TRANSCURSO Y CONSECUENCIAS DE LA BATALLA DE QADESH

Artículo originalmente publicado por mí en el número 3 de la revista Egiptología 2.0

Transcurso de la batalla

Los dos contendientes en esta batalla van a ser el ejército del faraón Ramsés II, formado por cerca de dos mil carros de combate y cerca de 16000 soldados de infantería, y el ejército del rey hitita Muwatalli II, formado por cerca de 3500 carros de guerra y cerca de 20000 soldados de infantería. La ruta que siguieron las tropas egipcias para ir al encuentro no la conocemos exactamente, pero hay un par de aspectos certeros. Lo más probable es que se desplazaran a través de la costa cananea hasta las inmediaciones de la ciudad de Biblos, donde se dividieron en forma de tenaza, de tal modo que el grueso de las fuerzas cruzó el Valle de la Beqaa, avanzando hacia Qadesh, mientras que otras unidades de combate recorrieron el litoral hasta llegar a la desembocadura del Eleuteros, río que ofrecía un excelente paso hacia el noroeste de la ciudad enemiga. De este modo, las cuatro divisiones en las que se organizaba el ejército del faraón (nombradas en base a dioses egipcios, Amón, Ra, Ptah y Seth) marchaban a través de pasos interiores, separadas entre ellas por unos 10.5 kilómetros de distancia.

Relieve de Ramsés II en la batalla de Qadesh, templo de Abu Simbel (fuente artehistoria.com)
Relieve de Ramsés II en la batalla de Qadesh, templo de Abu Simbel

El primer paso lo dio la división de Amón, la cual, comandada por el propio faraón, cruzó el río Orontes y avanzó hacia Qadesh. Durante el trayecto, fueron apresados dos shasu (nombre por el que los egipcios conocían a los beduinos) que informaron sobre la presencia de numerosas tropas hititas en Aleppo, ciudad que se hallaba muy lejos de la actual ubicación egipcia. Al atardecer de aquel mismo día, el primer cuerpo expedicionario egipcio acampó al noroeste de Qadesh, momento en el cual capturaron a dos espías hititas que relevaron el engaño de los shasu tras un brutal interrogatorio: un gran ejército, al mando del propio rey Muwatalli II y formado por numerosos vasallos de los hititas, estaba acantonado al este de Qadesh. Como consecuencia, Ramsés II ordenó el inmediato envío de mensajeros a las restantes unidas para que aceleran la marcha. Los oficiales de la división de Ra, que se encontraban a unos veinte kilómetros de Qadesh, recibieron la noticia durante la noche y ordenaron la rápida movilización de sus tropas, al tiempo que mandaban despachos a las dos divisiones situadas al sur.

Movimientos de las tropas durante parte de la batalla de Qadesh
Movimientos de las tropas durante parte de la batalla de Qadesh

Cuando al amanecer del día siguiente la división de Ra estaba cerca del punto de encuentro con la de Amón, sucedió un gran desastre para las tropas egipcias: unos 2500 carros atacaron por sorpresa su flanco derecho, causando más que probablemente numerosas bajas en el bando egipcio. A diferencia de los carros egipcios, que básicamente no eran más que unas plataformas de disparo móviles, los carros hititas eran unas auténticas y robustas máquina de guerra. Cada uno de ellos transportaba a tres personas, un conductor y dos soldados, armadas con afiladas lanzas diseñadas para el combate a corta distancia. Ante esto, incapaces de formar, los supervivientes habrían salido huyendo hacia el campamento del faraón. Además, los integrantes de la división de Amón, al ver lo sucedido a sus compañeros también huyeron precipitadamente hacia el norte.

Reconstrucción de un posible carro de combate hitita
Reconstrucción de un posible carro de combate hitita

Afortunadamente para los egipcios, los hititas se contentaron en ese momento con saquear el campamento, perdiendo así la oportunidad de sentenciar una batalla que podrían haber ganado antes casi de que comenzara. Este error estratégico de los hititas fue aprovechado por Ramsés II, que reorganizó sus tropas y sumó a las recién llegadas unidades procedentes del litoral. A continuación, lanzó un contraataque que arremetió contra los carros hititas que continuaban saqueando en el campamento, obligándoles a un repliegue hacia el sur de Qadesh, donde estaba su retaguardia con los otros 1500 carros de combate. Tras horas de combate y ante la llegada de la división de Ptah, los hititas se retiraron, cruzando el río Orontes y dejando numerosos cadáveres, entre los que se encontraban, como mínimo, 17 oficiales hititas importantes. Asimismo, los egipcios hicieron numerosos prisioneros, tal y como se muestra en representaciones de la batalla como el relieve del muro exterior norte del templo de Ramsés II en Abydos.

Estado actual de una estatua del rey hitita Muwatalli II
Estado actual de una estatua del rey hitita Muwatalli II

Al amanecer, tras una noche de tregua que sirvió para atender a los heridos y reparar los carros averiados, los dos ejércitos volvieron a enfrentarse en la llanura frente a Qadesh, pero esta vez con ambos bandos muy debilitados. Los egipcios sufrieron grandes pérdidas, ya que no pudieron hacer frente a la potencia de una infantería hitita que no había participado en el ataque del día anterior, por lo que se conservaba íntegra. Por su parte, los hititas habían perdido buena parte de sus carros en el contraataque egipcio del faraón, por lo que no fueron capaces de obtener una victoria definitiva. Finalmente, tras varias horas de combate, y que sepamos solo de fuentes egipcias, ambos soberanos imperiales se retiraron con lo que quedaba de sus ejércitos sin que hubiera una victoria para ninguno de los dos y acordaron un armisticio que daba por concluido el conflicto.

Relieve de Ramsés II en la batalla de Qadesh, templo de Abu Simbel (fuente artehistoria.com)
Relieve de Ramsés II en la batalla de Qadesh, templo de Abu Simbel

Consecuencias de la batalla

A su vuelta a Egipto tras dos meses fuera y un ejército muy mermado, Ramsés II procedió a darle la vuelta al episodio de Qadesh en beneficio propio. En una campaña propagandística minuciosamente preparada, el faraón difundió por todo Egipto su versión de la gloriosa victoria en la batalla. Los mejores escritores del país compusieron una detallada descripción en prosa de la batalla junto con un poema épico, ambos destinados a celebrar la gran victoria del rey sobre los hititas. Diversos textos y representaciones fueron plasmados en los muros de los templos de Abydos, Karnak, Luxor, Abu Simbel y el Ramesseum. Sin embargo, lo cierto es que Egipto no consiguió ninguno de los objetivos que buscaba con este conflicto bélico: Qadesh no fue conquistada, Amurru volvería a la órbita hitita tras sustituir a su dirigente pro egipcio por uno pro hitita, y unidades hititas atacaron puntos estratégicos de la provincia de Upe, devastando los centros comerciales de Kumidi y Damasco. Y todo esto sumado a las muy numerosas bajas que el ejército había sufrido en la batalla en sí.

Vista aérea de los restos del Ramesseum
Vista aérea de los restos del Ramesseum

Para los hititas no irían mucho mejor las cosas. Apenas un año después de la batalla con los egipcios, aprovechando la debilidad temporal del ejército hitita, un ejército asirio atacó lo que quedaba del antaño poderoso Mitanni, convirtiéndolo en uno de sus Estados vasallos. Ramsés II, ante esta señal de advertencia, no se quedó impasible, e inició una serie de campañas en Próximo Oriente para afianzar el control egipcio sobre sus dominios imperiales. Movido por el triunfo de estas pequeñas conquistas, una tras otra, varias ciudades-Estado fueron cayendo ante el ejército del faraón, llegando a conquistar los territorios hititas en la zona media del valle del Orontes. Esto sin duda habría provocado otra guerra con los hititas de no ser porque éstos tenían que atender a sus propios problemas internos: la repentina muerte del rey Muwatalli II sumió al imperio hitita en una crisis sucesoria, ya que Khattushili, su hermano, había usurpado el trono que pertenecía a su legítimo heredero, el hijo de Muwatalli, Urkhi-Teshub. Tras una encarnizada lucha intestina prevaleció el ahora rey Khattushili III, por lo que Urkhi-Teshub se refugió en la corte de Ramsés II.

Fragmento de una correspondencia entre Ramsés II y Khattushili III para negociar el matrimonio de la princesa hitita (fuente uned.es)
Fragmento de una correspondencia entre Ramsés II y Khattushili III para negociar el matrimonio de la princesa hitita

Cuando los asirios invadieron Mittani de nuevo y la arrasaron por completo, los hititas se encontraron en una situación de extremo riesgo, ya que solo el río Éufrates los separaba de las ansias expansionistas de Asiria. Ahora, había que anteponer la seguridad del imperio al orgullo del mismo, así que se buscó una alianza con Egipto para hacer frente. Tras un año de tensas negociaciones cargado de numerosas idas y vueltas diplomáticas, se negociaron los detalles de un tratado. Así, en 1259 a.C., quince años después de la batalla de Qadesh, una gran delegación partió a Pi-Ramsés desde Hattusa. Una vez en la corte de Ramsés II, el principal representante hitita le obsequió con una gran tablilla der plata, grabada con textos en escritura cuneiforme. Era un regalo del propio rey Khattushili III, una copia del exhaustivo tratado que desde aquel momento uniría a los egipcios y los hititas en un acuerdo de apoyo y amistad mutuos. Para no ser menos, Ramsés II había hecho grabar la versión egipcia del tratado en las murallas de Ipetsut.

Estatua colosal de Ramsés II en el templo de Luxor
Estatua colosal de Ramsés II en el templo de Luxor

Este documento, tras declarar el cese oficial de las hostilidades entre ambos reinos, celebraba el establecimiento de relaciones amistosas. Las características de este tratado abarcaban desde un pacto de no agresión hasta una alianza defensiva, pasando por un acuerdo de extradición, una amnistía para los refugiados, y una cláusula para salvaguardar la sucesión real en ambos imperios. De este modo, quedaba satisfecho el honor tanto de los hititas como el de los egipcios, y los dos bandos podían cantar victoria. Para consolidar definitivamente las relaciones bilaterales, al tratado le sigue un tiempo después el matrimonio de Ramsés II con una princesa hitita, hija de Khattushili III. Por un lado, la ceremonia da pie a que el faraón haga un alarde del poder de Egipto y su soberano, y por otro lado, asegura a los hititas y egipcios la pacificación del frente sirio, así como el establecimiento de unas relaciones diplomáticas y comerciales normalizadas que no se veían desde los tiempos previos al periodo de Amarna.

Algunos fragmentos conservados de copias del Tratado de paz entre hititas y egipcios
Algunos fragmentos conservados de copias del Tratado de paz entre hititas y egipcios

Artículo originalmente publicado por mí en el número 3 de la revista Egiptología 2.0

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