LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS

El último tercio de Ferrer Dalmou

Artículo escrito por Inma Velarde López, graduada en Historia.

La guerra de los Treinta Años fue un conflicto que tuvo lugar en Europa Central entre 1618 y 1648 en el que intervinieron la mayoría de las grandes potencias europeas de la época. Además, este conflicto marcó, claramente, el futuro del conjunto de Europa. Aunque inicialmente se trataba de un conflicto político confesional entre el protestantismo y la contrarreforma católica dentro del propio Sacro Imperio Romano Germánico, es indudable que la religión contribuyó a justificar ideológicamente las alianzas y la intervención paulatina de las distintas potencias europeas. Convirtiendo el conflicto en una guerra general por toda Europa, además por el motivo religioso también en búsqueda de una situación de equilibrio político o incluso alcanzar la hegemonía en el escenario europeo.

Durante el último cuarto del siglo XVI la expansión del protestantismo en el Sacro Imperio y en los territorios patrimoniales de los Habsburgo fue crucial y marcó un claro problema cuando fue elegido como emperador el católico Fernando II. Cuando el nuevo emperador envió a dos consejeros católicos, Martinitz y Slavata al castillo de Hradčany, en Praga para preparar su llegada, los calvinistas de Bohemia los secuestraron y los arrojaron por una ventana. Este hecho se conoce como la Defenestración de Praga y se toma como punto de partida de la rebelión bohemia e inicio de la Guerra de los Treinta Años.

Ilustración 1 El último tercio de Ferrer Dalmou
“El último tercio” de Ferrer Dalmou
  1. El periodo bohemio (1618-1623) en el que Austria demostró su valor y potencia militar al derrotar, el 10 de junio de 1619 en la batalla de Sablat, a los protestantes de Bohemia. Sin embargo, la parte norte y sur de Austria, se unió a los Bohemios, reemplazando al rey de Bohemia, Fernando II, por Federico V, Elector del Palatinado, y líder de la Liga de la Unión Evangélica.
  2. El periodo danés (1625-1629) en que la guerra adquirió una dimensión internacional cuando varios estados protestantes solicitaron ayudar extranjera para enfrentarse al Sacro Imperio. Inglaterra y Francia se alarmaron al ver la creciente fuerzas de los Habsburgo y decidieron no intervenir, sin embargo, Cristián IV, rey de Dinamarca y Noruega, sí acudió en ayuda de los protestantes alemanes movido principalmente por consideraciones no religiosas: deseaba ocupar nuevos territorios en el noroeste de Europa y acabar con el control que la Casa de Habsburgo ejercía sobre el ducado danés de Holstein. Éste contó con el apoyo de las fuerzas a cargo de Albrecht von Wallenstein, quien consiguió el permiso de saquear los lugares invadidos. El rey dinamarqués sufrió una aplastante derrota en Lutter en el año 1626. Tres años más tarde, se arribó a un acuerdo, el tratado de Lübeck, por el cual, Cristian IV, conservó su poder en Dinamarca a cambio de retirar su apoyo a los protestantes alemanes. Se estableció el “Acta de Restitución” por la cual, la iglesia católica recuperó todos sus dominios en territorios protestantes, anulando todos los títulos protestantes sobre las propiedades católicas expropiadas desde 1552.

    Ilustración 2 Matthäus Merian el VIejo, La defenestración de Praga, grabado en cobre
    Matthäus Merian el VIejo, “La defenestración de Praga”, grabado en cobre
  3. El periodo sueco (1630-1635) en que el rey Gustavo Adolfo II de Suecia luterano Convencido, interviene en la guerra. En sus exitosas campañas militares Suecia logró recuperar el territorio de Dinamarca, y la zona norte alemana. Esta etapa triunfal terminó para Suecia, cuando España envió sus fuerzas en apoyo a los católicos y resultaron victoriosos, en la batalla de Nördlingen. La Paz de Praga, establecida en el año 1635, intentó poner punto final a este largo y cruel conflicto, dejándose los límites establecidos a la fecha designada en la Paz de Augsburgo, estableciéndose un único ejército del Sacro Imperio Romano Germánico, formado por las fuerzas del emperador y los estados de Alemania.
  4. El periodo francés(1635-1648): en que la Francia católica, de Luis XIII, y del primer ministro, el Cardenal Richelieu, no estaba satisfecha con la paz lograda y se unió a Suecia y a Holanda, países protestantes, desatando la ira de España, que hostigó los dominios franceses, sitiando París. Todo en búsqueda de la hegemonía en Europa occidental. Fue con la muerte del Cardenal Richelieu, en 1642, y la de Luis XIII en 1643, cuando comenzó a vislumbrarse la posibilidad concreta de paz. Tras la derrota española en Lens, ocurrida en octubre del año 1648, se firmó la paz de Westfalia, por la cual los Habsburgos comenzaron a sentir la pérdida de su inmenso poder, lo que afectó directamente a España.
Ilustración 3 La guerra de los treinta años
Mapa explicativo de los bandos de la Guerra de los Treinta Años

Respecto a La paz de Westfalia cabría apuntar que es un conjunto de tratados relacionados entre sí por el hecho de que supusieron el fin de la Guerra de los Treinta años, reconociendo la independencia de las Provincias Unidas de los Países Bajos y de la Confederación Suiza. La principal consecuencia de la paz de Westfalia fue el debilitamiento de las posiciones de Austria y España en Centroeuropa, así Francia salía muy fortalecida ya que ganaba numerosos territorios en su frontera más oriental. Con la Paz de Westfalia se inició un nuevo ordenamiento europeo: se cortaron las comunicaciones de los Habsburgo al obtener Francia, Se ratificó la preponderancia sueca en el Báltico y se pusieron las bases territoriales de la futura potencia de Prusia. España, que había abandonado las negociaciones por negarse a reconocer las adquisiciones francesas en el Rin, no pudo sostener la guerra con las Provincias Unidas y firmó el Tratado de La Haya (1648), por el que las reconocía como estado soberano e independiente además de otorgarles privilegios comerciales en los puertos americanos y españoles. España conservó el sur de los Países Bajos y logró apartar a los holandeses de la alianza con Francia.

Desde el punto de vista religioso se confirmó la libertad para los príncipes, y a los súbditos se les impuso convertirse a la religión de su príncipe o emigrar; los calvinistas recibieron los mismos derechos que católicos y luteranos y se aceptaron las secularizaciones hechas antes de 1624. Westfalia significó la posibilidad de una tolerancia, así como el principio de la secularización de la política; la ausencia de la Santa Sede en las negociaciones prueba que el Papado no pesaba ya en las decisiones de los estados.

Ilustración 4 La paz de Westfalia
Mapa posterior a la paz de Westfalia

Respecto a los resultados económicos de la guerra fueron incluso más serios que sus consecuencias políticas. Las pérdidas territoriales causaron un shock económico importante entre las potencias derrotadas, pero los vencedores también hallaron que la marcha no era nada fácil. Las regiones industrializadas de Francia y Bélgica fueron devastadas. En Europa oriental, la falta de semillas, fertilizantes e implementos agrícolas produjo una marcada decadencia de la producción agrícola. Todas las potencias, particularmente Inglaterra, habían perdido importantes mercados externos. Los efectos de la crisis económica de posguerra se hicieron sentir de muchas maneras. Cinco años después de la guerra, la producción industrial total de Europa alcanzó sólo dos tercios de su nivel de preguerra. El desempleo, que nunca fue un problema en el pasado, tomó proporciones alarmantes. Otra repercusión se hizo sentir en materia de finanzas. Todos los países importantes sufrieron una severa inflación. En una década, Europa vino a completar el ciclo de la desesperanza mediante la esperanza y el regreso a la desesperanza. La disminución de la tensión internacional, la recuperación económica, así como el aire de estabilidad general y de prosperidad parecían completamente reales. Ello se tomó como una prueba de que Europa había encontrado finalmente la paz que tanto había buscado.

Ilustración 5 Consecuencias de la guerra
Consecuencias de la guerra

Bibliografía

ANDERSON, M. S. (1990): Guerra y sociedad en la Europa del Antiguo Régimen (1618-1789), Ministerio de Defensa, Madrid.

FLORISTÁN, A. (et al.). Historia Moderna Universal. Barcelona, Ariel, 2002.

PARKER, G. (1988): La Guerra de los Treinta Años, Crítica, Barcelona.

Artículo escrito por Inma Velarde López, graduada en Historia.

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       Inma Velarde es músico profesional, concretamente, violinista, (2009-2013) y graduada en Historia por la Universidad de Valencia (2013-2017). Actualmente cursa un Máster de Patrimonio Cultural en la misma universidad en el que centra su investigación en lo referente al Patrimonio Bibliográfico y Documental de la Península Ibérica. Colabora en diferentes proyectos de divulgación histórica y creó el blog “Historia y otros monstruos” en 2013.

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