CRÍTICA DE “CAMILA”

Fragmento de un artículo originalmente publicado por Sergio Alejandro Chifflet en la web El Kronoscopio. Puedes acceder al artículo completo a través de este enlace.

El film dramatiza la verídica y trágica historia de amor entre Camila O’Gorman y el sacerdote Ladislao Gutiérrez, a mediados del siglo XIX, y los escándalos que provocó semejante relación en la Iglesia y en la sociedad porteña de la época. Camila O’Gorman fue una joven irlando-argentina, de una familia patricia que protagonizó una trágica historia de amor durante el segundo gobierno de Juan Manuel de Rosas. Enamorada del sacerdote de su parroquia, el tucumano Ladislao Gutiérrez, también conocido como Uladislao, fue un sacerdote argentino, sobrino del gobernador de Tucumán Celedonio Gutiérrez. Ladislao Gutiérrez es un sacerdote jesuita ingenuo, un eslabón más de esa red de poder que es la institución religiosa. Sin embargo su proceder no es funcional a los ideales prácticos de ésta ya que desde su lugar de sacerdote, y a través de su sermón, pretende generar una actitud reflexiva y crítica con respecto a lo instituido. Las opiniones vertidas ante la criminalidad de la mazorca, corporación terrorista estatal que opera ante los desertores y opositores del régimen de la “Santa Federación”, es sólo un ejemplo de su posición revolucionaria. Pero sin duda, su posición más delicada es aquella en la que se coloca cuando prioriza su subjetividad y su deseo por sobre los mandatos sociales y lo instituido religiosamente.

Escena de la película con sus protagonistas, Imanol Arias y Susú Pecoraro

A los 18 años, Camila conoció al padre Ladislao Gutiérrez, un sacerdote jesuita que había asistido al seminario junto con el hermano de Camila. El padre Gutiérrez provenía de un entorno similar (su tío era el gobernador de la provincia de Tucumán). Había sido nombrado párroco de la familia O’Gorman, y pronto comenzó a ser invitado a la propiedad familiar de éstos. Camila y Gutiérrez comenzaron rápidamente un romance clandestino. Huyeron el 12 de diciembre de 1847 a caballo hacia el norte con la idea de cruzar a Brasil. Finalmente no lograron llegar y fueron encontrados en Goya, provincia de Corrientes donde estaban asentados como los maestros del pueblo. Posteriormente de ser encontrados en la provincia de Corrientes fueron conducidos a una cárcel del Cuartel General de Santos Lugares. En Buenos Aires se les había preparado una celda para Ladislao en el Cabildo de Buenos Aires y una habitación para Camila en una casa de Ejercicios Espirituales. Hubo un escándalo público entre toda la familia O’Gorman y serios indicios debido a un avanzado embarazo de la joven Camila.

Otra de las escenas de la película con los protagonistas

Los amantes fueron condenados a muerte. Contra lo esperado por la sociedad de la época y aún contra la voluntad de Manuelita Rosas -amiga de Camila e hija de Juan Manuel de Rosas-, fueron fusilados el 18 de agosto de 1848, en la misma cárcel de Santos Lugares de Rosas (actualmente localidad de San Andrés, partido de General San Martín). Su ejecución a los 23 años de edad, durante las últimas etapas del embarazo produjo un escándalo internacional que contribuyó a la caída política de Juan Manuel de Rosas. Cuando Rosas restableció el poder legal, en 1820, la legislatura le otorgó el título de Restaurador del orden. Después de los graves acontecimientos que dieron por tierra con el gobierno de Manuel Dorrego y reparación consiguiente lograda por Rosas, se le acordó el de Restaurador de las leyes. La ejecución de Camila O´Gorman fue exigida e incentivada por la prensa Unitaria y hasta del propio clero, y se llevó a cabo por una razón fundamental: En cumplimiento de la ley.

Uno de los carteles oficiales de la película

Pertenece su familia al estrato social más elevado y por supuesto goza de todos los privilegios a los que esa clase tiene acceso. Participan, por ejemplo, en suntuosas reuniones a las que acuden poderosísimos estancieros, muchas veces hasta el mismo Rosas. En la película se advierte que toda la vida está impregnada del régimen Rosista, aunque paradójicamente Rosas en persona no aparezca jamás. Tal es así, que en la vida porteña prevalece, sobre toda conducta, un omnipresente sentimiento de intimidación, que Rosas logra hábilmente infundir mediante su cuerpo militar, La Mazorca, encargado de “restaurar las leyes”. En la película se respira un aire de dictadura, de represión y de silencio, que se entrevé a nivel de distintos ámbitos: en las calles o en la intimidad de la familia, entre otros.

Fragmento de un artículo originalmente publicado por Sergio Alejandro Chifflet en la web El Kronoscopio. Puedes acceder al artículo completo a través de este enlace.

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