EL FIN DE LA CIVILIZACIÓN MICÉNICA

Parte de las ruinas arqueológicas de la ciudad de Micenas

Introducción

Lo primero es aclarar conceptos. El término “micénico” (no confundir con minoico) se usa para referirse a toda la civilización griega correspondiente al Bronce Reciente, a la fase arqueológica del Heládico reciente (aprox. 1580-1150 a.C.). Antes de la aparición en la Grecia continental de un sistema sociopolítico jerarquizado y con una economía centralizada ya se habían cumplido una serie de condicionantes previos: aumento de la población, incremento de la productividad, expansión del comer exterior, y fortalecimiento del poder económico y político de las autoridades.

El mundo micénico en el siglo XIII aC
El mundo micénico en el siglo XIII a.C.

La destrucción de los palacios

La civilización micénica sufrió un duro golpe letal en unas pocas décadas en torno al 1200 a.C., en el momento de su mayor auge político y económico: casi todos los palacios, grandes y pequeños, desde el de Iolco en Tesalia hasta los del sur del Peloponeso, fueron atacados, saqueados e incendiados por unos invasores, causando una destrucción tal que a finales del siglo XII a.C. ya no quedaban prácticamente huellas arqueológicas de la gran civilización y cultura micénica. Algunos centros, como por ejemplo Pilos, después del golpe inicial no volvieron a ser habitados, mientras que otros, como Micenas o Tirinto, pronto fueron ocupados nuevamente para vivir un breve p eriodo de resurgimiento. En el caso de Micenas, esta breve calma antes de la tempestad final duró apenas un par de décadas, no volviendo a recuperarse después. Por el contrario, la recuperación de Tirinto duró algo más, ya que no fue hasta finales del siglo XII a.C. cuando quedó reducida a un grupo de pequeñas aldeas alrededor de la acrópolis. Los lugares que no fueron destruidos tampoco corrieron mucha mejor suerte, ya que o fueron abandonados o reducieron bastante sus dimensiones. Todas estas destrucciones provocaron además grandes movimientos poblacionales con destino a otras zonas, supuestamente más seguras y estables, como el área oriental del Ática, el sur de la Argólide, Acaya, la isla jónica de Cefalenia, o incluso la isla de Chipre.

Reconstrucción de cómo habría sido la acrópolis de Tirinto
Reconstrucción de cómo habría sido la acrópolis de Tirinto

La “gran invasión doria”

A partir de mediados del siglo XIII a.C., los reinos micénicos muestran los síntomas de una mayor preocupación por si lo que pasa en el exterior puede afectarles. Fruto de esta preocupación se produce un fuerte crecimiento de las obras de fortificación en toda Grecia, de tal modo que ciudades que hasta entonces no tenían murallas las construyen, y centros que ya las tenían, como las propias Micenas o Tirinto, las reforzaron en gran medida, tomando además medidas para garantizar el aprovisionamiento de agua cavando nuevos pozos dentro de sus ciudadelas. Asimismo, se construyó una muralla defensivo en el estrecho Istmo de Corinto, seguramente con el objetivo de proteger el Peloponeso de cara a una invasión procedente del norte. Sin embargo, como ya he avanzado antes, ninguna de estas precauciones sirvieron para algo.

Una de las galerías interiores de la muralla de Tirinto
Una de las galerías interiores de la muralla de Tirinto

Aun hoy en día la identidad de los atacantes de las destrucciones iniciadas en torno al 1200 a.C. sigue siendo uno de los grandes misterios no resueltos de la Historia de Grecia, lo que no implica que no se tengan teorías diversas. Hasta hace relativamente poco, la historiografía tradicional era relativamente contundente en su unanimidad al proclamar que los culpables eran los dorios, tribus de hablantes de griego que habitaban en el norte de Grecia, en la zona de los montes Pindo (en Epiro y Tesalia). Según esta ya descartada teoría, los belicosos dorios partieron de la periferia norte del mundo micénico hacia el sur en una serie de migraciones sucesivas que tuvieron como resultado las destrucciones palaciegas y el asentamiento en las ricas llanuras del Peloponeso. Esta teoría estaría supuestamente demostrada por dos aspectos: por un lado, porque el dorio era uno de los tres grandes dialectos en que se dividía el griego antiguo, hablado en el Peloponeso, y desde donde pasó a Creta, Rodas, otras islas del Egeo y la Anatolia del sudoeste; y porque lo respaldaba la mitología referente a los Heráclidas, los descendientes de Heracles (Hércules), que fueron expulsados del Peloponeso una vez muerto su padre y habrían vuelto generaciones después para reclamar lo que era suyo.

Vista general de los montes Pindo
Vista general de los montes Pindo, de donde supuestamente eran originarias las tribus dorias

El colapso del mundo micénico

Una vez desmontada esta teoría, los arqueólogos han tratado de presentar otras teorías que traten de explicar la destrucción de las ciudades micénicas: super terremotos, bandas de merodeadores similares a los Pueblos del Mar, guerras civiles entre reinos que provocaron su autodestrucción, rebeliones de los campesinos y esclavos micénicos contra la opresión de los amos… Actualmente, una de las teorías más plausibles (aunque no definitiva) es la que afirma que lo que acabó con el mundo micénico fue un colapso de sus estructuras socioeconómicas. Los motivos por los que se habría producido tal colapso son varios, aunque todos tienen en común que se trata de problemas a los que la burocracia de los palacios no supo enfrentarse, como pudieron ser las prolongadas sequías, por ejemplo. Y como si de un efecto dominó se tratara, una vez que un sector del sistema gubernamental falló, toda la estructura del gobierno se vino abajo progresivamente, convirtiéndose las fortalezas en blanco fácil para los invasores. Del mismo modo, debido a los graves problemas internos, se interrumpió casi por completo el comercio con el exterior, lo que solo consiguió agudizar aun más un derrumbamiento sin vuelta atrás de la civilización micénica.

Mapa que muestra las ciudades que cayeron debido a los ataques de los pueblos del mar
Mapa que muestra las ciudades que cayeron debido a los ataques de los pueblos del mar

Probablemente, nunca sepamos con total certeza por qué la civilización micénica tuvo un final tan brusco y rotundo. Sin embargo, eso no significó ni mucho menos el fin de la Antigua Grecia, ya que a partir de ese momento llegó el comienzo de una nueva era, una era de tal esplendor y grandeza, tan diferente a la anterior, que los griegos que querían imaginarse cómo habían sido sus antepasados solo podían imaginarlos viviendo en una especie de mundo mítico de ensueño, en una época donde las relaciones entre los dioses y los hombres estaban a la orden del día.

Parte de las ruinas arqueológicas de la ciudad de Micenas
Parte de las ruinas arqueológicas de la ciudad de Micenas

BIBLIOGRAFÍA

BARCELÓ, P. (2001): Breve historia de Grecia y Roma. Alianza, Madrid.

CÁNFORA, L. (2003): Aproximación a la historia griega. Alianza, Madrid.

GÓMEZ ESPELOSÍN, F. (2001): Historia de la Grecia antigua. Akal, Madrid.

LANE, R. (2008): El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma. Crítica, Barcelona

POMEROY, S. [et.al.] (2012): La antigua Grecia. Historia política, social y cultural. Crítica, Barcelona.

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