EL ARTE DEL PERIODO DE AMARNA (II)

Artículo originalmente publicado por mí en el nº2 de la revista Egiptología 2.0

Los relieves amárnicos

En Akhetaton hallamos un nuevo estilo artístico de relieves, los llamados relieves a hueco, cuyas figuras no sobrepasaban la superficie de la piedra. El objetivo de esto era obtener imágenes que pudieran ser plenamente resaltadas por la gran cantidad de luz solar que invadía los templos amárnicos. En cuanto a la iconografía de estos relieves, es reseñable la transformación que se produce desde las imágenes estereotipadas cargadas de divinidad y escenas del más allá de los relieves tradicionales hasta las escenas de la vida cotidiana e íntima de todos los miembros de la familia real de los relieves amarnienses. Por eso desaparece de los motivos iconográficos toda huella del futuro, del más allá y de la muerte, apareciendo solo si la escena es funeraria, como en el caso de los funerales de algunas princesas. En este caso concreto, se representa a las figuras con todo el dramatismo del momento que están viviendo, mostrando el dolor que están sufriendo sin ningún pudor ni abstracción.

Más a nivel general, los casos más representativos de este cambio se observan, por ejemplo, en las escenas del faraón en fiestas, tomando el fresco bajo un pabellón, jugando con sus hijas, o comiendo un muslo de ave. En relación al pasado religioso egipcio, se procura disipar cualquier imagen que pueda recordar a otras figuras divinas que no sean Atón. Éste no es una divinidad antropomorfa, sino la representación simbólica y conjunta de la luz solar: el disco solar es sencillamente representado (ya que solo se decora con el úreo, el símbolo de la realeza egipcia), y de él parten los rayos solares, algunos de los cuales terminan en unas minúsculas manos que sostienen el “ankh”, los bienes y gracias que la divinidad da a los reinantes.

Relieve de la Familia Real de Akhenaton bañados por los rayos solares de Atón
Relieve de la Familia Real de Akhenaton bañados por los rayos solares de Atón

Las representaciones de las reinas de Akhenaton

Una de las características más notables del Periodo de Amarna es la extraordinaria relevancia que se le dio a la figura de la reina Nefertiti, la “Gran Esposa Real” de Akhenaton desde antes de su llegada al trono. Hasta el momento Nefertiti había dado a luz seis hijas y ningún hijo, y a pesar de que nunca perdió su posición principal como “Gran Esposa Real”, por aquel entonces apareció en escena una segunda esposa para Akhenaton, Kiya, quizá la madre de Tutankhamon. La influencia de Nefertiti era tal que, probablemente debido a sus celos hacia esta segunda esposa, consiguió que cayera en desgracia en torno al 1340 a.C., desapareciendo su nombre de manera muy repentina de los monumentos. Al mismo tiempo, el magnífico ajuar funerario preparado para ella, incluido un espléndido ataúd humanoide, fue adaptado para otra persona de la familia real. Oficialmente, se desconoce la razón por la que la reina Kiya, la “esposa muy amada del rey”, cayó en desgracia, pero muchos investigadores lo atribuyen a la reina Nefertiti, por el odio y los celos que le tendría al no haber sido ella la que le proporcionara un heredero varón a Akhenaton.

Fragmento de una escena en la que se ve representada a Kiya
Fragmento de una escena en la que se ve representada a Kiya

La reina es mayormente famosa por la extraordinaria belleza que se le atribuye, inmortalizada en los espléndidos bustos encontrados en el estudio del escultor Djehutymose en Amarna, y que constituyen uno de los tesoros artísticos más importantes del Antiguo Egipto. Este artista infundió a los bustos de Nefertiti una serena y delicada dulzura, una noble juventud, una perfección estética en resumen irrepetible en otros bustos egipcios. A la reina Nefertiti se la encuentra en todo tipo de monumentos referidos a todas las ceremoniales oficiales, y en igualdad de rango junto a su esposo. Tal es la igualdad de poder que existía entre ambos que en la actualidad contamos con una excepcional representación de la reina masacrando al enemigo, una tipología iconográfica siempre reservada exclusivamente al soberano. La reina no solo está presente en las ceremonias oficiales, sino en todos los aspectos de la vida cotidiana, de la corte y de la muerte incluso, ya que en las cuatro esquinas del sarcófago de Akhenaton aparece Nefertiti como protectora del faraón difunto.

Busto de Nefertiti
Busto de Nefertiti

Las representaciones de las hijas de Akhenaton y Nefertiti

Akhenaton y Nefertiti tuvieron seis hijas, tres antes del Periodo de Amarna (Merytaton, Meketaton y Ankhsenpaaton) y tres durante éste (Neferneruaton, Neferneferure y Setepenre). La primogénita, Merytaton, se convirtió en reina al ser la esposa del efímero corregente de Akhenaton, Esmenkhkara (1338-1336 a.C.), pero moriría poco después, al igual que Neferneferure o Setepenre. En cambio, Ankhsenpaaton se casó con su hermanastro, el joven Tutankhaton, cambiándose ambos el nombre por el de Ankhsenamon y Tutankhamon al abandonar Amarna. De ella existen numerosas representaciones provenientes de la escultura y los bajorrelieves de Amarna, siendo abundantes también las posteriores en la que se presenta como reina al lado de su esposo. Por otra parte, Neferneruaton aparece en Amarna en imágenes de la tumba de Panehesy, sacerdote de Atón, en la del sacerdote Meryra y en un pintura de la residencia real de Amarna.

Sin duda, uno de los más sobresalientes atributos de la escultura amarniense, sobre todo en lo que a los bustos de las princesas se refiere, es la extrañamente alargada forma del cráneo (conocida técnicamente como dodicocefalia), foco que ha suscitado numerosas y variadas discusiones desde que fueron encontradas. Durante años se ha hablado de una enfermedad hereditaria, pasada de Akhenaton a sus hijas, pero hoy esta hipótesis está mayormente abandonada a favor de otra mucho más plausible: la enfatización de los rasgos genéticos. De este modo, la moderada dodicocefalia de esta familia real (verificada, por ejemplo, en el cuerpo de Tutankhamon y en el de la tumba KV55 que se piensa que podría ser el propio Akhenaton) se convierte en un rasgo a exagerar a la hora de representarse en relieves, pinturas o esculturas para simbolizar y subrayar la filiación.

Busto de alguna de las hijas de Akhenaton
Busto de alguna de las hijas de Akhenaton

El fin de un sueño

La ciudad de Akhetaton debía ser el inicio de un nuevo mundo, el comienzo de la mayor época de esplendor de Egipto, pero lo cierto es que fue abandonada después de unos 15 o 16 años sin volver a ser ya nunca más ocupada. Esto es uno de los factores clave que ha permitido la conservación de la ciudad tal y como era en el momento de su abandono, a pesar de todas las destrucciones, saqueos y reutilizaciones a los que se ha visto expuesta por el paso del tiempo: los templos de piedra fueron utilizados como canteras, mientras que los edificios construidos en ladrillos de arcilla se fueron disolviendo paulatinamente. Afortunadamente, gran parte de las obras del periodo de Amarna se conservan actualmente. Las del final de la época amarniana ya muestran una voluntad de retorno a los antiguos cánones estéticos, no observando los excesos caricaturescos de la simbología real del estilo de Amarna en su apogeo.

Reconstrucción en 3D del aspecto que debía tener parte de la ciudad de Amarna
Reconstrucción en 3D del aspecto que debía tener parte de la ciudad de Amarna

A pesar de que el estilo artístico amarniano desapareció con la muerte de Akhenaton y el abandono de Amarna, algunas de sus características sobrevivieron en los artistas de tiempos posteriores, como el tratamiento de los ropajes. Después del paréntesis que supuso la época del periodo de Amarna, el arte egipcio regresó al estilo antiguo. De hecho, los artistas que trabajaron durante el reinado del último soberano de la XVIII Dinastía, el general Horemheb (1323-1295 a.C.), respetaron estrictamente las reglas del antiguo canon artístico, volviendo a estar de moda las antiguas representaciones de reyes presentando ofrendas a los dioses, y llevando a cabo procesiones litúrgicas. Nuevas generaciones de artistas ocuparon sin duda los puestos de sus padres y maestros, de tal modo que al desenfado de las posturas y a la libertad de ejecución del estilo de Amarna le sucedió un cierto formalismo y dureza de delineado que veremos muy claramente en las esculturas y pinturas de los faraones ramésidas. Aunque desde antes de llegar éstos se inició un proceso para condenar al olvido al breve periodo de Amarna protagonizado por Amenofis IV y su familia real, lo cierto es que hoy en día constituye uno de los periodos más apasionantes de estudiar de toda la Historia de la milenaria civilización del Nilo.

Escena íntima entre Tutankhamon y An, muestra de la pervivencia de algunos rasgos del estilo de Amarna
Escena íntima entre Tutankhamon y Ankhsenamon, muestra de la pervivencia de algunos rasgos del estilo de Amarna

Artículo originalmente publicado por mí en el nº2 de la revista Egiptología 2.0

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