Eleno de Céspedes, el travestismo en el siglo XVI

Auto de Fe en la Plaza Mayor de Madrid, por Francisco Rizi 1683
Auto de Fe en la Plaza Mayor de Madrid, por Francisco Rizi 1683

Artículo sobre Eleno de Céspedes escrito por Laura Wagner, graduada en Historia.

Introducción

A pesar de que en la actualidad pueda parecernos extraño, lo cierto es que en el pasado no fueron pocos los casos de travestismos, transexuales y personas varias (como el caso de John Rykener) que se rebelaron al orden establecido. Una de estas personas fue Eleno de Céspedes, quien, nacida mujer en el siglo XVI, decidió cambiar sus ropas y su nombre y vivir como un hombre en busca de una vida mejor, libre y repleta de aventuras.

La juventud de Eleno de Céspedes

Se considera que era natural de Alhama en Granada, donde nació en torno a los años 1545-1549. Hija de una esclava, heredó su misma condición y quedó libre a la muerte de sus amos. Cuando tenía unos 8 o 10 años estuvo trabajando en Vélez, Málaga, para la hija de su amo. Más tarde regresó a Alhama para servir a la esposa de su amo. Una vez ésta falleció aprendió a tejer.

Se casó a los 16 años con Cristóbal Lombardo, un albañil. Con él tuvo un hijo a quien pusieron el mismo nombre que su padre. Hay informaciones que apuntan a que sólo convivió con el marido tres meses y que éste la abandonó, mientras que otras apuntan a que su marido falleció en Baeza. En cualquier caso a la muerte de su madre, se quedó verdaderamente sola y con un hijo, por lo que decidió dejarlo al cargo de otra familia.

La mulata, de Diego de Velázquez (siglo XVII). Eleno de Céspedes había sido hija de una esclava
La mulata, de Diego de Velázquez (siglo XVII)

Su vida como hombre

Como mujer intentó trabajar de tejedora en Granada, pero no lograba sobrevivir, por lo que también probó a ser calcetera y sastre. Sin embargo, debido a los apuros económicos que estaba sufriendo, decidió abandonar Granada y marchó a Sanlúcar de Barrameda y Jerez de la Frontera. En este último lugar al parecer tuvo una riña y llegó a apuñalar a un hombre, razón por la cual entró a la cárcel.

Después de aquello decidió cambiar su vida y sus vestimentas. Haciéndose pasar por hombre fue a Arcos de la Frontera, donde trabajó como mozo de labranza y pastor. Fue de nuevo a la cárcel, y no se tiene muy claro por qué motivo. Pudo ser porque, cuando trabajó de pastor con Francisco López, éste sospechó de que fuese monfi, es decir, un bandolero morisco.

Tras su nuevo paso por la cárcel fue vestida de mujer y tuvo que trabajar sirviendo a un clérigo. No obstante, aproximadamente a los seis meses, volvió a vestirse de hombre y se marchó a luchar a la guerra contra los moriscos de Granada. Una vez que volvió de la guerra, se asentó de nuevo en Arcos de la Frontera. En Jerez de la Frontera hizo el examen de sastre como hombre, si bien el título se lo dieron en femenino por saber que era mujer.

Cuando la guerra volvió a surgir, de nuevo se alistó y durante tres años fue soldado. Al finalizar la campaña regresó a Arcos de la Frontera y, de ahí pasó a Marchena, Vélez Málaga, Alhama, Archidona y Osuna. En ninguno de estos lugares llegó a residir más de dos años.

Grabado de la Alhambra de Granada, contenido en la obra Los monfíes de las Alpujarras, Manuel Fernández y González, 1859.
Grabado de la Alhambra de Granada, contenido en la obra Los monfíes de las Alpujarras, de Manuel Fernández y González (1859).

Eleno de Céspedes, cirujano en Madrid

Tras todo este periplo llegó a la Corte en Madrid. Fue allí donde conoció a un cirujano y pudo observar lo lucrativo que era. Por ello comenzó entonces a estudiar para ser cirujano, practicando en el hospital de la Corte durante unos tres años. Después de ellos llegó a ir al Monasterio de El Escorial para curar a un criado del rey. Aún sin título estuvo realizando las labores de cirujano por la serranía de Madrid y, un tiempo después se examinó obteniendo los títulos para ser cirujano y para sangrar y purgar. Trabajó en la Corte, en Cuenca, en la Guarda, Pinto, Valdemoro y Cienpozuelos.

Cuando enfermó estuvo residiendo en casa de Francisco Caño, donde conoció a María del Caño, de quien se enamoró y a quien pidió en matrimonio. Para poder contraer matrimonio se vio obligada a solicitar diversas licencias. Incluso tuvo que pasar un examen médico, pues los rumores sobre qué era hacían dudar de su naturaleza. A pesar de los obstáculos, logró la licencia matrimonial y pasó el examen ante unos diez testigos que afirmaron que era un hombre. Contrajo matrimonio con María del Caño y vivió no sólo en Cienpozuelos sino también en Yepes,. Antes de que se produjera su arresto, había vivido junto a su esposa durante un año.

Plano de Madrid a mediados del siglo XVII, por Pedro Teixeira
Plano de Madrid a mediados del siglo XVII, por Pedro Teixeira

El juicio a Eleno de Céspedes

Por alguna razón acaban denunciando su caso en 1587, juzgado por un tribunal laico y por el de la Santa Inquisición. El primer tribunal que trató el caso de Eleno de Céspedes fue el laico. Fue acusada de varios delitos. El primero fue vestirse de hombre, pues la legislación de la época prohibía vestirse libremente. Su segundo delito fue haberse casado con una mujer. Para la mentalidad de la época el matrimonio era una unión sagrada cuyo fin era el de engendrar hijos legítimos. Por tanto se trataba de un delito muy grave el haber contraído matrimonio siendo mujer con otra.

Un cirujano, dos médicos y tres matronas examinaron a Eleno de Céspedes, concluyendo que era del sexo femenino. Esto hizo que se investigase a aquellos testigos que antes del matrimonio afirmaron que era varón. Además, debemos recordar que ya había estado casada con un hombre, lo que podía conllevar el delito de bigamia. En relación con lo anterior, la tercera de sus acusaciones fue la sodomía. Así, las autoridades interrogaron a Eleno de Céspedes y a su esposa sobre su manera de mantener relaciones sexuales. Comprobaron como hasta en eso habían roto la legalidad de la época, pues Elena no sólo cometía sodomía, sino que además se sirvió de algún artilugio para la penetración, lo que era potestad masculina.

Auto de Fe en la Plaza Mayor de Madrid, por Francisco Rizi 1683
Auto de Fe en la Plaza Mayor de Madrid, por Francisco Rizi (1683)

Por último, fue acusada de hechicería. Según los testigos previos al matrimonio, fue obra del diablo el hecho de que la confundieran con un hombre. Eleno de Céspedes habría realizado conjuros para que el diablo inventase e hiciese parecer que ella era en realidad un hombre.

La condena de la Santa Inquisición

Tras el juicio laico, el Tribunal de la Santa Inquisición se hizo con el caso y la acusó de los siguientes delitos: apostasía, usurpación de identidad, violación de los sacramentos y de la ortodoxia católica, hechicería y herejía. Ante tales acusaciones, Eleno de Céspedes se defendió e hizo valer su naturaleza ambigua. Argumentó un supuesto hermafroditismo que le hacía entender que era un hombre.

El Tribunal de la Inquisición la condenó a penitencia de quedar marcada por sus delitos para que todo el mundo la viese. Por ello se le dieron cien azotes por las calles de Toledo y otros cien en Cienpozuelos. Además, se la condena a ir la iglesia y quedar recluida en un hospital para servir como enfermera. En 1589, cuando llevaba un año cumpliendo condena en el hospital, su fama fue tal que obligó al mayordomo del mismo a escribir una carta quejándose de todas las personas que iban a verle. Esto era porque en la Edad Moderna muchos creían que los hermafroditas poseían poderes sobrenaturales. Por esta razón le enviaron a un lugar más apartado en el Hospital del Puente del Arzobispo donde quedaría hasta cumplir su condena.

Auto de Fe de la Inquisición, de Francisco de Goya 1812-1819
Auto de Fe de la Inquisición, de Francisco de Goya (1812-1819)

Conclusiones

El caso de Eleno de Céspedes, aunque reseñable, no es único. Nos sirve para acercarnos a la realidad de algunos grupos marginales que vivían en los límites de la sociedad de su tiempo luchando por ser ellos mismos. Durante la Edad Moderna hubo teorías científicas que se acercaron al hermafroditismo y a los sujetos que no se sentían correspondidos respecto de su sexo y su verdadero ser. Aún más, en nuestro país existe otro célebre caso como es el de la “monja alférez”. No es el único en Europa, pues estos casos, aunque difíciles de rastrear, no son excepcionales en la Historia.

Artículo escrito por Laura Wagner, graduada en Historia.

Para saber más


       Laura Wagner Tinoco es graduada en Historia por la Universidad de Málaga. Ha estudiado el Máster de Documentos y Libros. Archivos y Bibliotecas en la Universidad de Sevilla. Actualmente, estudia el Máster de Igualdad y Género en la Universidad de Málaga. Es una apasionada de su trabajo, centrado en la Historia del Libro y en la Historia de la mujer.

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