SER DIFERENTE EN LA BAJA EDAD MEDIA

Artículo escrito por Luis Galan Campos, graduado en Historia.

Vivimos en estos momentos un período difícil, plagado de tensiones sociales, dificultades económicas y choque entre culturas. Los historiadores estamos obligados a dirigir nuestra mirada al pasado para poder entender los problemas de nuestra sociedad, buscamos en el pasado un reflejo de nuestro tiempo y sus contradicciones con la intención de hallar la clave para entender nuestro presente. Por esa misma razón, nos hacemos la pregunta, ¿Qué significa ser diferente? ¿Ha significado siempre lo mismo el hecho de no pertenecer al grupo mayoritario y dominante? ¿Qué significaba serlo en el pasado? ¿De dónde proviene nuestra concepción del diferente?

La visión que tenemos de nuestra sociedad como un grupo que comparte una identidad común (Nosotros) de la cual no participan algunos grupos sociales con los que convivimos y que en muchos casos son marginados (los Otros) viene de los albores del mundo global, de la Baja Edad Media (~1250-1470), período en el que se sientan las bases del Estado moderno. La última fase, el llamado “Otoño de la Edad Media”, viene precedida por una gran crisis a caballo entre los siglos XIII y XIV, pero las calamidades que nos relatan las fuentes de la época no esconden las profundas transformaciones, sociales, políticas, económicas (¿quizá el nacimiento del capitalismo ?) e ideológicas de ese tiempo. Se extiende una nueva manera de entender la sociedad, la colectividad humana europea, debido por un lado a la consolidación de la Iglesia entre los siglos XI y XIII: los Papas han afirmado su poder y centralizado todas las instituciones de la misma, y se han impuesto al poder de los gobernantes laicos. Dicho de otro modo, la Iglesia ya no es un conjunto plural y poco uniforme sino un imperio centralizado, con un pensamiento único y sin fisuras y una cabeza indiscutible: el Sumo Pontífice Romano.

Mapa político en inglés de Europa en el primer tercio del siglo XIV
Mapa político en inglés de Europa en el primer tercio del siglo XIV

En segundo lugar, desde el siglo XII se están produciendo cambios en la organización política de las sociedades: el espacio público (el Estado moderno) está naciendo con el reforzamiento de las monarquías, de las instituciones municipales y de las instituciones parlamentarias, es decir, la sociedad se entiende como un grupo gobernado por las mismas leyes debiendo fidelidad a unas figuras comunes. A esto no es ajeno el florecimiento de las ciudades, que implica también el nacimiento de la conciencia de pertenecer a un nuevo ente: el municipio. Por último, el fin de la cruzadas en Palestina (siglos XI a XIV) y la toma de conciencia del Islam, así como el descubrimiento del mundo extraeuropeo a través de la conquista del Báltico, las exploraciones a China y, hacia el final del período, hacia África y la India por mar, lo que llevaría eventualmente al redescubrimiento de América en 1492.

La sociedad europea bajo-medieval rima con Iglesia católica, es decir, el conjunto de fieles y territorios que reconocen la supremacía del Papa. Los países cristianos ortodoxos e infieles, están, por ende, necesariamente fuera de Europa. Dentro de la misma, coexisten grupos que están excluidos de esa identidad europea por motivos no tanto raciales como religiosos. En cada país o reino asimismo, los límites coinciden con el número de súbditos del soberano: rey (Francia, Castilla…), príncipe (Barcelona, Baviera..) o asamblea, como en las commune itálicas (Florencia, Venecia).

Rutas seguidas por las distintas Cruzadas
Rutas seguidas por las distintas Cruzadas

Ser diferente por la religión

La minoría religiosa por excelencia en Europa son los judíos, es decir, los practicantes de la fe hebrea que a su vez forman un grupo endogámico viviendo en comunidades cerradas y separadas, las juderías o aljamas. Éstos aterrizan en territorio europeo después de la Gran Diáspora de los siglos II y III de nuestra era. Hacia el siglo IV se establecen en Sefarad (así es como llamaban los judíos a la Península Ibérica) y hacia los siglos VII-IX se establecen en el reino franco, entre el noreste de la actual Francia y el Valle del Rhin (Ashkenaz), así como en otras ciudades de lo que era Europa.

Si bien desde el siglo IV el cristianismo se construye criticando los errores de los judíos, que se niegan a aceptar a Jesucristo como el Salvador que predice el Antiguo Testamento, e incitándolos a su conversión (como hace en el siglo IX el arzobispo franco Agobardo de Lyon en sus sermones), a partir de los siglos XII y XIII ese anti judaísmo doctrinal da paso a un resentimiento más profundo con un carácter más racial contra los judíos: el antisemitismo. Se construye así el discurso difamatorio contra los judíos: pueblo deicida, traicioneros, usureros… y los nacientes estados y la Iglesia implantan medidas discriminatorias a nivel legal (fiscalidad especial, imposibilidad para viajar en barco o ejercer determinados cargos, prohibición de los matrimonios mixtos entre cristianos y judíos…) y físicas (uso de distintivos visuales como sombreros especiales o rodelas amarillas). Por otro lado, cada vez más son el blanco de las tensiones populares y culpados de las calamidades más diversas.

Ilustración que representaba a San Agobardo expulsando a los judíos de Lyon
Ilustración que representaba a San Agobardo expulsando a los judíos de Lyon

Por otro lado, el Islam nace a principios del siglo VII con el Profeta Mahoma y sus seguidores en la costa occidental de la P. Arábiga, pero en los cien años siguientes conoce una rapidísima expansión que lleva al Imperio de los Califas hasta el Mar Índico por el este, y a la África atlántica y la Península Ibérica por el oeste. Sin embargo, hasta la época de las Cruzadas el conocimiento que se tiene de la nueva religión es bastante limitado e inexacto. En los límites de Europa, desde el siglo XI al XVII, existieron minorías musulmanas en lugares como Sicilia, Nápoles o el sur de la Península Ibérica. Desde los siglos XII a XIII la tendencia cada vez mayor es aislarlos en comunidades cerradas -morerías- y someterlos también a restricciones legales varías, ya sean de tipo fiscal o legal como la prohibición de ejercer cargos públicos, muy estrictas sobretodo en lo que comporta el acceso a las armas o los oficios militares, pues siempre serán sospechosos de colaborar con el enemigo islámico al otro lado del Mediterráneo.

 la carta náutica portuguesa más antigua conocida
Planisferio de Cantino, la carta náutica portuguesa más antigua conocida (1502)

Artículo escrito por Luis Galan Campos, graduado en Historia.

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       Luis Galan Campos es graduado en Historia por la Universidad de Valencia. Actualmente cursa el Máster de Formación en el Mundo Occidental en la misma universidad. Su periodo histórico de investigación es la Edad Media (s. V – XV), contando entre sus áreas de trabajo la aristocracia occidental, la ideología de las élites, la Historia de las religiones y la construcción y establecimiento de los Estados.

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