LA SOCIEDAD DURANTE LA EDAD DEL BRONCE (III)

Artículo escrito por Teodoro Fondón Ramos, arqueólogo colegiado.

Como ya dije en las pasadas entregas de estas características de las sociedades del bronce final, dos de las fuentes históricas con las que contamos los investigadores para poder estudiar dichas sociedades en este período histórico son dos obras muy conocidas: la Odisea y la Ilíada, ambas escritas Homero, autor griego que vivió en el siglo VIII a.C., y que nos da muchos detalles de la época, como podréis ver en el presente artículo. Durante el Bronce Final, la sociedad es principalmente patrilineal y patrilocal, con familia extensa, residiendo los hijos casados con sus padres. Aunque lo normal era que la mujer pasase a residir en la casa de su marido y de su suegro, la importancia del padre del padre de la novia podía modificar este patrón. De este modo, los maridos de las hijas de Príamo (rey de Troya) residían en casa de su suegro y no con sus respectivos padres:

“En la muy bella morada de Príamo […] había cincuenta habitaciones […] en las que los hijos de Príamo se acostaban con sus legítimas esposas, y para las hijas […] había doce techadas habitaciones […] en las que los yernos de Príamo se acostaban con sus respetables esposas” (Homero, Ilíada, VI, 242-250). Esto sucedía incluso con el marido de una hija natural, tenida por Príamo con una de sus sirvientas, que era considerada como otra hija más: “Imbrio […] tenía como mujer a Medesicasta, hija bastarda de Príamo […] y habitaba junto a Príamo, que lo apreciaba como a sus hijos” – Homero, Ilíada, XIII, 171-176.

Torques procedentes del Tesoso de Berzocana, Cáceres, del Bronce final atlántico
Torques procedentes del Tesoso de Berzocana, Cáceres, del Bronce final atlántico

Sin embargo, es posible que coexistan elementos matrilineales en la legitimidad de la descendencia. Penélope, la mujer de Ulises, si se casaba de nuevo, transmitía la legitimidad real a su nuevo marido, y su hijo Telémaco, que estaba ejerciendo de varón de la casa, pasaría a un segundo plano:

“Pólibo […] espera casarse con mi madre y quedar con el reino de Ulises” (Homero, Odisea, XV, 519-522) y aunque hasta entonces Telémaco señala que “tengo el poder de la casa” (Homero, Odisea, XXI, 353). Y en Esqueria, la decisión última era tomada por la reina Arete, y no por el rey Alcínoo, como le indica Nausíacaa a Ulises, que intentaba regresar a Ítaca: “en el palacio del prócer Antínoo […] mi padre […] No repares en él, pasa rápido y echa los brazos a los pies de mi madre, que alegre la luz del regreso” – Homero, Odisea, VI, 302-311.

En estas sociedades del Bronce Final, la elección de esposa era realizada por el padre, como le sucede a Aquiles: “sin duda el propio Peleo me procurará enseguida mujer”, aunque generalmente con su consentimiento, “muchachas de paladines que protegen sus ciudades; de ellas a la que yo quiera haré esposa mía” (Homero, Ilíada, IX, 394-397), derecho que también tenían las mujeres, caso de Penélope: “de casar con quien quiera” (Homero, Odisea, XX, 342), ante la ausencia de su marido, Ulises.

Orfebrería de Sagrajas-Berzocana, brazalete de Sagrajas, Badajoz
Orfebrería de Sagrajas-Berzocana, brazalete de Sagrajas, Badajoz

Coexistía tanto el precio para conseguir una mujer: “cien bueyes primero había regalado, luego mil había prometido, además de incontables cabras y ovejas” (Homero, Ilíada, XI, 244-245), como la dote para casar a una hija, que el rey Alcínoo ofrece a Ulises: “a mi hija tomases de esposa y con nombre de yerno a mi lado quedaras: daríate una casa y haciendas” (Homero, Odisea, VII, 313-314). Si se producía una separación unilateral o un repudio, debía devolverse la dote entregada, caso de Penélope si se volvía con su padre Icario, ante la ausencia de Ulises, como recuerda su hijo, en ese momento cabeza de familia: “¿cuánto a Icario debería pagar si por mí le devuelvo a mi madre?” (Homero, Odisea, II, 132-133). Quizás parte de las dotes eran los torques, brazaletes y pulseras que se encuentran en la orfebrería de Estremoz-Villena y Sagrajas-Berzocana, también representados en las estelas diademadas del Suroeste de la Península Ibérica.

Estela femenina diademada de Toniñuelo, Badajoz
Estela femenina diademada de Toniñuelo, Badajoz

En cuanto a la servidumbre se refiere, es un aspecto difícil de probar en la Península Ibérica, aunque está muy bien constatada en la sociedad homérica del Bronce Final. La guerra era una fuente constante de nuevos esclavos, principalmente mujeres; así, Aquiles menciona  que “días de combate han transcurrido batiéndome con guerreros por las esposas de ellos” (Homero, Ilíada, IX, 326-327). Una de las capturadas en Troya es tasada: “una mujer diestra en muchas labores, a quien tasaban en cuatro bueyes” (Homero, Ilíada, XXIII, 704-705), mientras aún muy joven “la fiel Euriclea […] habíala comprado cuando aún no era núbil, Laertes con propios dineros entregando por ella el valor de diez pares de bueyes. Al igual de su esposa la honró en el palacio” (Homero, Odisea, I, 428-432). Las funciones más habituales que desempeñaban era el transporte de agua de la fuente “quizás vayas por agua a la fuente […] obligada”, el tejido de lana “quizás en Argos tejas la teja por encargo de una extraña” (Homero, Ilíada, VI, 456-458), y la molienda del cereal para obtener harina “molían en soleras” (Homero, Odisea, VII, 103-104), como teme Héctor si su mujer fuese esclavizada en caso de ser derrotados.

Estela de Capilla I, Badajoz
Estela de Capilla I, Badajoz

Otro tanto sucedía con los niños que eran educados bajo la esclavitud, y sobre ellos había derecho de vida y muerte, y por orden de Ulises, su hijo Telémaco y dos esclavos mataron a doce de sus esclavas que le habían traicionado: “a las doce mujeres […] las habréis de matar […] y un nudo constriñó cada cuello hasta darles el fin más penoso” (Homero, Odisea, XXII, 441-443, 471-472). No obstante, es importante destacar que incluso estos esclavos domésticos podían disponer de propiedad privada, pues el porquerizo Eumeo compró con sus propios bienes al esclavo Mesaulio: “Repartíales los panes Mesaulio, el esclavo que había por sí mismo adquirido el porquerizo […] lo compró de los tafios pagando del propio peculio” (Homero, Odisea, XIV, 449-452), al que el hijo de Ulises, Telémaco, se dirige con el diminutivo cariñoso de “Chache [abuelo], bien está ya” (Homero, Odisea, XVI, 31).

Orfebrería de Villena-Estremoz, brazalete de Villena (Alicante)
Orfebrería de Villena-Estremoz, brazalete de Villena (Alicante)

Bibliografía

GRACIA ALONSO, F. “De Iberia a Hispania”, Madrid, 2008, pp. 28-31

HOMERO, Odisea

HOMERO, Ilíada

Artículo escrito por Teodoro Fondón Ramos, arqueólogo colegiado.

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       Teodoro Fondón Ramos es historiador y arqueólogo graduado por la Universidad de Extremadura y Colegiado por el Ilustre Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras de la Comunidad de Madrid. Su trabajo no se centra en una línea de investigación concreta, puesto que ha participado en intervenciones arqueológicas muy distintas de periodos tan variados como la prehistoria, la Edad Antigua y la Edad Moderna.

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