotes; el amor del doble por la sacerdotisa; el plan urdido por el faraón para aplastar al clero de Amón, paralelo al de éste para derrocarle; la rebelión libia; la pugna por el tesoro del templo, que el rey quiere entregar al pueblo para paliar su hambre mientras que los sacerdotes se niegan…

Uno de los fotogramas de la película "Faraón"
Uno de los fotogramas de la película “Faraón”

Artículo escrito por Jorge Álvarez, licenciado en Historia.

Para saber más

Crítica de Faraón (II)

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       Jorge Álvarez es licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fue fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005), creador del blog “El Viajero Incidental”, y bloguero de viajes y turismo desde 2009 en “Viajeros”. Además, es editor de “La Brújula Verde”. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

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