LA RELIGIÓN MINOICA

NOTA: Hace unos días leí este artículo de la profesora Dukelsky desde su perfil en Academia.edu. Me interesó sobre todo la parte que aquí se va a plasmar, la que habla sobre la religión del mundo minoico. Espero que disfrutéis como yo de su discurso.

Artículo originalmente publicado por Cora Dukelsky, profesora de Arte Antiguo en la Universidad de Buenos Aires, y disponible desde este enlace

Igual que con la historia, la religión cretense se nos presenta enigmática, no hay textos, no podemos estructurar una teología ni un ritual. Al parecer los vivos fueron más importantes que los muertos, a diferencia de lo que sucede con la civilización egipcia, la mayor cantidad de hallazgos se han efectuado en palacios y no en tumbas. Tratándose de una civilización agrícola es lógico pensar que la divinidad suprema haya sido la Madre Tierra. Se han encontrado numerosos ídolos femeninos, diosas de la fecundidad, mujeres desnudas, de amplias caderas y pechos desnudos; testimonio de la primacía de la mujer. Era una religión naturalista, adoraban las montañas, las grutas, las piedras, los árboles y los pilares, las palomas y los toros. El contacto con la naturaleza era para el hombre minoico el contacto con lo divino, a menudo los rituales se realizaban en santuarios al aire libre, levantados en las montañas o en los bosques sagrados. Otros aspectos del rito tenían lugar en los palacios o en residencias dedicadas a los dioses que solían tener habitaciones subterráneas o recipientes lustrales.

Mapa de la isla de Creta durante la civilización minoica
Mapa de la isla de Creta durante la civilización minoica

El dios-hijo, el Zeus cretense, identificado con la lluvia, moría anualmente en el otoño y renacía en primavera, símbolo del renacer de la naturaleza. Al volver a la vida se celebraban las fiestas agrarias. Es de notar la similitud con los cultos mesopotámicos de Dummuzi-Tammuz, con los de Siria (Adonis), con los de los hititas (Telepinu) y con el de Osiris entre los egipcios. El Zeus niño era adorado en las cavernas sagradas. Según Nilsson los primitivos habitantes de Creta, como otros pueblos neolíticos, vivieron en cavernas. Cuando las abandonaron siguieron usándolas como cementerios y lugares de devoción.

El culto comprendía oraciones, sacrificios y diversas ceremonias, presidido posiblemente por sacerdotisas. Se celebraba en altares levantados en las cumbres de las montañas, en grutas sagradas o en los patios de los palacios. Estos santuarios constaban de una mesa para las libaciones y sacrificios y estaban adornados con ídolos diversos. En todos los palacios cretenses se han encontrado rastros de elementos rituales, quizás el propio rey oficiara de sacerdote, como intermediario entre los dioses y los fieles.

Una de las caras del sarcófago de Haghia Triada
Una de las caras del sarcófago de Haghia Triada

Los sacrificios a los dioses formaban parte fundamental de la religión. Consistían en ofrendas de animales, a menudo toros, y libaciones como vemos en el sarcófago de Haghia Triada. En uno de sus lados se muestra, delante de su tumba, una imagen del muerto, rígido y sin brazos. Hacia él se dirigen tres figuras masculinas, con ofrendas de animales. Mirando hacia el otro lado una sacerdotisa vuelca una libación en una gran crátera, ubicada entre dos árboles coronados por dobles hachas y pájaros. La Diosa de la Tierra protegerá al muerto si recibe las honras apropiadas: libaciones, sacrificios de animales, danza y música sagrada. Es interesante observar que los instrumentos musicales que aparecen, doble flauta y lira de siete cuerdas, son los instrumentos básicos de la música sagrada griega. En el otro lado del mismo sarcófago aparece un toro atado con cuerdas sobre la mesa de sacrificio frente a un altar con cuernos de consagración y un pequeño árbol junto a una doble hacha con pájaro. A la derecha una mujer está preparándose para la ceremonia mientras un muchacho toca la doble flauta. En los costados del sarcófago, dos figuras andan en carros, uno conducido por cabras salvajes, el otro por grifos alados.

Otra de las caras del sarcófago de Haghia Triada
Otra de las caras del sarcófago de Haghia Triada

Se veneraban las fuerzas generadoras de la naturaleza, como el toro, principio fecundador por excelencia o la serpiente, vinculada con lo cósmico, con las potencias subterráneas, elemento iconográfico que sirve para designar a las diosas de la naturaleza y a las diosas madres de toda la cuenca del Mediterráneo oriental y el Asia Menor. Las estatuillas de la diosa de las serpientes nos muestran una mujer con falda acampanada y un chaleco que dejaba los pechos al descubierto. En realidad, no sabemos si es diosa o sacerdotisa, dado el escaso conocimiento que tenemos de la religión cretense. Las serpientes estaban también relacionadas con el alma de los muertos y con el culto doméstico. Eran protectoras del hogar y traían suerte a la casa. El mismo aspecto de protección de la casa se mantendría en algunas diosas griegas. Atenea es la protectora de la polis, del hogar de todos los atenienses y uno de sus atributos es la serpiente. En anillos de sello de carácter ritual y en las pinturas de los palacios aparecen otros elementos religiosos de difícil lectura, tales como ojos, mariposas y sus crisálidas, o pequeños seres alados, danzas que tendrían que ver con la veneración del movimiento, a menudo aparecen evidencias de adoración al árbol y flores del tipo de las liláceas. Ya hemos mencionado al toro, animal que se sacrificaba con la doble hacha (labrys) y del cual quedaban como testimonio los cuernos de consagración. Otros animales sagrados parecen haber sido los grifos y los pájaros.

La diosa minoica de las serpientes
La diosa minoica de las serpientes

Artículo originalmente publicado por Cora Dukelsky, profesora de Arte Antiguo en la Universidad de Buenos Aires, y disponible desde este enlace

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