EL SISTEMA EDUCATIVO ESPARTANO

Introducción

Esparta fue la ciudad más poderosa de la Antigua Grecia durante buena parte de los períodos arcaico y clásico, al ser admirada en tiempos de paz y temida en tiempos de guerra. Esto era en parte porque era diferente de las otras polis. Compartían una serie de instituciones y valores con el resto del mundo griego, como la sociedad patriarcal y politeísta, la mano de obra servil, la agricultura como base de su economía…, pero se diferenciaban en muchos otros aspectos, como en la gigantesca intervención que tenía el Estado en la vida de los ciudadanos espartanos, interferencia que existía en todos los estados griegos pero ninguno de manera tan intensa como en Esparta.

Mapa de la Península del Peloponeso y sus principales regiones y ciudades

Para la sociedad espartana, el hombre ideal era aquel que sabía comportarse con valor y destreza en el combate, sin darse a la fuga ni rendirse, aguantando firme y dando la vida por la ciudad si fuera necesario. Por este motivo, el sistema educativo de la antigua Esparta tenía como objetivo la formación de individuos que se correspondieran con este modelo: hombres que estaban obligados a estar en el servicio militar hasta los sesenta años, y manteniéndose en unas condiciones físicas lo mejor posibles. Este sistema educativo con rasgos exclusivos de Esparta estaba legitimado porque habría sido creado por Licurgo (el supuesto gran legislador espartano de la edad heroica), y no contenía la instrucción para cualquier otra profesión o modo de vida ajena a la militar.

Busto que representaría a Licurgo, el mítico legislador espartano

El proceso para crear esta especie de súper soldados empezaba desde el nacimiento, ya que el Estado tenía derecho a poder decidir si un recién nacido podía vivir o no. A diferencia de otras muchas ciudades griegas donde el padre era el que tenía esa potestad, en Esparta existían unos funcionarios del gobierno que examinaban a todos y cada uno de los varones espartanos recién nacidos para determinar la vitalidad del niño y su potencial como futuro soldado. En el caso de que se estableciera que no debía vivir, se abandonaba el bebé en algún lugar próximo al monte Taigeto. Como ya os podréis imaginar, los padres tampoco podían elegir como querían criar a sus hijos, ya que todos los niños recibían la misma educación supervisada por el Estado. Como en otras muchas ciudades griegas, la educación en Esparta estaba organizada por grupos de edad: niños, muchachos, mancebos, jóvenes y adultos. Y todo esto teniendo en cuenta que, a partir de los siete años, los niños abandonaban el domicilio familiar para ser educados en grupos llamados rebaños en los que se les empezaría a preparar para ser hoplitas fomentándoles la conformidad, la obediencia, la solidaridad grupal y la destreza militar.

Vista del monte Taigeto

A diferencia de los demás griegos, que solo hacían la guerra en verano, los espartanos estaban en un estado de permanente tensión bélica con los ilotas, por lo que siempre debían estar preparados para combatir todo el año si hiciera falta. La educación espartana de los varones, que tenían que llevar la cabeza rapada desde los doce años, se centraba exclusivamente en el ejercicio físico, con el objetivo de que pudieran aguantar y valerse por sí mismos en el campo de batalla cuando fueran hoplitas, por lo que se dejaban totalmente relegadas la enseñanza de la lectura, la escritura o las artes liberales. Este sistema educativo, que iba dirigido a endurecer sus físicos de la mayor manera posible, tenía algunas características extremas, como el hecho de ir siempre descalzos para fortalecer los pies o ir totalmente desnudos con frecuencia. De hecho, no llevaban nunca túnica, y solo tenían permitido vestir un único manto al año, independientemente de las condiciones climáticas. Los muchachos dormían en grupo en unas colchonetas que ellos mismos tenían que fabricarse, eran inspeccionados diariamente, y examinados desnudos uno por uno cada diez días por unos magistrados llamados éforos. Incluso, para desarrollar el ingenio y la confianza en sí mismos, se animaba a los niños a robar para aumentar su ingesta diaria de alimentos. Sin embargo, si les descubrían robando era como una señal de que no eras lo bastante hábil y eficaz, por lo que les castigaban con latigazos.

Todo este proceso educativo de endurecimiento era representado ritualmente cada año ante el altar de Ártemis Ortia. Un grupo de muchachos tenía que intentar robar un queso colocado en el altar situado al aire libre y defendido por un grupo de jóvenes mayores que ellos y provistos de látigos. El objetivo, aparte de conseguir la meta, era salpicar de sangre el altar, llegando a veces incluso a matar a los muchachos, que al morir y no resistir la prueba demostraban que no eran aptos para seguir viviendo. Todas estas actividades en grupo, incluidas las competiciones atléticas, servían para identificar a los jóvenes de más talento y para prepararlos de cara a convertirse en mandos del ejército.

Vista aérea del santuario de Ártemis Ortia en la actualidad

Desde los catorce a los veinte años, los mancebos realizaban un servicio militar preliminar. A los veinte se dejaban crecer el pelo y se afeitaban al estilo espartano, es decir, dejándose la barba pero eliminando el bigote. Entre los veinte y los treinta años se les permitía contraer matrimonio, aunque tenían que seguir viviendo con su escuadrón hasta los treinta. Para alcanzar la edad adulta, era imprescindible que al joven espartano lo admitieran en un syssition, es decir, un grupo de quince hombres de su escuadrón que comían juntos, fomentando entre ellos la lealtad, la solidaridad y la colaboración. Cada miembro del syssition estaba obligado a aportar de antemano una cantidad de comida y bebida determinada, teniendo en cuenta que la austeridad espartana exigía que la cocina fuera nutritiva y en raciones justas pero no demasiado generosas. La base de esta comida en común era un plato conocido como el caldo negro, que era como una especie de guiso de cerdo cocido en su sangre y sazonado con vinagre y sal.

Naturalmente, el porcentaje de éxito de este extremo sistema educativo para crear fieros combatientes no era total, por lo que había muchachos que no llegaban a desarrollarse como se esperaba y eran totalmente despreciados por la sociedad. Puesto que el valor demostrado en el campo de batalla era el único camino para conseguir la honra y el respeto social, cualquier muchacho que no los consiguiera era identificado y estigmatizado para siempre como un cobarde. Se les insultaba y humillaba públicamente, al estar obligados a llevar mantos con parches de colores y a afeitarse solo media barba. Incluso su familia les despreciaba, porque les había deshonrado al no poder ocupar ningún cargo público ni casarse.

Imagen que representaría a los miembros de un syssition

Bibliografía

BARCELÓ, P. (2001): Breve historia de Grecia y Roma. Alianza, Madrid.

CÁNFORA, L. (2003): Aproximación a la historia griega. Alianza, Madrid.

GÓMEZ ESPELOSÍN, F. (2001): Historia de la Grecia antigua. Akal, Madrid.

LANE, R. (2008): El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma. Crítica, Barcelona

POMEROY, S. [et.al.] (2012): La antigua Grecia. Historia política, social y cultural. Crítica, Barcelona.

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