El origen histórico de la Navidad

Artículo escrito por Laura Wagner, graduada en Historia.

Introducción

Durante siglos, el paso entre estaciones se marcaba con ritos dedicados a diferentes deidades. En el Imperio romano, una de sus festividades más importantes tenía lugar el día 25 de diciembre, cuando tenía lugar la fiesta del Sol Invictus. Esta celebración, cuando el cristianismo tomó fuerza, se transformó en la celebración del nacimiento de Cristo. El fastuoso Imperio Romano abarcó un inmenso territorio poblado por distintos pueblos con sus diferentes culturas y sus diversos dioses. Originalmente, en el Imperio el cambio de estación lo marcaban las fiestas de Saturnalia,  pero también las de Juvenalia.

Mapa del Imperio Romano y sus principales ciudades en el siglo II

El mitraísmo en el Imperio Romano

Muchas son las cosas que caracterizan a los romanos, pero especialmente destaca una, su pragmatismo. El carácter utilitarista de los romanos hizo que se aceptasen los cultos de otros dioses, llegando en algunas ocasiones a practicar y asimilar ritos de otros dioses. Independientemente de las deidades a las que adorasen, mientras cumpliesen con los ritos y festividades obligatorias del Imperio, para Roma no había problema. Uno de los dioses extranjeros con más aceptación en Roma fue el dios Mitra, aunque nunca llegó a ser reconocido como dios oficial. Este dios de origen asiático, que había nacido en una roca, es asociado al Sol Invictus. El mitraísmo en el Imperio Romano se hizo muy popular, siendo su festividad principal el día del supuesto nacimiento de Mitra, es decir el 25 de diciembre.

Sin embargo, es destacable que este culto al Sol Invencible ya se practicaba en Roma antes de la aparición de Mitra. Así, la heliolatría se comienza a dar con fuerza desde una época posterior a Alejando Magno, pues la metafísica aristotélica provocó que se empezase a pensar en una organización cósmica donde hubiese una fuente de poder primaria y única.

Escultura que representa al dios Mitra

El culto al Sol Invictus

Derivado de esta concepción encontramos los cultos a Zeús Hélios Sarapis, a Iuppiter Sol Sarapis, a Iuppiter Sol Optimus Maximo o a Dii Helio Mitra Faneti, unas deidades que comienzan a tener esos rasgos de unicidad pero que no son el dios único monoteísta. El culto al Sol Invictus que ya se extendía cada vez con más fuerza propició las reformas del emperador Heliogábalo, cuyas extravagancias no terminaron de convencer al pueblo romano y que se consideraba ante todo sacerdos amplissimus Dei Sol Invicti Elagabali. A pesar de su fracaso, unos años después el emperador Lucio Domicio Aureliano proclamó un edicto en el año 274 a través del cual reorganizó el culto al Deus Sol Invictus. De esta forma, pretendió unir tanto a los  filósofos como a los politeístas de Oriente y Occidente y, al mismo tiempo reforzó la figura de Roma y del emperador, ya que este último era el Sol Oriens, Restitutor et Conservador Orbis.

Moneda del emperador Marco Aurelio Probo con el Sol Invictus montando una cuadriga

El Cristianismo primitivo en Roma

Mientras el culto solar comenzaba a triunfar en Roma y el imperio intentaba resistir los embistes de las crisis económicas y políticas, una nueva religión surgida en los extrarradios del imperio se extendía. Los cristianos hablaban de un mesíasde un dios único. En este sentido, los cultos solares con aquella idea de poder único primario facilitaron que, llegado el momento, pudiesen unirse la Iglesia con el emperador. Un ejemplo es el episodio de la batalla del puente Milvio en la que el emperador Constantino ganó gracias a que fue ayudado por Dios, que le pidió que grabase el signo de Cristo en los escudos de sus soldados. Pero ese signo, el crismón, en realidad tiene connotaciones solares anteriores al cristianismo. El Edicto de Constantino del 313 por el que permitía la religión cristiana  facilitó su institucionalización y que fuese cobrando aún más fuerza.

En aquellos primeros años del cristianismo, conocido como cristianismo primitivo, los cristianos celebraban la pascua, es decir, el momento principal de la pasión y muerte de Jesús, pues el tema de la resurrección aún estaba en discusión. Y es que, durante los primeros siglos, existieron diferentes ramas del cristianismo. Para unos Cristo era un hombre adoptado por Dios (adopcionismo), para otros Jesús fue creado por Dios Padre pero estaba subordinado a él (arrianismo), también hubo quienes consideraban que Jesús era el Mesías, un hombre y que no era divino (ebonistas), entre otras muchas.

Moneda del emperador Constantino I con el crismón en el reverso

La fecha del nacimiento de Cristo

Fue especialmente a partir del siglo IV cuando, tras los diferentes concilios que fueron teniendo lugar,  ya se empezó a conformar el cristianismo tal y como lo conocemos hoy, tomándose diferentes decisiones, también referentes a la celebración del cumpleaños de Jesús. Sin embargo, también sobre esta crucial acontecimiento hubo grandes debates acerca de qué fecha elegir, pues en realidad en la Biblia no se cita ninguna en concreto. Cabe destacar que ya desde el siglo II en Oriente se celebraba la fiesta de la Epifanía, es decir, cuando los tres Reyes Magos van a visitar a Jesús nacido.

Muchas han sido las discusiones acerca de qué fecha debería ser elegida y diversos cálculos fueron realizados. Ya en el siglo IV hay indicios de que el papa Silvestre I, a principios de siglo, quiso impulsar como festividad el nacimiento de Cristo, aún más incluso parecen existir textos que hablan de la celebración de la Navidad alrededor del año 336. Sin embargo, no fue hasta unos años después, entorno al 340, cuando al parecer el papa Julio I institucionalizó la fiesta. No obstante, fue la unión de la iglesia y de los emperadores, y su relación con el culto solar preexistente, los que facilitaron que se acabase eligiendo y sustituyendo la fecha del 25 de diciembre, festividad del Sol Invictus, por la del nacimiento de Cristo. Finalmente, destacar que gracias a las estructuras del imperio, pero también al hecho de que casi todas las culturas celebrasen el paso entre estaciones más o menos en estas fechas, facilitó la asimilación del día de Navidad.

Parte superior del cuadro “La Adoración de los Magos”, de Bartolomé Esteban Murillo (1655-1660)

Bibliografía

BORTOLINI, J. (2009): Adviento y Navidad. Preguntas y respuestas sobre el ciclo de Navidad. Bogotá: San Pablo.

CHENOLL ALFARO, R. (1994): “Sol Invictus un modelo religioso de integración imperial”, en Baética: Estudios de arte, geografía e historia, nº 16, pp. 247-271.

FLETCHER, J. y ROPERO A. (2008). Historia general del cristianismo: desde los orígenes a nuestros días. Barcelona: Editorial CLIE.

LUCHI, J. P. y PRETTI PERIM, H. L. (2015): “O Cristo e a História, uma perspectiva dialética das querelas cristológicas”, en Mirabilia: Revista Eletrônica de História Antigua e Medieval, nº 20, pp. 272-279.

Los orígenes de la Navidad. Recuperado de National Geographic el 18 de diciembre de 2017.

Artículo escrito por Laura Wagner, graduada en Historia.

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      Laura Wagner Tinoco es graduada en Historia por la Universidad de Málaga. Ha estudiado el Máster de Documentos y Libros. Archivos y Bibliotecas en la Universidad de Sevilla. Actualmente, estudia el Máster de Igualdad y Género en la Universidad de Málaga. Es una apasionada de su trabajo, centrado en la Historia del Libro y en la Historia de la mujer.

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