CORRIENTES HISTORIOGRÁFICAS (IV)

Fragmento de un artículo publicado originalmente en la web de QueAprendemosHoy el día 24 de abril de 2017, al que puedes acceder para su lectura completa pinchando aquí

Introducción

En los años 80 surge otro debate historiográfico, conocido como “el debate sobre la fragmentación de la historia”. Se decía que la Historia se estaba desmigajando: frente a la coherencia de la historia social, que engarzaba todos los elementos y los dotaba de un significado, surge una nueva historia restringida a una serie de ámbitos particulares. La fragmentación de la historia se manifestó en que las nuevas generaciones de historiadores sociales comenzaron a dar un mayor peso a la cultura. Las limitaciones de la historia social, vista como excesivamente economicista y colectivista, produjo que aparecieran nuevas formas de hacer historiografía. Se buscaba resolver el problema de cómo estudiar, de manera concreta, cómo realmente los individuos está condicionados por su situación social, y qué grado de libertad ostentan.

Fotografía de Giovanni Levi

La microhistoria

La microhistoria es una corriente historiográfica que supone un intento de resolver este problema. Trata de determinar cómo las pequeñas comunidades se organizan y qué relación tienen con las condiciones imperantes, rompiendo así las barreras impuestas por una historia excesivamente teórica, generalista o sistematizada. El estudio de la vida cotidiana surge en estas circunstancias, analizando sus quehaceres cotidianos, sus condiciones de vida y cómo se desenvuelven individualmente. Los historiadores culturales dicen que las condiciones económicas determinan la acción de los individuos, pero en última instancia. Este modelo de historia se da sobre todo en Italia, con exponentes de gran altura como Carlo Ginzburg y Giovanni Levi. El trabajo más conocido de Levi se titula La herencia inmaterial, un estudio sobre la compraventa de tierra en una pequeña aldea italiana. El objetivo de estos microhistoriadores es rellenar lagunas en las aportaciones de la historia social: se construían grandes explicaciones históricas, pero no se analizaba el comportamiento de los sujetos históricos concretos. Yéndose a la información concreta se observaba que el comportamiento de los sujetos era mucho más diverso y complejo de lo que esas grandes explicaciones macroteóricas hacían. Cuando se reducía la escala de observación a grupos e individuos concretos, el margen de libertad que manifestaban era mayor de lo que precisaba la historia social.

Fotografía reciente de Carlo Ginzburg

Por tanto, la microhistoria surge de la necesidad de reducir la escala de observación para apreciar de forma concreta cómo funciona la sociedad. Al hacerlo, las grandes explicaciones se demuestran poco representativas en multiplicidad de casos. Una de las objeciones que se ha hecho a la microhistoria es, precisamente, su carácter exclusivista, cuestionándose hasta qué punto las opiniones divergentes de uno o unos cuantos individuos pueden influir en la totalidad de la sociedad. Ginzburg, por ejemplo, aboga por encontrar descripciones más realistas de la historia: frente a las grandes construcciones generalistas, propone desarrollar estudios que manifiesten cómo se desenvuelven las personas de forma particular. Toda sociedad tiene normas de funcionamiento, pero no todas las personas de la sociedad sigue el sistema normativo de la misma manera; de hecho, cabe la posibilidad de que las personas se rebelen contra esas normas.

Fotografía de George Rudé

La History Workshop

El proceso de renovación de la Historia siguió con el inicio en 1976 de la publicación que ha aglutinado a los Historiadores culturales británicos: History Workshop. Estos historiadores de los 80 y los 90, de los cuales el más representativo es Raphael Samuels, continuaron la línea de Edward Thompson estudiando la Historia cultural, pero introduciendo nuevos temas, como la Historia de las mujeres. Sin embargo, el que ha tenido mayor influencia, Patrick Joyce, es historiador del movimiento obrero. Llevó a cabo la revisión del concepto de clase de Thompson más allá, investigando las manifestaciones culturales en Inglaterra en el siglo XIX. Según Joyce, la clase obrera nunca tuvo conciencia de clase, desde el punto de vista de un marxista. Como mucho tendrían conciencia de pueblo, y no llegaron a definirse a sí mismo en función  de la clase a la que pertenecían. Esto iría en contra de Thompson, que nunca abandonó la idea de la conciencia de clase obrera, lo que Joyce rechaza y no ve por ningún lado.

Fotografía de Raphael Samuels

Fragmento de un artículo publicado originalmente en la web de QueAprendemosHoy el día 24 de abril de 2017, al que puedes acceder para su lectura completa pinchando aquí

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