El PCE en la Transición española a la democracia

El secretario general del PCE, Santiago Carrillo, vota en el referéndum de la Constitución (Archivo del periódico ABC)
El secretario general del PCE, Santiago Carrillo, vota en el referéndum de la Constitución (Archivo del periódico ABC)

Artículo escrito por Mario Marrero Hernández, graduado en Historia.

Fragmento de uno publicado originalmente en la web de la Trova el día 12/03/2018. Puedes acceder a su versión original a través de este enlace.

Introducción

El Partido Comunista Español (PCE) fue uno de los grandes referentes de la política española del siglo XX. Su papel durante la II República y la Guerra Civil fue primordial. También fue así durante los años pasados en la clandestinidad bajo el régimen de Franco. En este artículo nos centraremos en evaluar la evolución y transformación del PCE durante el periodo de transición a la democracia, que marcaría su desaparición del mapa político español.

Portada del periódico El País el día en que se aprobó la legalización del PCE

El PCE y la oposición al franquismo

La oposición clandestina

El PCE había sido el partido más potente de la oposición antifranquista. Contaban con una militancia numerosa, una serie de cuadros experimentados y una dirección cohesionada. Durante los primeros años del franquismo, y al menos hasta finales de los 50, su papel se vio caracterizado por la resistencia clandestina y las convocatorias de huelga esporádicas. Su política de actuación había estado muy lejos de amenazar la estabilidad del régimen, pero mantuvo en tensión a la militancia. Además, sirvió para conseguir más adeptos, incrementando asimismo su propaganda y mostrando el carácter represivo de la dictadura.

En vísperas de la muerte de Franco seguía poseyendo ese estatus. Era fruto de una adecuada estrategia de adaptación a las transformaciones emanadas durante los años del desarrollismo. El PCE tuvo que adaptarse a la nueva realidad internacional y la necesidad de contactar con la mayoría de la masa obrera, integrada en las estructuras del Sindicato Vertical.

La política entrista tardofranquista

Las huelgas obreras de la segunda mitad de la década de los 50 se sumaron al comienzo del movimiento estudiantil antifranquista. Fue entonces cuando el comunismo desarrolló una política de reconciliación nacional y trató de articular un movimiento político de masas . Se produjo la formación de un equipo dirigente con la presencia de Santiago Carrillo y Fernando Claudín, y se adoptaron una serie de objetivos generales que permitiesen concretar y unificar un nuevo movimiento antifranquista.

Fotografía de los firmantes en los Pactos de la Moncloa

El surgimiento de esta nueva vanguardia obrera contó con el protagonismo claro de Comisiones Obreras, que permitió la organización proletaria en torno a una serie de premisas políticas y sindicales. El Sindicato Democrático de Estudiantes, claramente influenciado por las doctrinas del PCE-PSUC, constituyó una baza importante para la consolidación de la oposición comunista al franquismo. El proyecto estratégico del PCE pasaba por acceder al socialismo a través de una fase intermedia, la democracia político-social, que involucrara a la mayoría de la población a través de una política de alianzas. El objetivo era utilizar la huelga nacional a la muerte del caudillo como instrumento para generar un gobierno provisional marcado por el pluralismo.

El PCE tras la muerte de Franco

Los hechos exigieron modificaciones, y hubo de pasarse de la ruptura democrática a la reforma pactada. La fortaleza del PCE generaba temores en el resto de la izquierda. Es por ello que se crea la Platajunta (Coordinación Democrática) en 1974, que aúna a la izquierda y obliga a la desaparición de ciertos elementos claves en el programa del PCE. Se crea, en definitiva, un organismo de negociación conjunta en lugar de un organismo unitario de confrontación con el régimen.

La caída de Arias Navarro y la llegada de Adolfo Suárez, que consigue fortalecerse al obtener la aprobación de la Ley para la Reforma Política, obliga al PCE a cambiar de discurso. Por ello, renuncian a la ruptura democrática y se enfocan doctrinalmente hacia el eurocomunismo. Este cambio de discurso se realiza para evitar la marginación política, teniendo en cuenta que el PSOE podía ocupar su lugar en el proceso de cambio.

Fotografía de una reunión de los miembros de la Platajunta

Así pues acaban aceptando la unidad de España, la monarquía y la bandera bicolor, siendo una contrapartida por su legalización como partido político. Los discretos resultados obtenidos en las primeras legislativas (9,4% de los sufragios) redujeron sus expectativas de participar en la génesis del texto constitucional, y su apuesta por los Pactos de la Moncloa resultó perjudicial para el partido. Si bien se mostraban como un partido de Estado responsable, y defendieron su actuación en el marco de pugnar entre UCD y PSOE, se les acusó de firmar unos acuerdos que beneficiaban a la burguesía.

La militancia intelectual del PCE

El tardofranquismo y la primera transición marcaron el auge del compromiso intelectual, relanzándose la reflexión teórica y produciéndose la incorporación masiva de intelectuales provenientes del antifranquismo. La presencia de la dictadura empujó a muchos a comprometerse con la democracia. El auge de la lucha universitaria constituyó formas de convivencia democrática y generó una experimentación cultural crítica. Asimismo, los colegios profesionales se convirtieron en una plataforma de oposición, al encontrar copadas sus salidas laborales por una serie de individuos puestos a dedo por el régimen. No podemos obviar el propio ambiente que empieza a desarrollarse en los entornos culturales, con las convulsiones generadas tras el Contubernio de Munich en 1968.

Fotografía de Santiago Carrillo y Felipe González en 1977

Avanzada la transición, y en los primeros años de la consolidación democrática, se produjo una crisis de la militancia intelectual en el PCE. Fue un proceso paralelo a la atracción que empezó a generar el PSOE. Un primera causa fue la aparición de la posmodernidad, que generó una pérdida de fe en la razón, una desafección con los grandes metaproyectos de cambio y la aparición de un esteticismo hostil al compromiso militante.

Por otro lado, la democracia se había obtenido, pero no se cumplieron sus objetivos íntegramente ni de la forma que hubieran deseado, motivando el conocido desencanto o escepticismo con el proceso de transición. Sería en los años de la consolidación democrática, con los gobiernos del PSOE, cuando se consolidó el distanciamiento político y se produjo la crisis de la implicación militante en los partidos, lo que repercutió en la marginación progresiva del PCE. El desmantelamiento de la organización sectorial del PCE supuso la caída de su influencia en entornos profesionales, intelectuales y artísticos, viéndose separado el militante profesional de su ámbito de trabajo, que otrora fuera el foco fundamental por el que habían obtenido réditos políticos.

Bibliografía

ANDRADE BLANCO, J.A. (2012): El PCE y el PSOE en la transición. Ed: siglo XXI. Madrid.

FONTANA, J. (1986): España bajo el franquismo. Ed: Crítica. Barcelona.

FUSI, J.P; SANTOS, J; JIMÉNEZ, J.C; GARCÍA DELGADO, J.L. (2007): La España del siglo XX. Ed: Marcial Pons. Madrid.

POWELL, C. (2001): España en democracia. Ed: Plaza&Janes.

Artículo escrito por Mario Marrero Hernández, graduado en Historia.

Publicado originalmente en la web de la Trova el día 12/03/2018. Puedes acceder a su versión original a través de este enlace.

Para saber más


       Mario Marrero Hernández es graduado en Historia por la ULL. Codirector, fundador y editor de La Trova, colaboro habitualmente en La Trova Podcast. Entre mis aficiones se encuentran la literatura y la poesía, escribiendo mis versos bajo el pseudónimo de Gasusa. También la música, participando como guitarrista en proyectos musicales varios y grupos como Demo o Momento Beat. Actualmente soy guitarrista, cantante y letrista de la banda de rock Garimba.

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