Corrientes historiográficas: el giro lingüístico

Fragmento de un artículo sobre el Giro lingüístico publicado originalmente por Mario Marrero Hernández en la web de La Trova el día 18/06/2018. Puedes acceder a la versión original y completa del mismo a través de este enlace.

¿Qué es el giro lingüístico?

Los estudios humanísticos, y particularmente los historiográficos, se desarrollan en el marco de una serie de planteamientos sobre la naturaleza humana y el método científico. Éstos han ido reinventándose y evolucionando – si es que puede emplearse tal calificativo – con el paso de los años. Ello ha llevado a los investigadores a enfocar su trabajo siguiendo una serie de pautas o paradigmas, organizándose en una serie de tendencias o escuelas historiográficas, que clasifican las aportaciones de la investigación en función de las premisas y conceptos en las que éstas se fundamentan. 

El giro lingüístico es un planteamiento de las ciencias sociales que asume que la percepción que tenemos del mundo está condicionada – e incluso determinada – por el lenguaje que utilizamos para comprenderlo. Según este presupuesto, el discurso de la Historia sería una construcción, un artificio, una suerte de impostura documentada sobre el pasado. Todos estos supuestos se sustentan sobre una nueva conceptualización del lenguaje, que en el pasado había sido entendido como una herramienta de transmisión del conocimiento, y que ahora recibe un papel activo en el proceso intelectual; es decir, no podemos pensar aquello que no puede plasmarse en palabras.

Portada del libro El mundo como representación de Roger Chartier, representante del giro lingüístico
Portada del libro El mundo como representación de Roger Chartier, representante del giro lingüístico

La realidad histórica es caótica y amorfa hasta que la historiografía concatena los fenómenos y les da una explicación: los hechos históricos están relacionados entre sí, sometidos a una trama y jerarquizados, recibiendo un sentido que no está exento de subjetividad. La praxis historiográfica se define como un ejercicio retórico; los historiadores escriben un relato que debe ceñirse a las posibilidades de expresión existentes, y que por tanto está sujeto a las mismas técnicas y limitaciones de la literatura.  

La nueva metodología del giro lingüístico

Frente a la actitud positivista, que asumía sin fisuras lo recogido en las fuentes escritas, la nueva historiografía debe someterlas a un proceso de deconstrucción, analizando lo que el texto pretende decir y cuál es su intencionalidad. Así la fuente deja de ser una verdad absoluta y pasa a convertirse en un obstáculo situado entre los hechos y el historiador, que ve mediatizado su análisis histórico por la dependencia de una información limitada y a menudo parcial. A este hándicap debe sumarse la propia subjetividad del historiador, definida por su mentalidad y sus limitaciones intelectuales. 

La realidad acontecida se expresa según un discurso que nunca es neutro, y por tanto sus matices pueden orientar la interpretación de los hechos en uno u otro sentido. Estos enfoques pueden suponer una amenaza contra la verdad histórica, y es por ello que deben ser cuidadosamente asumidos y explicados por los autores, que asimismo deben comprender cuáles son las circunstancias y contextos en los que realizan sus aportaciones y cómo estos pueden deformar su discurso. 

Portada del libro Metahistoria de Hayden White
Portada del libro Metahistoria de Hayden White

Características del giro lingüístico

La nueva historiografía se ha centrado en abandonar algunos principios fundamentales en las escuelas clásicas. El primero de ellos es el paradigma de la historia global, que buscaba articular los distintos niveles de la sociedad en una única historia universal, con unos condicionantes y resultados genuinos y aplicables a la totalidad de sociedades e individuos, sin tener en cuenta una serie de elementos que resultarían característicos y exclusivos de una parte de los mismos.

Por esa misma regla se abandonan los estudios regionales, restringidos a un ámbito geográfico reducido, y por tanto aislados del análisis de aquellos fenómenos que se ven extendidos fuera de esos entornos concretos. Otra barrera que se supera es la idea de que la estratificación social condiciona los productos culturales, y con ello el supuesto de que la situación en el organigrama social determina el pensamiento y la cultura de los individuos.

Portada del libro Futuro pasado de Reinhart Koselleck
Portada del libro Futuro pasado de Reinhart Koselleck

Bibliografía

BIERSACK, A. (1989): The new cultural history. Ed. Lynn Hunt. Berkeley: University of California Press.

CHARTIER, R. (2002): El mundo como representación: estudios sobre historia cultural. Gedisa.

DE CERTEAU, M. (1993). La escritura de la historia. Universidad Iberoamericana.

GADAMER, H. G; OLASAGASTI, M. (2005). Verdad y método. Ed. Sígueme, Salamanca.

KOSELLECK, R. (1993): Futuro pasado. Para una semántica de los tiempos históricos. Ed. Paidós Básica.

RICOEUR, P. (1984): Temps et récit. Editions su Seuil.

SPIEGEL, G.M (1990): History, historicism, and the social logic of the text in the Middle AgesSpeculum.

WHITE, H. (1992). Metahistory: the historical imagination in the 19th Century Europe. JHU Press

Fragmento de un artículo publicado originalmente por Mario Marrero Hernández en la web de La Trova el día 18/06/2018. Puedes acceder a la versión original y completa del mismo a través de este enlace.

Para saber más


       Mario Marrero Hernández es graduado en Historia por la ULL. Codirector, fundador y editor de La Trova, colaboro habitualmente en La Trova Podcast. Entre mis aficiones se encuentran la literatura y la poesía, escribiendo mis versos bajo el pseudónimo de Gasusa. También la música, participando como guitarrista en proyectos musicales varios y grupos como Demo o Momento Beat. Actualmente soy guitarrista, cantante y letrista de la banda de rock Garimba.

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