EL FINAL DEL MUNDO IBÉRICO

Artículo escrito por Rosa Mercado Guirado, graduada en Historia.

Introducción

Tradicionalmente, se ha asociado a las diversas culturas ibéricas como pueblos prerromanos que habitaban en la Península Ibérica durante la II Edad del Hierro. Dentro de esta cultura, como se ha explicado en otros artículos con anterioridad, se pueden distinguir tres etapas cronológicas: El ibérico antiguo (VII-V a.C.) que tiene inicio con la introducción de la cerámica a torno y la extensión de la tecnología del hierro; el ibérico pleno (IV-III a.C.) en el que se da el máximo apogeo de la civilización y la proliferación de las ciudades; y el Ibérico tardío (final III- primera mitad del I a.C.). El tema tratado en la presente entrada consistirá en el fin del mundo ibérico, en el que se tratarán los últimos momentos de estas culturas y algunas de las causas del fin de estos pueblos.

El fin del mundo ibérico se da en una época en la que las diferentes tribus ibéricas se habían consolidado como Estado, o estaban en un punto previo a considerarse como tales. Es decir, estos Estados o protoestados tendrían escritura propia, una jerarquía de asentamientos y un control relativo de los diferentes territorios, unas formas de gobierno concretas (ya fuese mediante monarquías o consejos), y un comercio avanzado a partir del establecimiento de pesos y medidas y del uso de moneda.

Mapa de los pueblos prerromanos de la península Ibérica
Mapa de los pueblos prerromanos de la península Ibérica

La conquista de la península Ibérica

Comúnmente se tiende a pensar que el mundo ibérico finaliza con la llegada de los pueblos romanos a las costas de Empurias en el 218 a.C., en contexto de la II Guerra Púnica. Esta guerra llevó al enfrentamiento de los pueblos cartagineses, que se habían instalado en el sur y convivían con las etnias íberas de esa zona, con los pueblos romanos. La causa está clara, era una excusa perfecta en la intromisión de los púnicos en zonas amigas de Roma para imponerse bélicamente, frente a su mayor rival comercial y económico, haciéndose así con el control del Mediterráneo.

Para comprender el fin del mundo ibérico hay que retroceder al final de la I Guerra Púnica, ya que gran parte de estas etnias quedan bajo la influencia de Cartago, de la mano de la familia Barca. Esta sumisión se hizo mayoritariamente en la zona del Sur y el Levante peninsular, haciéndose mediante la captación de tributos, la imposición armada o las alianzas matrimoniales o comerciales, pudiéndose ver la perduración de estas alianzas posteriormente en la II Guerra Púnica. Este control se daba tanto por intereses económicos y de obtención de materias primas (principalmente minerales), como por intereses militares en los cuales Cartago se beneficiaba de la obtención de mercenarios iberos. La zona del norte del Ebro quedaba fuera del dominio cartaginés por los acuerdos hechos durante la I Guerra Púnica, aunque aun así en ella habitaban pueblos favorables a esta causa, como los Ilergetes. Esto provocó la expansión romana en el territorio con el fin de cortar las provisiones y detener el avance púnico, de la mano de la familia Escipión, que se impuso en esta zona a partir de tratados con las diferentes tribus o por la fuerza.

Ánfora griega encontrada en el yacimiento de Ampurias
Ánfora griega encontrada en el yacimiento de Ampurias

El declive de la civilización

Durante el trascurso de la contienda, gran parte de los pueblos iberos fueron conquistados o pasaron a estar bajo las manos del pueblo de Roma. Pero eso no impidió que entre ellos se organizasen varias revueltas, entre las cuales destaca la producida en el año 206 a.C., relatada por el historiador romano Tito Livio. En este levantamiento fallido Indíbil, caudillo de los pueblos ilergetas, junto con Mandonio, dirigieron una rebelión de varios pueblos del norte contra los procónsules romanos en la que participaron 20.000 infantes y 2500 jinetes iberos. Años más tarde, con la división de las provincias en Citerior y Ulterior, hubo nuevos levantamientos por parte de los ilergetes y sus aliados en el norte, y por parte de los turdetanos en el sur. Éstos fueron controladas con dificultades por parte de Roma, que se vio obligada a enviar a Marco Catón, quien esclavizó a gran parte de los pueblos revueltos y obligó a los íberos a desarmarse. Esto significó un duro golpe para estas culturas fuertemente militarizadas, que se incrementó con los edictos posteriores que obligaron a la destrucción de las murallas de los asentamientos más significativos.

Busto de Publio Cornelio Escipión el Africano
Busto de Publio Cornelio Escipión el Africano

Estos levantamientos significan una pervivencia y un enfrentamiento de estas culturas durante los primeros años de dominio romano. A su vez, encontramos varios indicios de perduración de estas culturas, ya que es en este período cuando se da un auge en la escritura y en la acuñación de monedas. En estas últimas, empiezan a aparecer acuñaciones bilingües, en las que aparece el nombre de las ciudades de acuñación en latín y en íbero, mostrando procesos de romanización incipiente. Al mismo tiempo, se dan inscripciones en las que aparecen nombres latinos ligados a individuos cuyos ascendentes eran indígenas. Muestra que las élites íberas, poco a poco, se fueron integrando en los círculos sociales romanos. En el ámbito económico, las redes productivas ibéricas fueron integradas dentro de los circuitos económicos romanos, con la paulatina sustitución de la cerámica ibérica por la cerámica campaniense o de barniz negro. En este proceso hubo un reaprovechamiento de las estructuras previamente creadas en el mundo ibérico para perpetuar la producción de estos pueblos a un nivel agrario, industrial y minero-metalúrgico.

Moneda Semis Ilergeta, ubicada en el Museo de Lleida
Moneda Semis Ilergeta, ubicada en el Museo de Lleida

En conclusión, el mundo ibérico acaba con la integración tanto militar como socio-económica al mundo romano, aunque tiene antecedentes en el mundo cartaginés. Este proceso no concluye con el fin de la II Guerra Púnica, habiendo períodos de colaboración entre ambas culturas y momentos de rechazo entre ellas, hasta lograr una completa asimilación.

Bibliografía

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  • Sanmartí, J., 2005. La conformación del mundo ibérico septentrional. Paleohispània, pp. 333-358
  • Salinas, M., 2006. Los pueblos prerromanos de la península Ibérica. Madrid: Akal

Artículo escrito por Rosa Mercado Guirado, graduada en Historia.

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       Rosa Mercado se graduó en Historia por la Universidad de Lleida en el año 2016. Actualmente estudia el Máster en Arqueología Clásica por la Universidad Rovira y Virgil (ICAC-URV-UAB) de Tarragona. Su principal línea de investigación en el presente es el uso e importancia de los metales en las sociedades protohistóricas de la península Ibérica. Además, ha participado en excavaciones arqueológicas de la cultura Ibérica en Cataluña.

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