Alcibíades, el indomable político ateniense

Fragmento de un artículo sobre Alcibíades publicado por Gerard Maldonado para la web Akrópolis el día 02/05/2016. Puedes acceder a la versión original y completa del mismo a través de este enlace.

Introducción

Nacido y crecido en el seno de la aristocrática familia Alcmeónida y muy bello de apariencia, Alcibíades fue siempre uno de los jóvenes más visibles de la ciudad de Atenas. Su parentela con Pericles, su intensa relación con su maestro y gran filósofo Sócrates, además de su carácter atrevido, encarado y guiado por los placeres, enseguida coparon la atención de la ciudadanía ateniense, pues desde bien joven estuvo involucrado en muchos problemas.

Gozando de una buena oratoria, consiguió que sus primeras apariciones públicas fueran muy tempranas, atesorando una creciente popularidad que le llevó a ser uno de los hombres destacados durante el final de las guerras del Peloponeso. Este conflicto supuso un auténtico desafío para su propio carácter, ambicioso a la vez que irreflexivo, pues tuvo que enfrentarse a complicados contratiempos que a veces él mismo se había creado, llevándole estos problemas hacia su propio entierro político.

Estatua sedente de Sócrates en la Academia Moderna de Atenas

La juventud de Alcibíades

Ya desde muy joven, Alcibíades fue perseguido por muchos aduladores. Éstos, acechándole y tratando de ganarse su confianza mediante obsequios, provocaron que uno de los filósofos más prolíficos de Atenas se fijara en él. Sócrates, que en esos momentos aún no estaba ni en la cuarentena de edad, se propuso defenderlo y no desampararlo, con el objetivo de educar a uno de los atenienses con un futuro más prometedor.

Aunque Sócrates se propuso desde el principio llevarle por el buen camino hacia la virtud o areté, libre de corrupción y deleites, el carácter influenciable e imprudente de un joven como Alcibíades a menudo fue difícil de apaciguar. No son pocas las obras pictóricas que relacionan al discípulo de Sócrates con grandes banquetes y encuentros amorosos.

A medida que esto iba ocurriendo, Sócrates se daba cuenta del complicado carácter que atesoraba su alumno, y aunque Alcibíades siempre mantuvo la predisposición a aprender de su maestro, no supo contener sus instintos, pues al mínimo despiste del filósofo, el joven se dejaba arrastrar por sus amantes y admiradores.

Sócrates buscando a Alcibíades en la casa de Aspasia, de Jean-Léon Gérôme (1861)
Sócrates buscando a Alcibíades en la casa de Aspasia, de Jean-Léon Gérôme (1861)

En el 434 a.C., y con tan sólo dieciséis años (nació el 450 a. C.), Alcibíades marchó con Sócrates a combatir a Potidea junto a otros miles de atenienses. Esta ciudad, situada en la norteña península Calcídica, en la Tracia, trataba de hacer defección de Atenas. El progresivo pero imparable imperialismo ateniense por el mar Egeo, no permitía que ninguna de las polis de la Liga de Delos abandonara la Confederación. Es por eso que Pericles decidió enviar sus tropas para derrotar esta insurrección, la cual se dilató varios años en forma de asedio. En este contexto se produjeron varias batallas entre ambos contingentes, en una de las cuales estuvo a punto de morir Alcibíades. Herido y desprotegido, fue socorrido por su maestro Sócrates, quien le salvó la vida en una acción que nunca olvidaría. De hecho, diez años después, en la batalla de Delio, fue Alcibíades quien consiguió salvar la vida de Sócrates recogiéndole en retirada con su caballo. Con estas actuaciones, los dos aumentaron el respeto que se profesaban.

Esas actuaciones aumentaron el respeto que se profesaban pero para desgracia de Sócrates, Alcibíades continuó tomando decisiones propias alejándose de esa deseada areté. Además, tras vencer en los juegos olímpicos en la carrera de carros, su ambición se puso por las nubes, y aunque todavía era muy joven, se animó a introducirse en la política ateniense.

Busto de Alcibíades conservado en los Museos Capitolinos de Roma
Busto de Alcibíades conservado en los Museos Capitolinos de Roma

El ascenso político de Alcibíades

Antes de llegar a los treinta años de edad, Alcibíades había logrado hacerse un hueco en la complicada política de Atenas. Codeándose con los más influyentes del momento, consiguió ganarse el respeto de un sector de la ciudadanía, aunque por otra parte, se generó algún que otro enemigo. Con quien mantuvo la relación más complicada fue con Nicias, hijo de Nicérato, un aristócrata muy rico gracias a las posesiones familiares en las minas de plata del Laurión.

El mismo Nícias, un año más tarde, en el 421 a. C., firmó la paz con los lacedemonios. La llamada Paz de Nícias puso fin a la primera parte de la Guerra del Peloponeso, además de devolver los cautivos de guerra y prácticamente todos los territorios a su dueño inicial. Alcibíades, indignado porque no le habían tenido en cuenta durante las negociaciones, trató de romper el tratado con el que Nícias se había ganado el aprecio de los atenienses. Envió mensajeros a la ciudad de Argos, tradicional enemiga de Esparta, y maquinó una alianza con Mantinea y Elis, otras polis del Peloponeso.

Con esto, provocó que los espartanos enviaran a su vez embajadores a Atenas, preocupados con la alianza y con otros aspectos de la reciente paz con Nicias. Sin embargo, durante la Asamblea de los ciudadanos que debía tratar estas cuestiones, Alcibíades maniobró de tal modo que consiguió desacreditar por completo a los emisarios espartanos, pues les hizo afirmar en público que no habían venido con plenos poderes para negociar, aún y haberlo dicho anteriormente en el Consejo.

Busto de Nicias
Busto de Nicias

Con este engaño y con el posterior fracaso de Nicias con las negociaciones en Esparta, aprovechando su cargo de estratego, Alcibíades consiguió que fuera aceptada su alianza con Argos, Mantinea y Elis, lo que le permitió, pese al prematuro fracaso de este pacto, erigirse como el gran político del momento. Esa preponderancia conllevaba un riesgo muy evidente que tanto él como Nicias conocían. El peligro del ostracismo husmeaba alrededor de ambos estadistas, pues tanto una facción como la otra deseaban la condena para su rival. Pese a eso, de manera inesperada, los dos enemigos políticos se aliaron y conjuraron contra un tercero en discordia: un tal Hipérbolo, político muy poco apreciado entre el pueblo. Entre risas, Hipérbolo abandonó la ciudad el año 417 a. C. a causa del ostracismo, siendo el último caso de exilio por esta práctica política.

Era evidente ya que Alcibíades gozaba de una influencia considerable, y que junto a Nicias conformaba el hombre más destacado de Atenas. A pesar de esto, Alcibíades no había nacido para dirigir una ciudad en paz, y su carácter ambicionaba otros proyectos…

Fragmento de un artículo sobre Alcibíades publicado por Gerard Maldonado para la web Akrópolis el día 02/05/2016. Puedes acceder a la versión original y completa del mismo a través de este enlace.

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