LA MUERTE EN LA EDAD MEDIA (II)

Artículo escrito por Luis Galan Campos, graduado en Historia.

Introducción

La muerte, es un hecho ineludible que incumbe (y aterra) a todos los seres humanos, pues en palabras de San Cipriano, obispo de Cartago (200-258), “todos nacemos con una soga al cuello. Comenzamos a caminar sin saber que longitud tiene la cuerda”. La muerte nos llena de desazón, una incertidumbre que se puede resumir en tres partes ¿Cuando tendrá lugar la muerte de uno ? ¿ Hay algo más allá? o ¿Es posible escapar de la muerte ? Para hacer frente a dichos interrogantes, en distintos lugares y épocas se ha recurrido a diversas explicaciones mítico-religiosas. En los presentes artículos analizaremos cómo se piensa la muerte entre los siglos XI y XV, para el que disponemos de un gran número de fuentes, y en el que se producen cambios significativos en nuestra manera de concebir el fin de la vida, y la prolongación de la existencia más allá de ella.

El lecho de muerte en un manuscrito de las Brisitdh Library

Sometiendo a la muerte

Así como Cristo resucitó y venció a la muerte ciertos seres humanos excepcionales, los santos y los pueblos de los confines del mundo, podían burlar la muerte : aunque ninguno de estos podía ser inmortal, si que podían retrasar la muerte -vivir más de lo acostumbrado- o incluso no sufrir sus efectos (el cuerpo no se descompone tras la muerte, permanecer algunos signos vitales como la presión sanguínea…).

La muerte vencida: En los recopilatorios de las vidas de los santos y sus milagros -el recopilatorio más famoso de los cuales es la Legenda áurea o Flos Sanctorum, escrita hacia 1265 por el obispo de Génova, Jacopo da Varazze– abundan los relatos donde los cuerpos permanecen incorruptos e incluso exhalan un suave perfume a nardos. También aunque de forma menos frecuente algunos santos dan signos de vida después de muerte, podemos citar el caso del mártir cefalóforo -que lleva su cabeza-San Dionisio de París, obispo romano del siglo II que tras ser decapitado en Montmartre junto con sus compañeros Rústico y Eleuterio se alzo llevando su cabeza entre manos hasta el lugar donde quería descansar, en el actual emplazamiento de la Basílica de Saint-Dennis de París.

La muerte esquivada: aunque sin duda el caso más impactante es el de los Siete Durmientes de Éfeso, jóvenes cristianos que huyendo de quienes les perseguían por motivo de su fe quedaron atrapados en una cueva allí durmieron y despertaron dos siglos más tarde cuando el Imperio Romano ya era cristiano.

La muerte humillada: La resurrección es un hecho reservado a Cristo, pero así como el mismo resucito a algunos difuntos -el caso más celebre es Lázaro, un buen amigo-, algunos santos hacen milagros de resurrección, por lo general de niños a petición de sus azorados padres.

San Denis de Paris en el Póirtico de la Virgen de la Catedral de Notre Dame (primera mitad del siglo XIII)

Volviendo al mundo de los vivos

También se da el fenómeno contrario a los antes descritos, en qué las almas de los difuntos paseen por el mundo de los vivos. La Iglesia que aspiraba al monopolio de lo sobrenatural, es decir a convertirse en el único intermediario autorizado entre nosotros y el Más Allá intentó sobretodo a partir de fines del siglo XIII controlar o prohibir cualquier tipo de contactos entre los fieles y los difuntos.

Los aparecidos: las historias de revenants, es decir, de difuntos que han vuelto, tienen una larga trayectoria pudiendo encontrarlas desde la Antigüedad clásica. En la literatura medieval los primeros testimonios aparecen en las obras de Sigebert de Gembloux y Walter Maaps, dos clérigos del siglo XII. Este último en su coloquio De nuguis curaliis (Sobre las tonterías de los cortesanos) cuenta por primera vez una historia de vampiros, a los que llama sanguisugae. Las historias de fantasmas se multiplican a partir del siglo XIII: en su mayoría se trata de historias donde una familia acosada por un fantasma pide ayuda a un clérigo o monje (generalmente un franciscano o un dominico) quien se entrevista con el fantasma, este necesita que su familia haga una obra pía o rece para que pueda descansar en paz. Dichas historias provienen en su mayoría de predicaciones de las ordenes mendicantes y tienen una finalidad instructiva para los fieles.

Detalle del Juicio Final de Fra Angélico (hacia 1430) donde se ve a Satán devorando un condenado, posiblemente Judas Iscariote

Una comandilla de muertos: las apariciones colectivas son poco frecuentes y en muchas de esas historias podemos adivinar un trasfondo pagano. Posiblemente se trate de las tropas de Odín, Un grupo de guerreros muertos que se aparecía tras las batallas para llevarse los guerreros muertos al Walhalla. Es por ello que la Iglesia las demoniza. Sin embargo tenemos muy pocos registros, en el centro de Europa encontramos al cacería encantada o Mesnie Hellequin que representa un batallón o un grupo de cazadores a caballo, mientras que en España existe la leyenda de la Santa Compaña: un desfile de muertos que aterroriza las noches de los pueblos del norte de la península.

Hablar con ellos: mientras que las religiones de la Antigüedad contaban con un gran número de prácticas por el que los vivos podían contactar con los muertos, en general sus familiares fallecidos, la Iglesia desde finales del siglo XIII penaliza esta prácticas. Estas reciben el nombre de necromancia y a sus practicantes nigromantes, y poco a poco se asocian con el culto al Diablo. Desgraciadamente, de existir conocemos muy poco estas prácticas pues no dejaron ningún tipo de registro escrito, lo único a lo que podemos acogernos es a los procesos por brujería que datan des del siglo XIV, a los documentos de la Iglesia condenando estas prácticas (y describiéndolas) y a los escritos al respecto de la brujería de clérigos y jueces, por ejemplo el tratado Ut magorum et maleficiorum errores del juez (ca. 1431) del juez francés Claude Tholosan. Uno de los instrumentos privilegiados para contactar con los espíritus eran los espejos, práctica que se conoce como catoptromancia, y que se conoce des de la Antiguedad clásica. En 1314 el papa Clemente V y en 1326 el Papa Juan XII -mediante la bula Super ilius specula condenaban a los que utilizaban espejos para hablar con muertos o espíritus malignos.

Representación de la Santa Compaña

La muerte no era un punto y final, ni siquiera un hiato sino un ritual más de los que marcaban la existencia de los fieles. Simplemente permitía el paso a otra dimensión con otras reglas. El contacto entre vivos y muertos era algo real, por ello la Iglesia dirigió todos los esfuerzos a monopolizarlo. Los pueblos de Europa abandonan las ofrendas a los muertos por las ofrendas ante el altar. Finalmente, la Iglesia se impone a los individuos.

Para saber más

La muerte en la Edad Media

Bibliografía

ARIES, P. (1983): Ensayos sobre la Muerte. Editorial Taurus, Barcelona.
BIDON, A. (2011): La mort au Moyen Âge. Editorial Pluriel, Francia
DA VARAZZE, J: Legenda Aurea (siglo XIII).

Artículo escrito por Luis Galan Campos, graduado en Historia.

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       Luis Galan Campos es graduado en Historia por la Universidad de Valencia. Actualmente cursa el Máster de Formación en el Mundo Occidental en la misma universidad. Su periodo histórico de investigación es la Edad Media (s. V – XV), contando entre sus áreas de trabajo la aristocracia occidental, la ideología de las élites, la Historia de las religiones y la construcción y establecimiento de los Estados. 

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