EGIPTO DURANTE EL PERIODO PTOLEMAICO (II)

Fragmento de un artículo escrito por mí y publicado originalmente en el nº8 de la revista online Egiptología 2.0. Puedes acceder al artículo y la revista completa a través de este enlace.

Introducción

Se conoce como periodo ptolemaico a la etapa de la Historia antigua de Egipto que comprende entre el 332 y el 30 a.C., abarcando desde la conquista de Egipto por Alejandro Magno hasta la muerte de Cleopatra VII. Estos tres siglos se caracterizan por la coexistencia de dos mundos egipcios totalmente antagónicos: por un lado, un mundo marcado por la inestabilidad política, la mala administración de la dinastía ptolemaica (305 – 30 a.C.), y la crisis económica; y por otro lado, un mundo en el que la cultura alcanzó un desarrollo sin precedentes, convirtiendo a ciudades como Alejandría en la capital mundial de la erudición y el conocimiento. Además, hay que tener en cuenta el contexto internacional en el que se desarrolla el periodo, con la gran expansión territorial de la Roma republicana y el dominio en Próximo Oriente del Imperio Seléucida.

Cronología de los principales soberanos de la dinastía ptolemaica

Economía y sociedad

Una vez que llegó al poder, la dinastía ptolemaica no alteró la compleja, estructurada y jerarquizada administración económica del Estado egipcio, puesto que era mucho más fácil adaptarse y heredar unas instituciones que para los egipcios habían funcionado eficazmente durante muchos siglos. Sin embargo, eso no significó que no hubiera cambios, con el objetivo de maximizar la eficacia y rendimiento de la economía. En busca de esa meta, por debajo del rey vamos a encontrar una estructura que cuenta con todos los rasgos del sistema egipcio, pero con la impronta particular de la cultura macedónica y griega. El funcionario más importante del Estado ptolemaico va a ser el dioiketes, el gerente jefe de la administración financiera del reino. Éste era ayudado por una gran cantidad de subordinados, incluidos el eklogistes, una especie de contable, y el idios logos, el responsable de los recursos privados del rey.

El Estado vigilaba todo proceso productivo de la actividad económica para poder obtener el máximo beneficio posible, siendo una de las medidas estrellas el notable incremento de la presión fiscal. De hecho, se estima que en el Egipto de la dinastía ptolemaica existían más de trescientos impuestos diferentes ligados a las actividades económicas. Para realizar tal actividad tributaria, los soberanos ptolomeos introdujeron una importante novedad, la acuñación de monedas propias. No era la primera vez que se usaba la moneda en Egipto, puesto que ya se habían utilizado monedas importadas para pagar a los soldados mercenarios, aunque sí era la primera vez que no solo se acuñaba en territorio egipcio, sino que se obligaba a que el pago de los impuestos fuera en moneda. El enfoque económico de la administración ptolemaica también se encuentra en los gobiernos locales, basados en los tradicionales nomos, de los cuales sabemos que existían unos cuarenta en esta época.

Representación de Ptolomeo I como uno más de los reyes egipcios

Dentro de cada uno de estos distritos administrativos, la actividad económica más importante era la producción agrícola. A nivel teórico, toda la tierra pertenecía a la Corona. Sin embargo, a nivel práctico, toda la tierra estaba dividida en dos categorías: basilike ge, la tierra del rey que era explotada por granjeros con un contrato de arrendamiento y un pago anual de renta; y la ge en aphesei, “la tierra remitida”, con varias categorías: hiera ge, la tierra entregada a los templos para su sustento económico; klerouchike ge, la “tierra trabajada por los clerucos”, es decir, las parcelas distribuidas por todo el país entregadas a soldados a cambio de su servicio militar; ge en doreai, la tierra asignada a sirvientes de la Corona como regalo por el ejercicio de un cargo gubernamental; idioktetos ge, la tierra por así decirlo privada que pertenecía a los ciudadanos corrientes y particulares; y por último, politike ge, la tierra asignada a las muy escasas ciudades helenizantes existentes en Egipto. Este férreo control estatal no solo se centraba en la producción agraria, sino que abarcaba todas las formas de actividad económica: la explotación de las minas y canteras, la producción de papiro, las operaciones del nuevo sistema bancario ptolemaico, el control de la moneda y el comercio tanto interno como externo…

Moneda egipcia de bronce acuñada en época ptolemaica

Si por algo se caracteriza la sociedad egipcia de la dinastía ptolemaica es por la gran diversidad de las gentes que la integraban, aunque estuvieran incluidos dentro de unos grupos sociales que no cambiaron mucho respecto a épocas anteriores. Por debajo del faraón, de la estructura del gobierno y de todo el aparato religioso estaban los artesanos, tanto los que mostraban su talento en los templos como los “autónomos” de ambos sexos que producían por su cuenta en los grandes centros de población para la venta al por menor. Les seguían por abajo los machimoi, es decir, los milicianos en su mayoría egipcios que actuaban como soldados o policías. El hecho de que los lotes de tierra que recibían fueran considerablemente más pequeños que los de los mercenarios extranjeros (la mayor no llegaba a los 5000 metros cuadrados, en comparación con los 50000 metros cuadrados a los que podía llegar para los mercenarios griegos) da a entender que su posición socioeconómica no era muy alta. De hecho, la productividad de estas tierras era tan baja que ni siquiera podían permitirse contratar trabajadores que los suplantaran cuando eran llamados al servicio militar, por lo que solían tener muchos problemas económicos.

No muy lejos en la escala social se hallaba el conjunto de los campesinos egipcios, constantemente enfrascados en la producción agrícola. Entre otras cosas, tenían que llevar a cabo la creación y mantenimiento del sistema de irrigación, la cría del ganado, la arboricultura o las tareas relacionadas con la producción de cereales y pienso. A pesar de que también hubo emprendedores exitosos que llegaron a arrendar parcelas a grandes terratenientes, lo más normal entre el campesino egipcio era trabajar la tierra como arrendatarios de terrenos de la Corona o del templo, o en grandes heredades, dejando poco o nada para algo que no fuera la subsistencia marginal.

Teledracma con la efigie de Ptolomeo I

Si bien es cierto que la escala social no se vio demasiado alterada, sí lo fue en el caso de la diversidad, al llegar a Egipto soldados macedonios, inmigrantes y mercenarios griegos, nuevos grupos de judíos y nubios, o nuevos conjuntos de esclavos de origen sirio por lo general. Esta diversidad se manifiesta en el hecho, por ejemplo, de la pluralidad de derechos, ya que no se va a juzgar por igual a un egipcio que a un heleno. De este modo, va a existir una jurisdicción diferente para cada uno de ellos, con tribunales propios que conservan su tradición jurídica. No obstante, ya sean nativos o extranjeros, todos son iguales ante la única ley común, la del rey, que es el que decide quién puede o no ser ciudadano egipcio. Asimismo, la diversidad de pueblos y culturas en un mismo territorio no se tradujo en una integración plena o una aculturación por parte de los dos grupos, como prueba el hecho de que los matrimonios mixtos fueran escasos o que solo los griegos pudieran acceder al gimnasio.

Árbol genealógico de la dinastía ptolemaica en Egipto

Fragmento de un artículo escrito por mí y publicado originalmente en el nº8 de la revista online Egiptología 2.0. Puedes acceder al artículo y la revista completa a través de este enlace.

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