La astronomía en la antigua Grecia

La Tierra es redonda Pitágoras, óleo de Pierre Narcisse Guerin en el s XVIII
La Tierra es redonda Pitágoras, óleo de Pierre Narcisse Guerin en el s XVIII

Introducción

La Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.) acabó con la prosperidad de la civilización griega, una de las más extraordinarias de la Antigüedad. El desarrollo del mundo griego en el siglo V a.C. no solo se manifestó a nivel militar o político, sino que también influyó en el mundo de las ciencias. Durante varios siglos, mientras se construían espléndidos templos y estatuas, se ensalzaban las obras de los dioses y los hombres en la literatura, y surcaban los mares cientos de barcos con fines militares o comerciales, algunas personas hicieron avanzar el campo de la astronomía en la Antigua Grecia. Miraron hacia el cielo y empezaron a hacerse preguntas acerca del universo y el papel que el ser humano tenía en él.

Tablilla de Venus de Ammisaduga, copia de una tablilla babilonia del 1600 a.C. que da una lista de las salidas y puestas de Venus en un ciclo de 21 años
Tablilla de Venus de Ammisaduga, copia de una tablilla babilonia del 1600 a.C. que da una lista de las salidas y puestas de Venus en un ciclo de 21 años

El inicio de la astronomía en la antigua Grecia

En el siglo VI a.C., los primeros filósofos griegos elaboraron diversas teorías sobre la forma de la Tierra y su lugar en el universo. El periplo intelectual que llevó a los griegos a pasar de una visión poética y divina del universo a una concepción matemática y racional no fue nada fácil. No obstante, la civilización griega no fue la primera en desarrollar el pensamiento astronómico. En Babilonia, por ejemplo, se llevaba a cabo un inventario de fenómenos astronómicos (como los eclipses, por ejemplo) desde el 1600 a.C.

El paso de la visión poética o religiosa del mundo a su concepción científica y racional, abierta a la observación y explicación de los hechos, fue protagonizada por los llamados filósofos presocráticos. Se llama así a un conjunto de pensadores griegos anteriores a Sócrates y sus discípulos que vivieron entre los siglos VI y V a.C., mayoritariamente en Jonia, en Asia Menor.

Tales de Mileto y Anaximandro

Tales de Mileto, considerado como el primer filósofo de la Historia occidental, nació en torno al 624 a.C. en la ciudad de Mileto. Tales afirmaba que la Tierra flotaba en el agua, teoría que no difería mucho de las que sostenían los astrónomos de otras civilizaciones, como la egipcia o la babilónica. Sin embargo, esta teoría tenía un gran punto débil: si la Tierra necesitaba el apoyo físico del agua para sostenerse en el universo, ¿dónde se apoyaba el agua?

Ilustración decimonónica de un busto de Tales de Mileto
Ilustración decimonónica de un busto de Tales de Mileto

En esta misma contradicción cayeron otros filósofos contemporáneos, como Anaxímenes, que creía que se sostenía en el aire, o Jenófanes, que pensaba que la Tierra era maciza hasta ocupar todos los espacios. No obstante, más allá de esta teoría, Tales de Mileto ha pasado a la Historia también por el teorema matemático que lleva su nombre y por haber predicho con éxito un eclipse de sol en el 585 a.C.

Fue Anaximandro de Mileto, discípulo de Tales, el primero en superar el problema del apoyo de la Tierra. En su teoría propuso que estaba suspendida en el centro del universo, e inmóvil gracias a su perfecto equilibrio y homogeneidad. Anaximandro pensaba que la Tierra era como una sección de una columna de piedra, de tal modo que su altura era un tercio de su anchura, y los hombres habitaban en la cara superior. Asimismo, este presocrático afirmaba que el mundo se había originado a partir de una esfera de fuego en torno a la Tierra, que al romperse había formado el Sol, la Luna y las estrellas.

Pitágoras y la escuela pitagórica

Pitágoras de Samos, uno de los pensadores presocráticos más influyentes, nació en la isla de Samos en el 569 a.C. La escuela pitagórica fundada por este filósofo adoptó desde el principio dos ideas de sus predecesores presocráticos: la de la Tierra como una superficie redondeada de Anaximandro, y la de las estrellas fijas sujetas a una esfera de cristal celeste de Anaxímenes. Partiendo de esta base, los pitagóricos creían que el universo era una esfera que giraba en torno a un eje cuyo polo visible era la constelación de la Osa Menor. Asimismo, Pitágoras afirmaba que la Tierra era una esfera que se encontraba en el centro del universo.

La Tierra es redonda Pitágoras. Pitágoras, figura relevante en la astronomía en la antigua Greica
La Tierra es redonda Pitágoras, óleo de Pierre Narcisse Guerin en el s. XVIII

A pesar de sus aciertos, basados en la deducción a partir de la observación del cielo, algunos pitagóricos también tenían teorías más rocambolescas. El matemático Filolao, nacido en torno al 470 a.C., aseguraba que la Tierra y el resto de astros giraban en torno a un fuego central al que llamaba “Trono de Zeus” “Atalaya de Zeus”. Asimismo, afirmaba que existía un planeta igual a la Tierra, pero que era invisible para nosotros porque estaba ocultado siempre por el Sol.

Aristóteles, Arquímedes y Aristarco

En el siglo V a.C. llegaron al mundo griego los conocimientos astronómicos de Babilonia, mucho más avanzados que los de Grecia. A partir de este momento, se aceleró el ritmo de los descubrimientos científicos que permitieron ir elaborando nuevas y más sofisticadas teorías sobre el Universo. A mediados del siglo IV a.C., Aristóteles apoyaba la teoría según la cual la Tierra era una esfera y el Sol y las estrellas giraban en torno a ella. También suponía que los cálculos de los matemáticos y astrónomos para medir la circunferencia de la Tierra, en los que afirmaban que medía 72000 kilómetros, casi el doble de la cifra correcta, eran bastante exactos.

Estatua de bronce de Arquímedes en Berlín
Estatua de bronce de Arquímedes en Berlín

Ya en el siglo III a.C., Arquímedes, el célebre matemático y astrónomo nacido en Sicilia en el 287 a.C., se hacía eco de las teorías postuladas décadas antes por Aristarco de Samos. La gran importancia de este astrónomo radica en que fue el primer científico conocido de la Historia que propuso un modelo heliocéntrico del Universo. Para Aristarco, todos los planetas, incluida la Tierra, giraban alrededor del Sol, que estaba inmóvil en el centro del Universo. Asimismo, también fue el primero en afirmar que la Tierra giraba sobre su propio eje.

Desgraciadamente, la visionaria teoría heliocéntrica de Aristarco de Samos quedó totalmente en el olvido durante siglos. Los científicos griegos y romanos posteriores prefirieron adoptar modelos geocéntricos del Universo como el de Ptolomeo, que sería el que dominaría sobre todos los demás durante toda la Edad Media. No sería hasta la Edad Moderna, con la llegada de Nicolás Copérnico Galileo Galilei, cuando el gran estancamiento medieval se rompería y la astronomía llegaría a una nueva etapa de descubrimientos.

Bibliografía

BARCELÓ, P. (2001): Breve historia de Grecia y Roma. Alianza, Madrid.

CÁNFORA, L. (2003): Aproximación a la historia griega. Alianza, Madrid.

GÓMEZ ESPELOSÍN, F. (2001): Historia de la Grecia antigua. Akal, Madrid.

LANE, R. (2008): El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma. Crítica, Barcelona.

ORTIZ, P. (2018): “La Tierra vista por los griegos”, en Historia National Geographic, nº 170, pp. 52-65.

POMEROY, S. [et.al.] (2012): La antigua Grecia. Historia política, social y cultural. Crítica, Barcelona.

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