LA ECONOMÍA EN LA ANTIGUA ESPARTA

Ilustración en el que se representa a un ilota trabajando bajo la supervisión de un espartano

Introducción

Esparta fue la ciudad más poderosa de la Antigua Grecia durante buena parte de los períodos arcaico y clásico, al ser admirada en tiempos de paz y temida en tiempos de guerra. Esto era en parte porque era diferente de las otras polis. Compartían una serie de instituciones y valores con el resto del mundo griego, como la sociedad patriarcal y politeísta, la mano de obra servil, la agricultura como base de su economía…, pero se diferenciaban en muchos otros aspectos, como en la gigantesca intervención que tenía el Estado en la vida de los ciudadanos espartanos, interferencia que existía en todos los estados griegos pero ninguno de manera tan intensa como en Esparta.

Mapa de la Península del Peloponeso y sus principales regiones y ciudades

La singular economía espartana

El sistema económico espartano tenía como objetivo permitir a los ciudadanos poder dedicar todo su tiempo y energías a la defensa y prosperidad militar de la polis, por lo que era el Estado el que se encargaba de garantizar que siempre tuvieran todo lo necesario para vivir, aunque sin ningún tipo de lujos, para cumplir los patrones de la austeridad espartana. Aunque los periecos, que negociaban con el resto del mundo griego, utilizaban monedas de plata y oro, a los espartanos propiamente dichos solo se les permitía usar monedas de hierro en forma de pequeñas barras o espetones. Por lo que sabemos, los espartanos siguieron empleando el hierro hasta finales del siglo V a.C., cuando se produjo una gran afluencia de oro y plata en Esparta tras la victoria en la Guerra del Peloponeso.

Moneda espartana de plata del siglo III a.C.

Como ya he dicho en otros artículos, la meta social de los varones espartanos era la de vivir en igualdad económica, lo que implicaba tener los ingresos mínimos necesarios iguales para todos para poder llevar el modo de vida espartano. En el plano teórico la igualdad económica se aplicaba hasta tal punto que, cuando se conquistó Mesenia, su territorio fue dividido en alrededor de nueve mil partes iguales, llamadas kleroi, cada una de las cuales fue asignada a cada uno de los alrededor de 9000 varones espartanos que existían en ese momento. Asimismo, cuando nacía un nuevo varón, el Estado le asignaba una parte de las tierras conquistadas, que llevaban aparejado un grupo o una familia de ilotas. De ese modo, los hombres y mujeres de Esparta no tenían que dedicarse a las actividades económicas para producir o comprar su sustento, ya que tenían a los ilotas para hacerlo por ellos.

Este sistema se basaba en el derecho indiscutible de cada propietario de un kleros a recibir una cantidad fijada de antemano del producto anual del trabajo de los ilotas. Asimismo, las obligaciones de los ilotas no fueron siempre las mismas, ya que fueron variando con el paso de los siglos y el gran declive demográfico de los espartanos. Sin embargo, no se sabe a ciencia cierta cuáles fueron concretamente estas obligaciones en cada momento. Según Tirteo (s. VII a.C.), los ilotas eran como aparceros, y estaban obligados a entregar a sus amos la mitad de su cosecha; según Plutarco (s. I d.C.), los ilotas tenían que entregar una renta fija de 70 medidas de cebada a cada espartano y de 12 para su mujer, además de aceite y vino.

Busto de Plutarco

Aunque no eran libres, los ilotas no eran como los esclavos de las demás ciudades griegas, ya que eran propiedad del Estado espartano, no de individuos particulares. Era el Estado el que asignaba los ilotas de cada espartano, por lo que no podían ser vendidos fuera de Esparta. Aparte de su deber de proporcionar el sustento al propietario de la parcela donde vivían de forma estable con sus familias, de prestar servicio en las tropas auxiliares, y de actuar como plañideros a la muerte de los reyes y de los magistrados, no tenían ninguna obligación concreta. De hecho, se les permitía vender en el mercado si querían los posibles excedentes de su cosecha para acumular así algo de dinero. No obstante, estaba claro que no iba a ser todo relativamente sencillo. Para que no nunca olvidaran que estaban esclavizados, los ilotas eran sometidos cada año a un apaleamiento. Además estaban obligados a llevar un vestido primitivo y humillante que los identificaba, hecho de pieles de animales y un gorro de cuero. El sistema del ilotismo diferenciaba a Esparta de los demás estados griegos, puesto que hacía de ella la única polis que contaba con un sistema económico totalmente dependiente de un grupo social dominado. Pese al predominio de la esclavitud en el mundo griego, en ninguna otra ciudad resultó tan decisivo para su supervivencia el trabajo de los grupos sociales más humildes. Del mismo modo, ninguna otra polis vio como su economía evolucionaba tan poco, ya que la base económica de Esparta siempre fue la agricultura.

Ánfora espartana sobre las carreras en los Juegos Olímpicos

Sin embargo, a pesar de la ideología de igualdad, las desigualdades económicas no desaparecieron nunca. Muchos espartanos contaron en su vida solo con su kleros para vivir, mientras que los más ricos poseían otras tierras y podían permitirse lujos como participar en los Juegos Olímpicos. Aun así, el papel desempeñado por las diferencias económicas a la hora de determinar la condición y el poder individual fue menor que en las otras polis griegas. Ricos o pobres, todos los espartanos habían sobrevivido al mismo examen al nacer, habían soportado el mismo entrenamiento, llevaban el mismo uniforme y luchaban codo con codo con las mismas armas en la falange.

Bibliografía

BARCELÓ, P. (2001): Breve historia de Grecia y Roma. Alianza, Madrid.

CÁNFORA, L. (2003): Aproximación a la historia griega. Alianza, Madrid.

GÓMEZ ESPELOSÍN, F. (2001): Historia de la Grecia antigua. Akal, Madrid.

LANE, R. (2008): El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma. Crítica, Barcelona

POMEROY, S. [et.al.] (2012): La antigua Grecia. Historia política, social y cultural. Crítica, Barcelona.

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