CULTURA Y CIENCIA EN EL BARROCO

Artículo escrito por Inma Velarde López, graduada en Historia.

El adjetivo «barroco» se acuñó, por primera vez, para calificar de forma negativa unas formas artísticas que, en cierto modo y según los críticos de arte, degeneraban la pureza de las obras típicas del Renacimiento. En el sentido en el que eran una especia de torbellino de excesos formales y pasionales. Más tarde el término Barroco fue adquiriendo un contenido y sentido propio, denso, profundo y muy valorado finalmente que, además, nos sirve para definir una época muy compleja de la Edad Moderna en la cual se transformaron todas las manifestaciones culturales. Todo esto, hay que remarcar, debido en gran medida a las estrategias diseñadas por los grupos de poder para dominar la sociedad, añadiendo una enorme carga conceptual a estas obras de arte.

Ilustración 1 - Diego Velázquez, Las Meninas
Diego Velázquez, Las Meninas

El arte siempre ha reflejado los gustos y las ideas imperantes en las capas más influyentes de cada sociedad, pero en la Edad Moderna, y en el Barroco concretamente, esto se hizo de forma muy evidente. Las formas artísticas debían impactar y convencer, debían transmitir mensajes y suscitar emociones a la sociedad evidenciando y dejando claro la ideología de los grupos de poder. Hay que entender, por tanto, que socialmente el barroco, y sobretodo el arte barroco, debe explicarse bajo tres elementos fundamentales que se están dando durante este periodo: la lucha confesional entre católicos y reformados; el absolutismo monárquico que pretendía dominar como forma política en el conjunto de Europa; y los intereses y sensibilidades de los distintos y opuestos grupos sociales que producían y recibían los mensajes artísticos. La religión, la política y la posición social, en definitiva.

Ilustración 2 - Michelangelo Merisi da Caravaggio - La muerte de la virgen (1601 – 1606)
Michelangelo Merisi da Caravaggio – La muerte de la virgen (1601 – 1606)

El siglo XVII se ha definido historiográficamente como un siglo «crítico», lleno de problemas vitales, económicos, políticos, sociales e ideológicos. La denominada «Trilogía Moderna» (el hambre, la peste y la guerra) asolaron con gran frecuencia a la sociedad europea, haciendo que la muerte fuese una compañía muy cercana a la experiencia diaria. Esta sensación del miedo a morir y la angustia que sentían al verse inmersos en tanta penuria hacían necesaria esa búsqueda incesante de la sociedad moderna de la salvación, a través de la religiosidad que les prometía una venturosa vida eterna como compensación a sus míseras vidas terrenales.

Como es lógico en una sociedad estamental, donde jurídicamente las personas son desiguales, los distintos grupos sociales gestaron formas diferentes de manifestar estas esperanzas, terrores o anhelos. La precariedad de la vida de los grupos populares hizo que algunos asumieran con general fatalismo sus inciertas condiciones de vida, pero otros no cesaron en amotinarse y rebelarse reclamando una vida más digna, sobre todo cuando el hambre era una constante diaria. Es así como reaparecieron unas ideas milenaristas y utópicas que prometían el cielo en la tierra para quienes tuvieran el valor de luchar por conseguir unos derechos que les correspondían por su condición de hijos de Dios.

Ilustración 3 - El entierro del Conde de Orgaz (1588), Domenico Teotocopuli El Greco
El entierro del Conde de Orgaz (1588), Domenico Teotocopuli El Greco

Los fundamentos, formas y niveles de la educación estaban relacionados íntimamente con las ideas, los intereses y el poder de cada uno de los grupos sociales. Los niveles y grados de conocimiento eran una fuente de supervivencia personal, de prestigio social y, en última instancia, de acceso a una determinada cuota de poder que ostentaba, cada vez más exclusivamente, la monarquía absoluta y sus ministros. El pueblo se contentaba con unos rudimentos de doctrina cristiana, pero la pequeña burguesía tenía acceso a un grado de conocimientos más elevados que la clase popular. Este nivel les dotaba de una preparación para poder acceder a estudios universitarios, donde se reproducía el saber antiguo y tradicional. La ciencia moderna nació al margen de la Universidad, ya que debemos diferenciar la idea de «conocimiento» y la de «innovación». El conocimiento es lo que se adquiría dentro del ámbito universitario, la innovación era algo que se practicaba al margen de esta.

Reconstrucción del telescopio reflectante que Isaac Newton construyó en 1672

En el medio siglo que transcurre desde la publicación del Discurso del método de Renato Descartes en 1637 y los Principia de Sir Isaac Newton en 1687, se da aquello que se ha denominado por la historiografía como «Revolución científica», y que ha sido celebrada como el nacimiento de la «Ciencia Moderna». La religión, la superstición y el miedo de época medieval fueron reemplazados por la razón y el conocimiento. Aun así, cabe destacar que muchas figuras notables de la revolución científica como Nicolás Copérnico, Johannes Kepler, Galileo Galilei e incluso Isaac Newton siguieron siendo devotos en su fe. Durante este periodo se experimentó un aumento de las instituciones que apoyaban la investigación científica y se dio este cambio en la visión del universo.

Las bases de la «Revolución Científica» estaban en las hipótesis astronómicas, en las propuestas sobre la formación y forma del Universo, y en la visión del mundo que cada autor tenía. En un principio la Teoría Aristotélica fue lo más aceptado como explicación de los fenómenos del cielo, hasta que a principios del siglo XVI comenzaron a hacerse observaciones más atentas y concretas del firmamento. Es entonces cuando aparece Nicolás Copérnico y su heliocentrismo que es un modelo astronómico según el cual la Tierra y los demás planteas se mueven alrededor del Sol, y este está en el centro de Universo. Históricamente el heliocentrismo se oponía al geocentrismo, que colocaba en el centro a la Tierra. Aunque revolucionara, la idea de Copérnico se asemeja a las ideas antiguas, ya que indicaba que el movimiento de los cuerpos era circular y determinaba que el Universo era finito y esférico.

Ilustración 5 - Representación del sistema heliocéntrico copernicano
Representación del sistema heliocéntrico copernicano

Fueron muchos los científicos que en estos siglos se preocuparon por elaborar teorías e hipótesis como Johannes Kepler y el famosísimo Galileo Galilei que con la ayuda del telescopio demostró la veracidad del sistema copernicano y además lo mejoró. Como sabemos la Iglesia no vio con buenos ojos estas hipótesis de Galileo quien acabo siendo juzgado y medio obligado a retractarse de sus afirmaciones con tal de no perder su vida. Cuarenta años después de esto Newton anunció su Ley de la Gravitación Universal, una síntesis genial y matematizada de las ideas de Copérnico, Kepler y Galileo, pero avanzando mucho más allá, sus leyes matemáticas crearon la Mecánica clásica, una concepción de la Física que estuvo vigente durante dos siglos, hasta que Albert Einstein anunció sus leyes de la relatividad a comienzo del siglo XX.

El principio de autoridad religiosa que englobaba todos los aspectos sociales se va perdiendo poco a poco. La mentalidad colectiva se sustentaba ahora sobre todos fundamentos de carácter laico, generados no por explicaciones divinas, sino fruto de investigaciones científicas, ideas filosóficas y políticas. Es sin duda una evolución y desligamiento de la sociedad y la cultura que empezó con el Humanismo y el Renacimiento, discurrió por el Barroco y desembocó en la Ilustración, ya en el ocaso de la Edad Moderna.

Ilustración 6 - Isaac Newton en 1689 por Godfrey Kneller
Ilustración 6 – Isaac Newton en 1689 por Godfrey Kneller

Bibliografía

HALL, A. R. (1985): La revolución científica, 1500-1750. Crítica, Barcelona.

MARAVALL, J. A. (1980): La cultura del Barroco. Análisis de una estructura histórica. Ariel, Barcelona.

SELLÉS, M. A. y Solís, C. (1991): Revolución científica. Síntesis, Madrid.

Artículo escrito por Inma Velarde López, graduada en Historia.

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       Inma Velarde es músico profesional, concretamente, violinista, (2009-2013) y graduada en Historia por la Universidad de Valencia (2013-2017). Actualmente cursa un Máster de Patrimonio Cultural en la misma universidad en el que centra su investigación en lo referente al Patrimonio Bibliográfico y Documental de la Península Ibérica. Colabora en diferentes proyectos de divulgación histórica y creó el blog “Historia y otros monstruos” en 2013.

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