La Gran Biblioteca de Alejandría

Fragmento de un artículo publicado originalmente por mí en el nº9 de la revista online gratuita “Egiptología 2.0”. Puedes acceder al artículo y la revista al completo a través de este enlace.

Alejandría, capital del mundo

Alejandría fue una ciudad egipcia antigua fundada por Alejandro Magno a principios del año 331 a.C. Al ser su capital, fue concebida desde el comienzo de la dinastía Ptolemaica (305-30 a.C.) como el mejor escaparate en Occidente de la riqueza y el esplendor cultural y económico de Egipto, por lo que pronto se convirtió en una de las ciudades más importantes del mundo helénico. La leyenda dice que fue el propio Alejandro el que, acompañado de sus ingenieros y arquitectos, habría trazado en el suelo con harina los ejes principales de la ciudad cruzados en ángulo recto, así como la ubicación de los principales edificios. Según los autores antiguos, la ciudad habría llegado a un tamaño de hasta diez o doce kilómetros cuadrados, y en ella habrían llegado a vivir al menos 600.000 personas en su mejor momento. Alejandría era una gran sede del multiculturalismo, ya que en ella residían gentes de origen griego o macedonio, de origen egipcio, de origen en otras partes del Mediterráneo, y originarios de otros lugares del continente africano. No obstante, estos grupos no convivían todos juntos, ya que se agruparían según sus orígenes en barrios diferenciados.

Posible reconstrucción de una de las salas de la Gran Biblioteca de Alejandría

Según el historiador Diodoro Sículo (s. I a.C.), siciliano de origen pero residente en Alejandría, el eje principal de la ciudad lo constituía la Vía Canópica, que atravesaba la ciudad de este a oeste, uniendo sus dos puertas principales por un recorrido de unos siete kilómetros, a lo largo de los cuales había todo tipo de edificios y gran número de templos. Las obras hidráulicas constituyeron un tema importante en la planificación de la nueva urbe. Los ingenieros diseñaron un gran canal que salía del puerto occidental de la ciudad y comunicaba el mar con el lago Mareotis y, desde allí, con el río Nilo. De este canal principal derivaban canales secundarios que seguían el trazado de las calles de la ciudad para abastecer las cisternas, de tal modo que formaban una gran infraestructura hidráulica para la ciudad. Desde sus primeros años, uno de los aspectos más destacados de la ciudad fue la construcción del Heptastadion, un dique de más de un kilómetro de longitud que unía la ciudad con la isla de Faros, y separaba el puerto oriental (el Gran Puerto) del occidental (el Eunosto), aunque los conectaba por una serie de aberturas. En Alejandría también sobresalía el alto número de palacios existente. Según Estrabón, éstos habrían ocupado hasta un tercio de la superficie total de la ciudad debido a la práctica de los reyes de aumentar o construir nuevas estancias a medida que se sucedían los reinados.

Más allá de sus fastuosas construcciones, las dos piezas arquitectónicas alejandrinas que más han pasado a la Historia fueron, en primer lugar, el Faro, una de las siete maravillas del mundo antiguo, y en segundo lugar, la Gran Biblioteca, establecida en el Museion por Ptolomeo I. Situado en el extremo oriental de la isla homónima, a la entrada del gran puerto, el Faro fue construido entre el 290 y el 278 a.C., aproximadamente, coincidiendo con los últimos años del reinado de Ptolomeo I (305-285 a.C.) y los primeros de Ptolomeo II (285-246 a.C.). Su constructor habría sido el arquitecto Sóstrato de Cnido, quien le otorgó una altura de entre cien y ciento veinte metros. Por lo que sabemos, el Faro se mantuvo en pie hasta casi el final de la Edad Media, concretamente hasta la primera mitad del siglo XIV, y de él se han encontrado gran cantidad de restos en las excavaciones arqueológicos subacuáticas que han tenido lugar en la zona. La luz que emitía, a pesar de no saber exactamente cómo era, parece ser que podía verse bien a muchos kilómetros mar adentro.

Reconstrucción de la Gran Biblioteca de Alejandría llevado a cabo por la web NixPixMix

Fragmento de un artículo publicado originalmente por mí en el nº9 de la revista online gratuita “Egiptología 2.0”. Puedes acceder al artículo y la revista al completo a través de este enlace.

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