CRÍTICA DE “ENEMIGO A LAS PUERTAS”

Fotograma de la película

Artículo escrito por Jorge Álvarez, licenciado en Historia

Vamos a empezar por el final pero que nadie se asuste, que no me refiero al de la película sino al del personaje protagonista. En diciembre de 1991 fallecía en Kiev uno de los héroes de la batalla de Stalingrado. Se llamaba Vassili Záitsev y había conseguido abrirse un insólito hueco en la historia de la Segunda Guerra Mundial -generalmente copada por los generales y estadistas- al convertirse en el francotirador más letal del conflicto, sólo por detrás del finlandés Simo Hayha; sí éste logró entre quinientas y setecientas bajas enemigas, el primero también acreditó un apreciable número, casi doscientas cincuenta muertos, entre ellos nueve de los francotiradores alemanes que fueron enviados con la misión de eliminarle.

Vassili era natural de la región de los Urales; por tanto, un sencillo pastor que solía salir de caza con el rifle que le regaló su abuelo al cumplir doce años, pero que dejó el mundo rural al incorporarse a filas, ejerciendo entonces de administrativo. Probablemente nunca imaginó que aquellas jornadas cinegéticas iban a auparle a la fama hasta el punto incluso de aparecer en el cine. Pero así fue, debido a que a finales del verano de 1942 la Wehrmacht iniciaba la Operación Azul para llegar hasta los pozos de petróleo del Cáucaso y tratar de asfixiar así al Ejército Rojo, que había resistido inesperadamente en el frente norte. Como es sabido, esa operación también fracasó y las tropas alemanas se enfangaron en Stalingrado, ciudad que los soviéticos tenían que defender a cualquier precio, casa por casa, no sólo por su ubicación estratégica sino porque llevaba el nombre del líder de la nación y la propaganda siempre es un factor más en una guerra.

Fotografía del verdadero Vassili Záitsev

Este episodio de la Segunda Guerra Mundial es especialmente jugoso y se han rodado unas cuantas películas sobre él; la mayoría son rusas, como Días y noches, (1944), La gran crisis (1945), La batalla de Stalingrado (1949), Soldados (1956), Retribución (1967), Nieve ardiente (1972) o la más reciente, Stalingrado (2013), entre otras. Las aportaciones occidentales son la alemana Stalingrado (1993) y Enemigo a las puertas, una singular coproducción entre Francia, EEUU, Alemania, Reino Unido e Irlanda realizada en 2001. Se basa en el libro La batalla de Stalingrado-Enemigo a las Puertas, un concienzudo estudio que llevó a su autor, el escritor e historiador norteamericano William Craig, cinco años de trabajo y que publicó en 1973. Sobre ese original trabajaron en el guión Alain Godard y Jean-Jacques Annaud, reeditando así su colaboración en El nombre de la rosa. El trabajo no resulta especialmente sabroso, aunque  algunos diálogos son interesantes.  Annaud no era precisamente un desconocido y ya tenía un bien merecido prestigio, no sólo por la adaptación de la novela de Umberto Eco sino también por otros filmes igualmente destacables como En busca del fuego, El oso o El amante, con los que acumuló premios César. Ya en 1976 había ganado el Óscar a la Mejor Película Extranjera con Negros y blancos en color, pero cuando acometió este nuevo proyecto llevaba cuatro años de parón, quizá afectado por las críticas a Siete años en el Tibet.

Cartel oficial en español de la película

Enemigo a las puertas empieza justo en el momento en que Stalingrado pasa su momento crítico, cuando los alemanes están a punto de romper las defensas y llega a la ciudad Vassili Záitsev. Es un comienzo sobrecogedor en el que todo se muestra de forma deliberadamente impactante para abrumar al espectador de inicio -siguiendo el modelo de Salvar al soldado Ryan– y meterlo en ambiente como si estuviera en la piel del mismo Vassili; por eso se cumplen todos los tópicos establecidos al efecto: desde la metafórica bajada de los soldados de un vagón ferroviario cerrado con candado, cual ganado camino del matadero, al matadero mismo en forma de un barco que atraviesa el Volga bajo los raids rasantes de los cazas enemigos, pasando por la distribución de los hombres de dos en dos compartiendo fusil -si uno cae el otro lo recoge y sigue- o las cargas contra los parapetos enemigos con los comisarios del partido prohibiendo retroceder expeditivamente.

Ese pandemónium febril, casi agotador incluso para el que lo contempla desde la butaca, es el prólogo de la revelación del protagonista como extraordinario tirador; por cierto, algo que constituyó una sorpresa para él mismo según confesaría más tarde. Una habilidad con la que salva la vida de Danilov, un comisario político que, así, descubre una impagable forma de propaganda en tan dramáticos momentos: el providencial héroe que necesita el pueblo para levantar la moral. También la baza que jugar para ascender en el partido, máxime en un momento en el que se producen cambios en la cadena de mando porque la incapacidad del general Anton Lopatin para frenar a los germanos le supone el relevo y sustitución por Vassili Chuikov; y con él llega Nikita Kruschev dispuesto a “defender la ciudad o morir en el intento”.

El director Jean Jacques Annaud y Jude Law

A Vassili lo encarna Jude Law, que físicamente no se parece demasiado al auténtico y hacía aquí su primera actuación estelar tras haber despuntado en Gattaca y El talento de Mr. Ripley. Danilov está a cargo de un Ralph Fiennes manifiestamente mejorable, aunque hay que reconocer que su papel está bastante desatendido en el libreto. Y el siempre impagable Bob Hoskins es Kruschev, con un maquillaje un poco caricaturesco (aunque, de hecho, Kruschev tenía algo de ello y bien que se hiperboliza en el film). Por su parte, Rachel Weisz no era precisamente una debutante y ya se había ganado cierto prestigio por Belleza robada, así como apuntado un gran tanto comercial con La momia. Ella constituye el tercer vértice del triángulo amoroso que hay con Vassili y Danilov, algo endeble y desaprovechado en desarrollo dramático. En ese sentido lo mejor de la película está en el duelo personal entre Vassili y el mayor Köenig, un oficial alemán, también francotirador, que llega a Stalingrado voluntario para acabar con el ruso por motivos personales. Dicho enfrentamiento, que es el que articula la segunda mitad del film, ya aparecía en el libro de Craig y supone un desplazamiento del espectáculo pirotécnico anterior hacia esa especie de lance de honor, íntimo e intimista, que eleva el tono cinematográfico (aunque no llegue a rematarlo adecuadamente, dejando siempre la sensación de que la cosa daba para más).

Ed Harris caracterizado como su personaje en la película

Parte del mérito de esa mejora reside en el intérprete que asume el rol de Köenig. Ed Harris era un secundario de lujo, de ésos que suele parir Hollywood de vez en cuando y que cuando se les da un buen papel se comen la pantalla desplazando la atención hacia ellos. En su currículum hay buenos ejemplos, como su John Glenn de Elegidos para la gloria, el mercenario de Bajo el fuego o el realizador televisivo de El show de Truman, entre otros, algunos incluso como protagonista (Abyss, Pollock…) aunque sin llegar a alcanzar nunca el estatus de estrella. Casi se podría decir que su brillo en pantalla es inversamente proporcional a los minutos de que dispone.

Fueron muchas las críticas hacia Enemigo a las puertas. Los veteranos rusos la pusieron a caldo al no reconocerse en los combatientes extemporáneos que retrata; los comunistas también, por la imagen casi exclusivamente negativa con que se muestra todo lo relacionado con su ideología; los historiadores por ciertas inexactitudes argumentales (el final feliz no lo fue tanto en realidad) e incluso costumbristas (como la denuncia de un antisemitismo que aún no había en 1943); los aficionados a la militaria por la cantidad de errores en armamento (tanques T34-85 que aún no se habían fabricado, miras telescópicas erróneas…), uniformes (galones, grados) y eslóganes carteleros (al parecer los rótulos sólo hablan de socialismo y ni uno hace referencia al deseo de victoria); los críticos de cine, en fin, por los altibajos en el ritmo que provoca el excesivo metraje, la superficialidad del guión, el desdibujo de algunos personajes y la lástima de que lo mejor, que es el enfrentamiento entre el campesino Vassili y el aristocrático Köenig, sea constantemente interrumpido por subtramas de interés menor.

Fotograma de la película

Con todo esto, enemigo a las puertas queda como un atractivo espectáculo de entretenimiento, ni más ni menos. Pero a pesar de que la parte comercial termina engullendo a la más personal e interesante, el filme fue un éxito muy moderado: con los 68 millones de dólares que costó -la producción europea más cara de la historia-  recaudó 96, cuando se esperaba bastante más.

Artículo escrito por Jorge Álvarez, licenciado en Historia.

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       Jorge Álvarez es licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fue fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005), creador del blog “El Viajero Incidental”, y bloguero de viajes y turismo desde 2009 en “Viajeros”. Además, es editor de “La Brújula Verde”. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

2 Comentarios

  1. Me parece una crítica muy reseñable, porque incluye todo lo que se puede observar y decir de la película.

    Sí estoy de acuerdo, particularmente, en que monta y desarrolla muy bien las escenas de la batalla (primera parte), pero parece que podríamos haber tenido más en lo que respecta a las relaciones personales entre sus personajes (segunda parte).

    En cualquier caso, sólo la he visto en su estreno, hace ya casi 20 años, y no le ha vuelto a ver. Quizá haya llegado el momento de su revisíon.

  2. Hola:
    Excelente crítica de la película.

    La vi en su año de estreno y, como Carlos, ya es hora de volverla a ver.

    Muy buena película: no se hace pesada, para mí reparte equitativamente las escenas de acción y de momentos personales.

    Gracias por compartir tu punto de vista. 🙂

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