CRÍTICA DE “CIUDADANO X”

Artículo escrito por Jorge Álvarez, licenciado.

Normalmente, cuando oigo la palabra telefilm llevo la mano a la cartuchera, como decía aquél, o simplemente salgo corriendo en dirección contraria. Las películas para televisión parecen estar concebidas siguiendo el mismo criterio que aquellos legendarios documentales de La 2, con la única diferencia de que éstos se programaban los días de semana y aquellos los ponen en la sobremesa de los domingos, pero unos y otros aparentan simplemente favorecer la siesta después de la comilona con la familia. Los temas de los telefilms acostumbran a ser repetitivos y su realización plana hasta decir basta. Sin embargo, a veces suena la flauta y brota una excepción, como una flor en el desierto. Es el caso de Ciudadano X (Citizen X, 1995).

Cartel original del telefilm "Ciudadano X"
Cartel original del telefilm “Ciudadano X”

Hoy le suena a todo el mundo por sus exitosas series, pero en la segunda mitad de los noventa nadie sabía qué era la HBO. Décadas antes de asombrar a sus elevadas audiencias con títulos como Los Soprano, Hermanos de sangre, Roma o Juego de tronos, entre otros, este canal norteamericano produjo una de las pocas -poquísimas- películas de asesinos en serie que se pueden considerar serias, veraces y creíbles. Hasta que no hace mucho una oleada de directores, quizá inspirados en el buen trabajo de John McNaughton con Henry, retrato de un asesino -y antes el de Richard Fleischer en El estrangulador de Boston (Psicosis la dejamos al margen)- decidieron revisar con rigor (otra cosa sería el resultado artístico) la historia criminal reciente de EEUU a través de sus representantes más famosos (Chuck Parello con Ed Gein, Clive Saunders con Gacy, el payaso asesino y  Mathhew Bright con Ted Bundy), Ciudadano X era como un oasis en un desierto de jasones, freedykruegers y familia, a cual más grotesco y fantástico. Ni siquiera Hannibal Lecter era creíble por tratarse de un personaje que reunía sobre sí todos los estereotipos habidos y por haber de los psicópatas y llevarlos a un extremo hiperbólico.

Chris Gerolmo, director del telefilm
Chris Gerolmo, director del telefilm

La gran paradoja es que todos estos simpáticos personajes, fueran representantes de la susodicha cara fea de Estados Unidos, la del sueño americano podrido por dentro, o fueran creaciones fantásticas dirigidas a un público juvenil ávido de emociones aparentemente fuertes, podían tener éxito comercial pero, salvo excepciones, no pasaban de meros entretenimientos intrascendentes, mientras que el único asesino de verdad, de carne y hueso, el de Ciudadano X, no era norteamericano sino soviético. Es posible que mucha gente lo tenga en mente aún; yo recuerdo verlo en el Telediario: la jaula desde la que seguía su juicio televisado, los policías que los custodiaban con sus inconfundibles uniformes del Este, la cabeza rapada, aquellos ojos de mirada implacable y retadora…Era Andrei Chikatilo, alias el Carnicero de Rostov, una joya, como quien dice, que se labró un currículum con el asesinato de cincuenta y dos personas entre 1978 y 1990. La mayoría mujeres y niños. Un psicópata que eludió la persecución policial durante dieciocho años gracias a una desgraciada mezcla de astucia, insulsez, incompetencia y, sobre todo capricho de la naturaleza.

Uno de los fotogramas de "Ciudadano X"
Uno de los fotogramas de “Ciudadano X”

Y es que Chikatilo, que tenía mujer e hijos, llevaba una vida aparentemente gris y anodina como técnico de una fábrica, un puesto que le permitía viajar sin levantar sospechas y cometer sus crímenes lejos de casa. Tenía un modus operandi recurrente: abordaba a sus víctimas en la estación de tren y se las llevaba a un bosque cercano donde daba rienda suelta a su instinto, violándolas, matándolas y mutilándolas a mordiscos. Una vez fue sorprendido en un mercado y detenido por resultar más que sospechoso lo que llevaba en su maletín: un cuchillo, cuerda, esparadrapo… La policía estaba segura de haber capturado al culpable pero el análisis de ADN que se le practicó resultó diferente al del semen recogido de los cadáveres, lo que indicaba a las claras su inocencia. Hasta mucho después, el comisario encargado del caso no supo de un estudio que demostraba que en rarísimas ocasiones una persona puede tener ADN diferente en la sangre y en el semen. Chikatilo, para desgracia de sus víctimas y de sus perseguidores, era una de ellas.

Fotografía del real Andrei Chikatilo, uno de los mayores asesinos en serie de la Historia
Fotografía del real Andrei Chikatilo, uno de los mayores asesinos en serie de la Historia

Artículo escrito por Jorge Álvarez, licenciado en Historia.

Para saber más

Crítica de “Ciudadano X” (II)

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       Jorge Álvarez es licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fue fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005), creador del blog “El Viajero Incidental”, y bloguero de viajes y turismo desde 2009 en “Viajeros”. Además, es editor de “La Brújula Verde”. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

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