CRÍTICA DE “EL ALMIRANTE: MICHIEL DE RUYTER”

Artículo escrito por Jorge Álvarez, licenciado en  Historia.

Hasta hace poco prácticamente nadie sabía quién era Michiel de Ruyter. Sólo los entusiastas de la Edad Moderna podían tener una ligera idea de que se trataba de un marino holandés, pero incluso así pocos sabrían aportar más datos y en ese apartado naval hubo otros marinos de esa nacionalidad y de la misma época que sonaban mucho más, como Maarten Harpertszoon Tromp o Piet Heyn.  Pero la historia de Ruyter era demasiado sabrosa como para dejarla dormir en la ignorancia y y los holandeses no olvidan aquel período en que se convirtieron en sucesores de España como principal potencia marítima europea, unos años antes de que lo hiciera la Francia de Luis XIV y su ministro Colbert, y algunos más aún antes de que Gran Bretaña tomara el relevo definitivo hasta el siglo XX. Porque después de ochenta años combatiendo con los españoles y recogiendo el legado tosco pero eficaz de aquellos Mendigos del Mar, que trataron de ponérselo difícil a los Tercios picoteando aquí y allá como abejas enfurecidas, las Provincias Unidas surgidas de la independencia firmada en el Tratado de Munster en 1648 empezaron a progresar precisamente gracias al los océanos. Más en concreto merced a las dos empresas navales que impulsaron el comercio y ejercieron de facto como armada nacional con su flotas: las compañías de las Indias Orientales y la de las Indias Occidentales.

Uno de los carteles de la película
Uno de los carteles de la película

Sus capitanes eran buenos y experimentados profesionales, las tripulaciones -pese a la dureza disciplinaria- gozaban de unas comodidades desconocidas en otros países y así llegaron a contar sus barcos por centenares. En 1627 el citado Piet Heyn dio la campanada capturando 15 buques españoles de la Flota de la Plata frente a Cuba con su fabuloso cargamento. Estaba abierta la veda y le siguieron, con mayor o menor fortuna, Cornelius Jol, Hendrick Corneliszoon Loncque, Janszoon Pater y Thys. El conde-duque de Olivares decidió contraatacar golpeando en lo que consideraba el punto débil holandés: su dependencia del comercio ultramarino. Así que organizó una gran escuadra, al mando del prestigioso Antonio de Oquendo, que debía asfixiar los Países Bajos; pero éstos disponían de dos poderosas flotas, superiores numérica y materialmente a la española, y que dirigidas por el almirante Tromp aplastaron a la de Oquendo en la batalla de Las Dunas. Era octubre de 1639 y las Provincias Unidas se habían convertido en una potencia ya contrastada.

Una de las escenas de la película
Una de las escenas de la película

Tanto que pasó a convertirse en un peligroso rival para Inglaterra y eso llevó a ambas naciones a la guerra. Ahí es donde se sitúa la película Michiel de Ruyter. El almirante. Estrenada en 2015 y de producción holandesa, está firmada por Roel Reiner, un director que hasta entonces no brillaba precisamente por las ambiciones artísticas de su obra, pero que estaba muy fogueado en Hollywood con varios títulos de género terrorífico en su currículum y otros de carácter claramente comercial como El Rey Escorpión 3 o Death Race 2, por ejemplo. Así pues, Reiner fue sorprendentemente encargado de llevar al celuloide aquellas tres guerras anglo-holandesas que se libraron respectivamente de 1652 a 1654 la primera, de 1655 a 1667 la segunda y de 1672 a 1674 la tercera, más un conflicto posterior contra la Francia de Luis XIV.

En todas ellas participó Michiel de Ruyter (interpretado por el aquí desconocido Frank Lammers), que había heredado el oficio de marinero de su padre, navegando en la marina mercante sobre todo pero alternándola con la militar hasta alcanzar cierto prestigio que le llevó a estar a las órdenes de Tromp en sucesivas batallas contra los ingleses. La última, Scheveningen, es la que abre la película, con el fallecimiento del almirante y el encumbramiento de Ruyter como su sucesor. Ingresa entonces en la nobleza (aunque, de extracción humilde, siempre fue poco dado a los oropeles y la sencillez y bonhomía de su carácter no cambiaron) y traba amistad con Johan de Wit, (Barry Atsma) el joven estatúder empeñado en engrandecer las Provincias Unidas y mantener a raya al candidato al trono, Guillermo de Orange, promocionado por el rey inglés Carlos III, arteramente interpretado por Charles Dance (el abuelo Lannister de Juego de tronos). Un envejecido Rutger Hauer, por cierto, interpreta a Tromp.

Rutger Hauer caracterizado como su personaje en la película
Rutger Hauer caracterizado como su personaje en la película

El film va discurriendo entre los turbios manejos del monarca británico, la vibrante y febril actividad de Wit y la vida familiar de Ruyter con Neeltje (una Jada Borsato cuya inetrpretación fue muy aplaudida), la que fue su segunda esposa -se había quedado viudo-, fiel hasta la muerte y madre de sus hijos. A todos los ama profundamente, pero apenas les ve entre batalla y batalla. Lo cual es una lástima porque a priori parece que podría haberse sacado más jugo de esa relación (el confuso guión de Alex van Galen y Larse Bloom es lo más flojo del film); curioso que sea la parte que transcurre en tierra y en un ambiente más íntimo, por cierto magníficamente fotografiado por el propio Roel Reiné entroncando con la paleta de Vermeer.

Pero vamos a las batallas, que constituyen la auténtica sal y la pimienta de la película: las escenas de combate naval, realizadas con brillantez y un acertado manejo de los efectos digitales (el presupuesto fue de ocho millones de euros) para dotarlas de la espectacularidad necesaria pero, sobre todo, para que el profano en la materia entienda su desarrollo, pues están excelentemente bien narradas. La inicial, contemplada por las familias de los marinos en la lejanía, desde los acantilados, es una magnífica muestra, capaz de cautivar al espectador y mantenerlo atento el resto del metraje; pero la que se desarrollan luego no se quedan atrás, hasta el punto de que cualquiera puede comprender el truco con el que Ruyter engaña al enemigo para hacerlo encallar en los bajíos, cómo funcionaban los brulotes (barcos incendiarios) o la línea en que se ordenaban los buques de una escuadra para entrar en liza.

Cartel extendido con el elenco de personajes principales
Cartel extendido con el elenco de personajes principales

En ese sentido, los aficionados a la historia, y más aún a la naval, disfrutarán también con detalles como la bandera a bandas de las Provincias Unidas, los piratas ahorcados en las afueras de las ciudades portuarias, la escena de construcción del astillero (donde se ve calentar la madera para darle curvatura, por ejemplo), el fajo de documentos agujereados para pasarles un cordel o la famosa Ridderzaal, la sala del Binnenhof de La Haya, que hacía las veces de parlamento y estaba decorada con banderas capturadas a los Tercios. Los más puristas objetarán, eso sí, que Ruyter no inventó los marines, como se da a entender, porque Carlos V ya lo había hecho más de un siglo antes.

En fin, Michiel de Ruyter se convirtió en un héroe nacional (y más aún después de haber hecho una incursión nocturna en el mismísimo Londres), pero estaba tan estrechamente ligado a Johan de Wit que cuando la política profrancesa de éste se le volvió en contra al firmar Luis XIV una alianza con Inglaterra y atacar el país en lo que fue la Tercera Guerra Anglo-Holandesa (que después pasó a ser sólo Franco-Holandesa, al retirarse los ingleses), descubrió que la gratitud se olvida pronto. De Wit fue bárbaramente linchado por una turba orangista junto a su hermano mientras Ruyter se salvaba porque la política, como suele decirse, hace extraños compañeros de cama y las circunstancias alentaron una insólita alianza con España, que reclamó ayuda para proteger Sicilia contra la amenaza gala. Él fue el enviado, en un semidestierro que a la postre le costó la vida: un cañonazo le arrancó la pierna y la gangrena completó el trabajo al poco. Entonces sí, le tributaron un funeral de estado, con el que termina la película.

Cuadro en el que se representa al verdadero Michiel de Ruyter
Cuadro en el que se representa al verdadero Michiel de Ruyter

Artículo escrito por Jorge Álvarez, licenciado en Historia.

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       Jorge Álvarez es licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fue fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005), creador del blog “El Viajero Incidental”, y bloguero de viajes y turismo desde 2009 en “Viajeros”. Además, es editor de “La Brújula Verde”. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

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