LAS CONSTRUCCIONES DE RAMSÉS II (II)

Artículo originalmente publicado por mí en el número 4 de la revista Egiptología 2.0

LOS TEMPLOS DE ABU SIMBEL

Ramsés II fundó siete templos en Nubia, una región que se focalizó como zona de entrenamiento de las tropas después de la batalla de Qadesh: Beit el-Wali, los dos de Abu Simbel, Gerf Hussein, Wadi es Sebua, Derr y Aksha. El primero es exento, los dos siguientes son excavados en la roca, y los cuatro restantes son mixtos, con una parte exenta y otra excavada. Para este caso, los que nos interesan son los templos tallados en la roca (los llamados speos), que cumplen a la perfección las dos funciones básicas de cualquier otro tipo de templo egipcio. De cara al exterior, sirven como reflejo del poder faraónico, ya sea por unos pilonos de entrada decorados con escenas de victorias militares o por otro tipo de arquitectura monumental con un gran simbolismo político. De cara al interior, el rey y el dios aparecen unidos de forma indisoluble, de tal forma que el rey es el único que puede perpetuar el orden creado por el dios.

Fachada del gran templo de Abu Simbel
Fachada del gran templo de Abu Simbel

Probablemente, los templos tallados en roca más famosos, y que cumplen con estas dos funciones, son los erigidos por Ramsés II en Abu Simbel, a 300 kilómetros al sur de la frontera entre el Imperio y la primera catarata, en una zona del valle del Nilo escasamente poblada por los nubios. El gran templo de Abu Simbel no solo fue excavado más de sesenta metros hacia el interior, sino que cuenta con una orientación este-oeste tan minuciosamente preparada que, dos veces al año (del 10 de febrero al 1 de marzo y del 10 al 30 de octubre), los primeros rayos de cada amanecer penetran hasta el fondo e iluminan tres de las cuatro estatuas allí esculpidas. La fachada está presidida por cuatro estatuas sedentes colosales de Ramsés II de 22 metros de altura, labradas directamente en la cara rocosa del gran templo de Abu Simbel, y combinando el tocado con la corona doble del Alto y Bajo Egipto. Además, cuentan con pequeñas figuras de sus familiares entre las piernas.

El interior del templo está formado por una sala hipóstila sostenida por ocho columnas con figuras adosadas del faraón representado como Osiris y un techo decorado con buitres de alas extendidas, una pequeña sala con cuatro columnas desde la que parten las diversas estancias secundarias adyacentes, una sala cercana a la zona sagrada para depositar las ofrendas, y el importante sanctasanctórum, en el que descansan las imágenes de los dioses a los que se dedica el templo, Ra Haractes, Amón Ra y Ptah Sokar Osiris, junto a la figura del faraón. Los almacenes que, en el caso de un speos, están alrededor del edificio principal, en el caso de Abu Simbel son cámaras subterráneas con una función más ritual que funcional.

Sala hipóstila del gran templo de Abu Simbel
Sala hipóstila del gran templo de Abu Simbel

El otro templo de Abu Simbel es considerablemente más pequeño y está consagrado a la diosa Hathor, aunque era también un espacio de culto dedicado a la esposa preferida de Ramsés II, Nefertari. La fachada está compuesta por seis colosos de pie, excavados en la roca y dentro de hornacinas rectangulares de unos 10 metros de altura, representándose igualitariamente Ramsés II y Nefertari, caracterizada con los atributos de Hathor. Todos tienen adelantada la pierna izquierda, como si estuvieran caminando, y con esculturas de menor tamaño de príncipes en las estatuas del rey y princesas en las de la reina. La puerta de acceso al templo está decorada con cartuchos con el nombre del faraón y escenas de ofrendas a las diosas Hathor e Isis. Después de ésta se presenta la sala hipóstila, de seis columnas con forma de la diosa Hathor colocadas en dos filas, y decoración de ofrendas de Ramsés II a Amón, Anubis y Hathor. Tras un pequeño vestíbulo, se llega al santuario en el que se encuentra una representación de la diosa Hathor saliendo de la roca, entre dos pilares osiríacos. Además, a cada lado del vestíbulo aparecen dos salas sin decoración, empleadas posiblemente como almacén de los objetos dedicados a las ceremonias religiosas.

Fachada del templo de Nefertari en Abu Simbel
Fachada del templo de Nefertari en Abu Simbel

PI-RAMSÉS, LA CAPITAL DEL FARAÓN

Avaris era la ciudad que los hicsos habían tomado como capital durante su ocupación parcial de Egipto en el Segundo Periodo Intermedio (1650-1550 a.C., aproximadamente). Tras varios siglos olvidada y en decadencia, va a ser Seti I quien se fije en la ciudad para construir allí un palacio que más tarde su hijo y heredero, Ramsés II, ampliaría y convertiría en su gran residencia en el Delta, tomando el nombre de Pi-Ramsés Anajtu (“La heredad de Ramsés, grande de victorias”). Esta decisión la tomó en sus primeros tiempos de reinado, tras concluir todos los rituales y ceremonias necesarias para enterrar a su padre. Durante mucho tiempo se discutió acerca de cuál era su ubicación exacta, aunque en la actualidad se puede decir a ciencia cierta que se identifica con los extensos restos de los yacimientos arqueológicos de Tell el Daba y Qantir, en el Delta oriental. Este emplazamiento era puramente estratégico, puesto que se encontraba en el camino a la fortaleza fronteriza de Sile, a las provincias de Palestina y Siria, y a la rama pelusiaca del río Nilo, por lo que no tardó en convertirse en el centro comercial y militar más importante del Egipto de finales del Reino Nuevo.

Localización de Pi-Ramsés
Localización de Pi-Ramsés

También, dada su ubicación, Pi-Ramsés se convirtió en una ciudad con un gran sincretismo cultural y religioso, en la que vivían muchos extranjeros y se adoraba a muchas divinidades exógenas, como Baal, Reshep, Hauron, Anat y Astarté, entre otras. La paz establecida entre hititas y egipcios favoreció mucho el desarrollo tecnológico, debido a que expertos artesanos hititas visitaban la ciudad para trabajar en sus talleres de armas y enseñar a los egipcios las novedades de su tecnología armamentística. Además, es muy probable que Ramsés II pasara sus últimos momentos de vida en Pi-Ramsés, disfrutando de la ciudad que había convertido en capital. Finalmente, esta nueva capital política en el Delta oriental fue abandonada a finales del reinado de Esmendes I (1069-1043 a.C., XXI Dinastía, tercer periodo intermedio), tomando elementos arquitectónicos de sus edificios para construir una nueva ciudad a unos veinte kilómetros al norte, en la actual San el-Hagar. Esta ciudad, que recibió el nombre de Tanis, fue la capital del reino durante la restante XXI y toda la XXII Dinastía. Este traslado pudo deberse a dos causas, fundamentalmente: por un lado, a los cambios producidos en el curso del río Nilo en el Delta, que habrían desecado zonas antes cultivables o habrían convertido en barrizales áreas habitadas. Por otro lado, al intento de intensificar el control del Estado sobre el Delta a través de un acercamiento a las rutas comerciales fenicias.

Vista parcial de los restos de Pi-Ramsés
Vista parcial de los restos de Pi-Ramsés

EL RECUERDO DE UN FARAÓN

La política constructiva de Ramsés II no solo se basó en crear monumentos para la eternidad por los que ser recordado, sino también en construir cientos de estatuas de sí mismo, de sus familiares y de divinidades por todo el territorio egipcio. Sin embargo, no todas eran originales y con materias primas a estrenar, ya que sabemos que usurpó una gran cantidad de estatuas de reyes anteriores para remodelarlas a su imagen y semejanzas. De entre todas, las más replanteadas fueron las del rey anterior al periodo de Amarna, Amenhotep III (1390-1352 a.C.), o las de los reyes de la XII Dinastía (1985-1773 a.C.), ya que representarían para Ramsés II momentos cumbres de la Historia egipcia, la primera por tratarse de los inicios del Reino Nuevo con la XVIII Dinastía o la segunda por ser la dinastía restauradora del orden tras el primer periodo intermedio.

Puesto que tanto Ramsés I como Seti I se convirtieron en faraones cuando eran muy viejos, el futuro Ramsés II nació antes de que su abuelo ocupara el trono de las Dos Tierras. Este hecho de que fuera evidente su origen plebeyo fue lo que seguramente hizo que, en su última etapa de reinado, Seti I nombrara corregente a Ramsés, para que así su acceso al poder fuera innegable. Esta es una cuestión que el propio Ramsés II habría tratado de confirmar y consolidar a través de una de las mayores políticas de visualización de poder de toda la Antigüedad, dejándonos hasta la actualidad algunos de los monumentos más famosos de la Historia del Antiguo Egipto, con el objetivo de ser merecedor o para superar las grandes gestas y periodos gloriosos de los faraones del pasado.

Colosos de Memnón, representando a Amenhotep III
Colosos de Memnón, representando a Amenhotep III

Artículo originalmente publicado por mí en el número 4 de la revista Egiptología 2.0

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