EGIPTOMANÍA, PASIÓN POR EL ANTIGUO EGIPTO

Artículo redactado por María Isabel Cubas Contreras, licenciada en Historia.

Buenos días, en primer lugar quiero darle las gracias a Herodoto por haberme ofrecido hacer una colaboración en su blog. En esta primera entrada me gustaría hablaros de la egiptomanía. Es una palabra que, aunque no está registrada en el diccionario de la RAE, todo el mundo ha escuchado alguna vez en su vida. Pero la egiptomanía es mucho más que llenar nuestro hogar con figuritas de Tutankhamón. La propia historia de su origen y desarrollo a lo largo del tiempo es muy interesante, y precisamente de ello os voy a hablar brevemente en esta primera entrada.

Orígenes de la egiptomanía: Grecia y Roma

A pesar de que no tiene el mismo prestigio decir que eres egiptólogo que decir que eres egiptomaníaco, la pasión por todo lo relacionado con el antiguo Egipto es anterior a la ciencia que estudia esta civilización. Es decir, la egiptomanía nació antes que la egiptología. Los primeros en sentirse fascinados por la cultura que surgió a orillas del Nilo fueron los griegos, aunque ellos no se considerarían egiptomaníacos como tal. Egipto entró en contacto (principalmente comercial) ya con la Grecia minoica y micénica, en tiempos del Reino Medio y Nuevo egipcio. Homero en la Ilíada y la Odisea nos transmite una visión de Egipto como una tierra de infinitas riquezas y de sabios.

Pirámide de Cayo Cestio, en Roma
Pirámide de Cayo Cestio, en Roma

Entre los siglos VI y V a.C. varios viajeros y sabios griegos acudieron a Egipto para aprender de los sacerdotes egipcios en las llamadas Casas de la vida, donde se enseñaba astronomía, medicina, matemáticas y filología. Por ejemplo, Pitágoras estudió astronomía y geometría en una de estas escuelas, anexas a los grandes templos. Pero fue la visita que realizó el historiador Herodoto en el siglo V a.C. a Egipto la que desató lo que podríamos llamar primera egiptomanía entre los helenos. El “Padre de la Historia” nos narra cómo era el Egipto que observó, cuando aún era una civilización viva, en los libros II y parte del III de su Historia. Ante sus ojos apareció un Egipto profundamente religioso, cuyos sabios sacerdotes y escribas eran guardianes de una historia y una sabiduría tan antigua que, en su opinión, la propia cultura griega debía derivar de la egipcia en muchos aspectos.

Aunque hoy en día se sigue discutiendo sobre esta influencia egipcia en los orígenes de Grecia, lo que es indudable es que esa visión que tenían Herodoto y sus contemporáneos de Egipto como un país de gran religiosidad y de historia milenaria, iniciada en la noche de los tiempos, se ha transmitido hasta nuestros días. Tras la conquista romana de Egipto se iniciará también una egiptomanía entre los romanos, que veían al mismo tiempo con horror y fascinación a la más famosa reina de Egipto, Cleopatra. Para ellos, esta mujer representaba todos los misterios y riquezas de Oriente (obviando el hecho de que en realidad la reina era de origen griego). En resumen, se puede decir que los romanos sintieron hacia Egipto lo mismo que hacia la última de sus reinas, una especie de amor-odio, de fascinación por la riqueza y exotismo de una antigua civilización, y de rechazo por las diferencias que había entra ambas culturas y la decadencia del antiguo imperio egipcio.

Estatua de Isis romanizada hallada en la Villa Adriana
Estatua de Isis romanizada hallada en la Villa Adriana

Dentro de esta egiptomanía romana destaca el éxito que tuvo el culto a una de las más importantes diosas egipcias, Isis. De tal manera que encontramos templos dedicados a esta divinidad repartidos por todo el imperio romano (incluido nuestro país). Los iseos eran decorados con arte de inspiración egipcia o, incluso, con auténticas piezas egipcias traídas de Egipto. Otra de las obras de arte que los emperadores repartieron por toda la geografía del imperio romano fueron los obeliscos, monolitos de piedra repletos de inscripciones jeroglíficas que en ocasiones adornaban la spina de los circos romanos.

Por otro lado, los emperadores romanos restauraron varios monumentos egipcios, especialmente templos, finalizaron otros de época ptolemaica o mandaron construir edificios nuevos, donde fueron representados al estilo egipcio, inscribiendo sus nombres con jeroglíficos como los antiguos faraones. Dentro de las restauraciones destaca la realizada a los colosos de Memnón por Septimio Severo, que hasta entonces, y desde el terremoto del 27 a.C., emitían un sonido similar al llanto a la salida del sol, causado por la dilatación de sus piedras. Años antes el emperador Adriano, que precisamente perdió a su amante Antínoo al ahogarse en el Nilo, había dejado inscrito su nombre en estas estatuas de Amenhotep III.

Dibujo que muestra los obeliscos del Circo Máximo
Dibujo que muestra los obeliscos del Circo Máximo

Egiptomanía en el renacimiento

Tras la última inscripción en escritura jeroglífica, fechada en el siglo IV d.C., se perderá durante siglos la capacidad para leer los jeroglíficos. De modo que durante la Edad Media Egipto sólo se conocerá por lo contado en la Biblia. Durante el Renacimiento, los intelectuales de la época intentarán desentrañar este misterio, partiendo de las Hieroglyphica de Horapolo (siglo II-IV d.C.), obra totalmente fantasiosa. Se comenzó a ver Egipto no solo como el escenario de algunos pasajes de la Biblia, sino como una tierra mística y mágica, guardiana de un conocimiento esotérico reservado a unos pocos y transmitido, según pensaban, a través de sus misteriosos símbolos. En el arte, el antiguo Egipto se asocia con la Biblia o con la mítica Cleopatra.

Simonetta Vespucci como Cleopatra, cuadro de Cossimo Piero
Simonetta Vespucci como Cleopatra, cuadro de Cossimo Piero

Egiptomanía en los siglos XVIII y XIX

En este periodo de tiempo se producen dos hechos importantísimos, tanto para la creación de la nueva ciencia egiptológica, como para la difusión de la egiptomanía entre la sociedad europea: la expedición de Napoleón a Egipto (acompañado de varios científicos), que tendrá como resultado la publicación de “Description de l’Égypteç“, y el desciframiento de los jeroglíficos egipcios gracias a Champollion, precisamente usando la piedra de Rosetta, hallada durante dicha expedición. Es a partir de este momento cuando surge la egiptología, en Francia. Como Reflejo de esta creciente egiptomanía tenemos el estreno en 1871 de la ópera “Aída”, de Verdi, inspirada en el antiguo Egipto. Su famosa “marcha triunfal” es considerada por algunos un auténtico himno de la egiptomanía.

Video: Aída “Marcha triunfal”  à https://www.youtube.com/watch?v=rECvJmcQX-k&feature=youtu.be

Napoleón en Egipto
Napoleón en Egipto

 

“Veo cosas maravillosas”

Pero el verdadero boom egiptomaníaco se inició en 1922, cuando Howard Carter descubrió los tesoros de Tutankhamón, lanzando su famosa frase. Desde entonces, hemos podido disfrutar de películas ambientadas (mejor o peor) en el antiguo Egipto, de novelas históricas sobre los faraones, de comics y de arte de todo tipo, etc. relacionado con el país de las pirámides. Además, gracias a las nuevas tecnologías, tenemos fácilmente a nuestro alcance todo tipo de material que nos acerque a la cultura egipcia, como es el caso de este blog o del mío propio. La egiptomanía está más viva que nunca.

 

Bibliografía

– Egipto según Herodoto. Egiptomanía. Barcelona: Planeta DeAgostini, 1997, volumen 1, pp. 218-220.

– GUIDOTTI, María Cristina; CORTESE, Valeria (2002): Antiguo Egipto. Ed. Tikal. España, Madrid.

– CARRUESCO, Jesús. “Egipto y las raíces de Grecia”. Historia National Geographic. 2015, nº 133, pp. 24-33.

Artículo redactado por María Isabel Cubas Contreras, licenciada en Historia.

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        Mª Isabel Cubas Contreras nació en la localidad toledana de Talavera de la Reina en 1989. Su afición por el antiguo Egipto comenzó desde pequeña y fue lo que la llevó a estudiar la licenciatura en Historia en la Universidad de Alcalá de Henares entre 2007 y 2012. Actualmente es bloguera de ‘’El templo de Seshat’’, dedicado al mundo del antiguo Egipto, bloguera en ‘’La gaceta de Menfis’’, donde se pueden encontrar las últimas noticias egiptológicas, y colaboradora habitual en la revista online “Egiptología 2.0”. Además es colaboradora esporádica en el blog sobre Historia Universal ‘’Historiae’’.

7 Comentarios

  1. sin embargo y aún tu espléndida introducción, nadie se puede imaginar la impresion natural que nos dan sus colosales proporciones. No te puedes imaginar cuán grandes son. Al año siguiente de Egipto fuimos al Partenon y la gente se quedaba bocaabierta y nosotras les deciamos que no se podia comparar con egipto. Son autenticos colosos. Abu Simbel de noche es inexplicable y todo…

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