Crítica de “Zulú” (II)

Otro de los carteles promocionales de la película

Segunda parte del artículo escrito por Jorge Álvarez, licenciado en Historia.

El reparto lo completaron, por un lado, Jack Hawkins y Ulla Jacobson en los respectivos papeles del  reverendo Otto Witt y su hija. En realidad, el misionero era mucho más joven y vivía allí con su mujer y dos niños pequeños, siendo quien cedió la iglesia de Rorke’s Drift al ejército porque carecía del pacifismo timorato -y alcohólico- que muestra la película (y que no gustó a Hawkins). Asimismo, su presencia en la lucha es una licencia porque se fue justo antes de empezar. Otros actores destacados fueron James Booth como el pícaro e indisciplinado soldado Hook, el clásico contrapunto cómico (en realidad era un profesional modelo que recibió la orden de defender el hospital y el retrato que dejó de él la película molesto sobremanera a su familia), Nigel Green como el austero sargento Bourne (que era mucho más joven, sólo 24 años) y Patrick Magee (el escritor que es asaltado en su domicilio en La naranja mecánica) como el esforzado cirujano Reynolds.

Cartel original de la película

También se podría citar a Ivor Emmanuel, un barítono galés que destaca por interpretar el emocionante himno Men of Harlech cuando Chard se lo ordena para intentar acallar los sobrecogedores cánticos de los zulúes; otra licencia y por partida doble, ya que ni hubo duelo de canto (es curioso que la española Los últimos de Filipinas de 1945 sí mostraba uno) ni ese himno se generalizó en el regimiento hasta más tarde. Por cierto, los cánticos indígenas fueron utilizados décadas después por Ridley Scott, admirador confeso del film, para ponerlos en boca de las hordas germanas de Gladiator. Y hay más: el compositor John Barry, que hizo aquí una de sus mejores partituras, se basó en danzas folklóricas zulúes para hacer la que se considera una de sus mejores partituras; en la edición original de la banda sonora, la cara B del disco es una selección de dichas danzas adaptadas musicalmente a ritmos actuales.

Retomando la historia, mientras el grueso del ejército zulú masacraba al 24º Regimiento en Issandlhwana, un contingente más pequeño (3.000 o 4.000 hombres) dirigido por el príncipe Dabulamanzi KaMpande, enfiló hacia Rorke’s Drift para atacar la misión. Dabulamanzi era hermanastro del rey y por eso se atrevió a desobedecer su orden terminante de no cruzar la frontera de Natal (Rorke’s Drift estaba al otro lado del río), aunque en su descargo cabe decir que iba persiguiendo a los supervivientes que huían y creyó que podría aplastar fácilmente aquella posición. Pero se encontró con algo que no había habido esa mañana: una defensa cerrada, con un perímetro atrincherado con todo lo que había a mano (sacos terreros, cajas de comida, carros..) y la tremenda potencia de fuego de los fusiles Martini-Henry (de los que el departamento de atrezzo no pudo conseguir el número necesario para el rodaje y hubo que completarlos con el modelo Mark IV, irónicamente denominado Enfield).

Fotografía antigua de Dabulamanzi KaMpande (en el primer plano del centro de la foto)

El combate, duro y sangriento, se prolongó toda la tarde y noche, alcanzando momentos especialmente dramáticos, como cuando los zulúes lograron entrar en el hospital, obligando a los enfermos a escapar pasando de una habitación a otra a través de agujeros abiertos rápidamente en la pared de adobe a bayonetazos. Sin embargo, los soldados supieron mantener el orden en todo momento y tras realizar cerca de 20.000 disparos rechazaron una y otra vez las continuas embestidas del enemigo, que se dejó cerca de 900 bajas (muchos quedaron malheridos en tierra y al terminar la batalla fueron rematados con las bayonetas, algo que tampoco se muestra); los británicos registraron 17 muertos Como se puede deducir, el planteamiento cinematográfico del director estaba próximo al western clásico, si bien la imagen que deja del pueblo zulú es de franca admiración porque, entre otras cosas, Stanley Baker era activista militante contra el racismo; se aprecia en el comienzo (casi un cuarto de hora con un festival folklórico nupcial de fondo) y al final (los atacantes se retiran saludando elegantemente a “unos hombres valientes” cuando lo cierto es que lo hicieron derrotados, maltrechos y deprisa,  al enterarse de que Lord Chelmsford venía a marchas forzadas).

Fotograma de la película mostrando al personaje de Michael Caine luchando

Los aficionados a este episodio de la historia colonial se darán cuenta de algunas inexactitudes más. Se omite el personaje del padre George Smith, un religioso que permaneció en la misión y que tuvo un papel importante repartiendo munición allá donde hacía falta. Además, un destacamento de jinetes blancos que antes del ataque llega a Rorke’s Drift huyendo de Issandhlwana en realidad fueron nativos sin uniforme. Los característicos cascos de la tropa, de un blanco reluciente en la pantalla, en realidad se teñían con café para no destacar demasiado ante los tiradores enemigos, de la misma manera que los dos tenientes vestirían de azul y que los soldados lucían generosas barbas en lugar de los pulcros afeitados de la película. Y la diferencia de tiempo entre los nombramientos de Chard y Bromhead, decisiva en el film para determinar quién asumía el mando-en realidad fue crucial la sordera parcial que sufría Bromhead,- era mucho mayor que los tres meses puestos en el guión: tres años.

Cuestiones secundarias que quedaron relegadas ante la vibrante puesta en escena, la siempre espléndida visión de las guerreras rojas en pantalla, la insólita imagen positiva (o, al menos, neutra) de los zulúes, una dirección artística que le supuso a Ernest Archer la nominación al premio BAFTA y la emoción final que produce la voz en off de Richard Burton enumerando a los ganadores de la Cruz Victoria (máxima condecoración en el ejército británico, se concedieron 11, el mayor número otorgado en una única acción a un solo regimiento; los más críticos opinan que para hacer olvidar el desastre del día anterior) al son otra vez de un Men of Harlech interpretado por un coro a capella. Todo ello convirtió Zulú en un éxito de taquilla (recaudó tres veces más de lo que costó) y de crítica en Reino Unido. Con el paso del tiempo no ha hecho sino mejorar y ampliar su consideración a todas partes.

Otro de los carteles promocionales de la película

Segunda parte del artículo escrito por Jorge Álvarez, licenciado en Historia.

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       Jorge Álvarez es licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fue fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005), creador del blog “El Viajero Incidental”, y bloguero de viajes y turismo desde 2009 en “Viajeros”. Además, es editor de “La Brújula Verde”. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

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