CIENCIAS Y HUMANIDADES EN LA GRECIA ARCAICA

Introducción

La Época Arcaica es una fase cronológica de la Historia de la Antigua Grecia que se extiende aproximadamente entre el 750 y el 490 a.C., y que supone el momento decisivo de formación de los grandes logros alcanzados por la civilización griega a nivel político, cultural e intelectual en los siglos posteriores. Obviamente, no todo fue prosperidad y desarrollo en la Época Arcaica, ya que las guerras, no solo de unas ciudades-Estado con otras sino también en el seno interno de las mismas, se hicieron cada vez más frecuentes. No obstante, a nivel general podemos decir que la Época Arcaica de la Antigua Grecia fue un periodo en el que los ciudadanos vivían juntos en un estado de relativa paz, armonía y prosperidad.

Pieza cerámica de figuras rojas de temática mitológica

La filosofía griega

Como he dicho en la introducción, la Época Arcaica es el momento en el que se comienzan a gestar los grandes logros alcanzados por la civilización griega a nivel intelectual, y uno de ellos es sin duda el inicio del pensamiento filosófico. Los primeros filósofos se llaman presocráticos para así poder distinguirlos de los discípulos de Sócrates que vivieron en Atenas posteriormente, durante la Época Clásica. Más allá de esta diferencia cronológica fundamental, la diferencia entre presocráticos y socráticos radica en sus objetos de estudio. Los primeros centraron su atención sobre todo en estudiar y analizar la estructura y la evolución del universo físico, mientras que los segundos van a interesarse más por la ética, las relaciones entre los seres humanos, y la sociedad en general.

Obviamente, como en esa época no habían telescopios, los griegos solo conocían las estrellas y los cinco planetas que podían ver a simple vista. Y ahí está una de sus ventajas sobre la actualidad, ya que, al no haber ningún tipo de contaminación atmosférica o lumínica, o grandes edificios que lo taparan, el cielo nocturno se veía perfectamente, infinitamente mejor que el visto desde cualquier gran ciudad. Los filósofos presocráticos dieron los nombres de sus dioses y de sus personajes míticos a los planetas y las constelaciones, conservándose algunos hasta el presente, como la constelación de Orión o las Pléyades. Pero no solo los filósofos se desenvolvían con soltura con el cielo estrellado. Gracias a fuentes como Los trabajos y los días de Hesíodo sabemos que, a lo largo del calendario agrícola, los labradores eran conscientes perfectamente del momento ideal para realizar sus faenas estacionales en base a la posición de las constelaciones. Del mismo modo, cuando los griegos se hacían a la mar, fijaban su posición por la de los cuerpos celestes.

Página inicial de una versión bilingüe de “Los trabajos y los días” de Hesíodo impresa en 1539

Precisamente, estos viajes por el mar, los que implicaban la colonización y el desarrollo del comercio, fueron los que aceleraron el desarrollo del pensamiento astronómico, puesto que compartían conocimientos con otras civilizaciones. Por ejemplo, el contacto con Babilonia les permitió saber que ahí se llevaba a cabo un inventario de fenómenos astronómicos (como los eclipses, por poner un ejemplo) desde el 1600 a.C., lo que les llevó a deducir que los movimientos de las estrellas eran regulares y hasta algunas veces previsibles. No obstante, a diferencia de los babilónicos, los primeros astrónomos griegos sí que buscaron encontrar explicaciones a los movimientos celestiales, no solo para predecir el futuro de esos movimientos, sino para buscar los orígenes de la existencia. Para esto último, partían de la idea, al igual que en la actualidad, de que al principio solo había una o muy pocas sustancias, y de ahí surgieron todas las demás.

Tablilla de Venus de Ammisaduga, copia de una tablilla babilonia del 1600 a.C. que da una lista de las salidas y puestas de Venus en un ciclo de 21 años

Los primeros científicos

Por lo que sabemos hasta ahora, los primeros científicos griegos vivieron en Mileto en el siglo VI a.C., siendo conocidos no directamente por su trabajo, sino por ser citados y utilizados por filósofos y científicos de épocas posteriores, como Aristóteles. Estos científicos de Mileto fueron los primeros en abandonar las explicaciones sobrenaturales o religiosas de los fenómenos naturales para intentar buscar, en la medida de lo posible, una explicación física de los mismos. Tales de Mileto, el considerado como primer filósofo de la Historia de Occidente, logró predecir con éxito un eclipse solar y los solsticios, demostrando así que la duración de los días y la alternancia entre el día y la noche no eran cosas de caprichos divinos. También creía que el origen de la existencia se basaba en el agua, y que la tierra era plana y flotaba sobre ésta. Por el contrario, otro famoso filósofo, Anaxímenes de Mileto, pensaba que todo lo que existía se había desarrollado a partir del aire. Esta afirmación la justificaba argumentando que el aire podía transformarse en fuego, en viento y en nubes, y que al condensarse podía convertise en una sustancia sólida, justificando así su teoría de que la tierra era plana y flotaba en el aire.

Mapa en el que sale ubicada la ciudad de Mileto

Sin duda, uno de los científicos más influyentes, no solo de la Época Arcaica griega, sino de toda la Antigüedad, fue Pitágoras, famoso por ser el descubridor del teorema que lleva su nombre. Este famoso cosmólogo nació en la isla de Samos, abandonándola en el 531 a.C. a raíz de la tiranía de Polícrates. Desde ese momento, se estableció en el sur de Italia, donde vivió con un grupo de discípulos, los primeros pitagóricos. Las doctrinas filosóficas de estas comunidades impregnaban su vida diaria, de tal modo que, por ejemplo, eran unos estrictos vegetarianos, pues creían en la transmigración de las almas. Asimismo, Pitágoras creía que la aritmética era la clave para entender el universo, al postular que la tierra era una esfera situada en el centro de una serie de esferas huecas. En ese universo, las estrellas estarían fijas en el cascarón esférico externo, y los planetas en las esferas internas más pequeñas. Cada día la esfera giraba de este a oeste, mientras que las esferas planetarias lo hacían de oeste a este a diversos ritmos. Sus movimientos producirían un sonido, la armonía o música de las esferas, el cual no podríamos oírlo porque lo tenemos demasiado interiorizado.

Busto de Pitágoras

Bibliografía

BARCELÓ, P. (2001): Breve historia de Grecia y Roma. Alianza, Madrid.

CÁNFORA, L. (2003): Aproximación a la historia griega. Alianza, Madrid.

GÓMEZ ESPELOSÍN, F. (2001): Historia de la Grecia antigua. Akal, Madrid.

LANE, R. (2008): El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma. Crítica, Barcelona

POMEROY, S. [et.al.] (2012): La antigua Grecia. Historia política, social y cultural. Crítica, Barcelona.

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