LA SOCIEDAD DURANTE LA EDAD DEL BRONCE (II)

Artículo escrito por Teodoro Fondón Ramos, arqueólogo colegiado.

Durante la Edad del Bronce, el patronazgo surge como una alternativa factible de promoción social a partir de la posibilidad de mayor acumulación de ganado por parte de determinados individuos. Ciertos sujetos verían con agrado, recién alcanzado el estatus de adulto guerrero, poder disponer del número de cabezas de ganado suficiente como para poder contraer matrimonio. Ello les crearía una relación de dependencia hacia el donante o patrón, principalmente en forma de apoyo militar en razias (incursiones), pero también mediante la entrega de algún animal con motivo de determinados festines que celebrasen acontecimientos sociales. Esta posibilidad permitiría a determinados patronos contar permanentemente a su alrededor con una fuerza de combate fiel a su persona y bien preparada, por encima de los lazos de parentesco. La posibilidad de que tuviesen capacidad de entregar determinadas armas o caballos es una alternativa que no debe descartarse, y actuaría como un incentivo aún mayor para estos jóvenes.

Espadas y lanzas propias del Bronce final atlántico
Espadas y lanzas propias del Bronce final atlántico

Un segundo tipo de clientes surgiría de la propia práctica ganadera, particularmente de la propiedad de ganado vacuno. En familias ya establecidas, la pérdida de un buey o vaca por enfermedad, los problemas para mantener un semental, la presencia de alguna vaca que no diese leche, las pérdidas por incursiones de todo o parte del ganado vacuno y de ovi-caprinos forman parte de los riesgos que afrontarían las familias y que en ocasiones les resultarían individualmente difíciles de superar salvo con la ayuda de uno de esos patrones. Ello crearía una relación de dependencia más relativa si se quiere, pero que se pagaría con la entrega simbólica de algún animal en acontecimientos importantes y un apoyo militar sólo en momentos de estricta necesidad.

Hacha de anillas, arma típica del Bronce Final atlántico
Hacha de anillas, arma típica del Bronce Final atlántico

Una tercera variante estaría compuesta por extranjeros que se hubieran marchado de sus comunidades de origen por diversas causas como, por ejemplo enfrentamientos con los padres, rivalidades familiares entre hermanos u otros miembros del linaje, herencia, búsqueda de autopromoción personal o el deseo de aventura y conocer mundo. Estos individuos se ofrecerían como clientes a patronos prominentes a cambio de ganado para pagar el precio de una esposa, y estarían estrechamente vinculados a los patronos, ya que no gozarían de los mismos lazos de parentesco que sus vecinos dentro de la comunidad, siendo presumible que se incorporasen también al núcleo guerrero alrededor del patrón.

Una cuarta alternativa posible sería que algunos niños, capturados jóvenes en alguna razia, una vez alcanzada la edad adulta, se encontrasen en una situación de esclavitud doméstica que se difuminaría dentro del estatus de cliente. Otros dos tipos de clientes, artesanos y marinos, gozarían de un estatus especial. Los patrones, a cambio de un importante porcentaje de su producción o parte de los objetos que hubiesen obtenido por intercambio en otros contextos, que reservarían tanto para su uso propio como para repartir como premio entre sus clientes, les garantizarían durante todo el año su subsistencia con cesión de ganado, de algunos alimentos, etc. Dado el carácter estacional de determinadas navegaciones, cubrirían los riesgos del coste de algunos viajes, y consecuentemente favorecerían la distribución de parte de la producción metalúrgica.

Fíbula de codo del Bronce final atlántico
Fíbula de codo del Bronce final atlántico

Entre las élites de patronos, los dos principios fundamentales eran la creación de lazos de hermandad entre estos líderes regionales o locales, y las relaciones de hospitalidad. En estas relaciones era fundamental el intercambio paritario de regalos, la entrega de un detalle o presente al que en un futuro debería corresponderse dentro de una reciprocidad paritaria o, si se presuponía una posición social más elevada por su mayor riqueza, con un regalo más espléndido. Para ello no servía el ganado, fuente principal de riqueza, a la que cualquier persona libre podía acceder, sino regalos especiales, vinculados con la exhibición pública de una posición social entre la élite, como armas, ropas, adornos o elementos de banquete (calderos), donde se acababa materializando esa riqueza ganadera. Cada objeto especial tenía su propia historia y cuando la pieza fuese puesta de nuevo en circulación en un futuro se informaría de toda su historia previa, lo que le daría más valor. Lamentablemente, no podemos llegar a conocer esa historia oculta detrás de cada objeto preciado y que se refleja bien en obras como La Ilíada o La Odisea.

Aunque se dio prioridad a la relación de clientela, se potenció el matrimonio más o menos endogámico entre las élites de patrones por la propia debilidad del sistema social, puesto que la base estructural del mismo dependía de los recursos movilizados para tener mayor número de clientes, posibilidad que se abriría a otros individuos al no fijar el parentesco límites para el ascenso social, produciéndose fenómenos de emulación competitiva que dificultaría la consolidación de las élites a largo plazo y un incremento de la jerarquización social.

Torques procedentes del Tesoso de Berzocana, Cáceres, del Bronce final atlántico
Torques procedentes del Tesoso de Berzocana, Cáceres, del Bronce final atlántico

Este hándicap implicaría un permanente proceso de puesta en circulación por el patrón de los bienes hacia una base cada vez más amplia de clientes con criterios de generosidad, y exigiría la celebración de matrimonios endogámicos, bien dentro de la familia (enlaces entre primos) o particularmente con las familias de otros grandes patrones, de tal forma que el capital acumulado no se dispersase. Esta alianza exogámica, pero endogámica dentro de la élite de patrones, permitiría agrupar la fuerza de sus respectivas clientelas frente al exterior, y a través de la práctica de guerras e incursiones (razias), con el botín obtenido, permitiría acrecentar este proceso de acumulación, al menos a corto plazo. Por otra parte, el matrimonio endogámico entre élites implicaría también cambiar de relación de clientela entre pares, a una relación de copatronazgo, de tal forma que el vínculo material y de honor pasaría a transformarse en un vínculo consanguíneo que potenciaría intentos de consolidación hereditaria de dichas élites.

Calderos para banquetes típicos del Bronce final atlántico
Calderos para banquetes típicos del Bronce final atlántico

Bibliografía  

GRACIA ALONSO, F. “De Iberia a Hispania”, Madrid, 2008, pp. 22-28.

Artículo escrito por Teodoro Fondón Ramos, arqueólogo colegiado.

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       Teodoro Fondón Ramos es historiador y arqueólogo graduado por la Universidad de Extremadura y Colegiado por el Ilustre Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras de la Comunidad de Madrid. Su trabajo no se centra en una línea de investigación concreta, puesto que ha participado en intervenciones arqueológicas muy distintas de periodos tan variados como la prehistoria, la Edad Antigua y la Edad Moderna.

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