Humanismo y ciencia en la República de las Letras

Artículo escrito por Inma Velarde, graduada en Historia.

Humanismo y crítica

Los humanistas habían introducido nuevos textos que permitieron una inmediata toma de contacto con las riquezas de la ciencia griega. La tarea de los humanistas se contempla como un estímulo para abandonar el empirismo aristotélico y generar un cambio de actitud intelectual dirigido al conocimiento de la naturaleza tras el “redescubrimiento” de Platón, Demócrito, Epicuro. En contacto con esta nueva cultura, o nuevo paradigma, los científicos, van a dar una respuesta alternativa al sistema aristotélico, la crítica, común al trabajo de los humanistas. Con la actividad mecánica, propia de los artesanos, pueden comprobar las nuevas hipótesis concebidas para explicar problemas con una deliberada y progresiva separación de la física y de la metafísica, aunque el “despertar de la ciencia” todavía no afecte a la fe de los científicos.

Copia romana de un busto griego de Platón

Asistimos a una modificación de la propia concepción del universo. Esto sólo podía cimentarse sobre una nueva “sutil mezcla entre ciencia y filosofía”. Destacaremos, entre todas las experiencias de renovación del XVII, la Accademia dei Lincei de Roma, primera gran academia de carácter científico. En ella sobresale la figura de Galileo Galilei que actuó en favor de las ciencias naturales, de la experimentación y de las técnicas. Detrás de ella vendrían las Academia del Cimiento y la Royal Society de Londres, cuyos miembros, a pesar de su compromiso con la ciencia moderna, no dejaron de cultivar la gramática, la retórica, las bellas artes, la moral, la teología y la metafísica.

El nuevo método cartesiano había insistido en la función determinante de la razón para la adquisición del conocimiento y resaltado el papel que la experiencia humana tenía en el proceso de aprendizaje. El éxito del Discurso del método para conducir bien la propia razón y buscar la verdad en las ciencias (Leiden, 1637) de Descartes daría origen a un cambio de paradigma. A partir de entonces, varios tratados de física y medicina mostraron que los “principios de la naturaleza y de las mecánicas” explicados por Descartes eran ciertos. El cartesianismo, como así se llamó a la doctrina de Descartes, también fue muy bien acogido por círculos eruditos y los salones mundanos.

Copia romana de un busto griego de Epicuro

La lectura y difusión de los escritos antiguos y las referencias de autoridad que el humanismo había traído a la ciencia, daría, no obstante, paso a la experimentación propiamente dicha y a la observación sistemática, base del alejamiento progresivo de la ciencia moderna de la Antigüedad clásica. Desde finales del XVII, el humanismo dejará de ser considerado entonces por los científicos como fundamento del conocimiento de la naturaleza.

Durante el medio siglo transcurrido entre el Discurso de Descartes (1637) y los Principia de Newton (1687) la historiografía ha situado la llamada “revolución científica”. Esta es una idea muy matizada, ya que, desde la Antigüedad, la astronomía no encajaba con la teoría aristotélica, lo cual siempre fue un motor para la realización de experiencias científicas. Las Academias y la difusión de sus trabajos por parte de sus miembros y los de la República de las Letras, con su sistema de comunicación y de transmisión de la información, favorecieron los avances científicos.

Retrato de René Descartes por Frans Hals

El proceso, en cualquier caso, constituye el resultado de la investigación y del trabajo intelectual acumulado. Muchas de sus novedades surgieron de los instrumentos técnicos que, en ocasiones, debían construir los mismos académicos. A pesar de que el trabajo manual aún estaba mal visto, el telescopio, renovado por Hans Lippershey hacia 1600, fue el camino a través del cual Galileo descubrió las imperfecciones en la luna.

Los hombres de ciencia contaron cada vez con mejores medios de exploración como el telescopio y el microscopio, que abrieron la exploración de dos infinitos muy diferentes. Se alcanzó, de este modo, un método propio que descansaba sobre las matemáticas y la física, disciplinas definitivamente separadas ya de la metafísica. En 1667 se instaló un observatorio en Paris y en 1675 otro en Greenwich. Fueron apareciendo nuevas instituciones de apoyo a la especialización y avance del trabajo de los investigadores. La tecnología fue apoyada decididamente por los Estados, por su interés en el avance de los nuevos hallazgos en materia de progresos bélicos y militares. La matemática sustituyó el método de los silogismos deductivos el renovándose de este modo los principios de rigor y de certeza.

Fresco decimonónico en el que Galileo enseña al Dux de Venecia el uso del Telescopio

Bibliografía

BERCÉ, Yves-Marie (1991). El siglo XVII: de la Contrarreforma a las Luces. Madrid, Akal.

BOWSMA, William J. (2001). El otoño del Renacimiento (1550-1640). Barcelona, Ed. Crítica.

FUMAROLI, Marc (2013). La República de las Letras. Barcelona, Acantilado.

GARÍN, Eugenio (1981). La revolución cultural del Renacimiento. Barcelona, Crítica.

Artículo escrito por Inma Velarde, graduada en Historia.

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       Inma Velarde es músico profesional, concretamente, violinista, (2009-2013) y graduada en Historia por la Universidad de Valencia (2013-2017). Actualmente cursa un Máster de Patrimonio Cultural en la misma universidad en el que centra su investigación en lo referente al Patrimonio Bibliográfico y Documental de la Península Ibérica. Colabora en diferentes proyectos de divulgación histórica y creó el blog “Historia y otros monstruos” en 2013.

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