Crítica de “Gerónimo”

Fotograma de la película con Wes Studi caracterizado como Gerónimo
Fotograma de la película con Wes Studi caracterizado como Gerónimo

Primera parte de la crítica sobre “Gerónimo” escrita por Jorge Álvarez, licenciado en Historia.

El equipo detrás de “Gerónimo, una leyenda”

No tenía ni el carisma indiscutible de Cochise ni la dignidad noble de Victorio y, de hecho, si exceptuamos la dimensión mediática a la que le llevó su tenaz carácter indómito, probablemente Gerónimo sería bastante menos popular de lo que es hoy. Porque cuando se raspa un poco en la superficie encontramos una personalidad muy compleja que alternaba candidez pueril con crueldad implacable, determinación indómita en unas cosas con debilidad de voluntad en otras, liderazgo entusiasta para sus incondicionales con rechazo para el resto.

Viéndolo en positivo, un bocado muy apetecible para un cineasta atrevido que podría sacar oro de un guión si éste estuviera a la altura incuestionable del personaje. Por eso resulta un poco frustrante la película que produjo Columbia Pictures en 1993 con el título Geronimo: An American Legend, titulada aquí Gerónimo, una leyenda. Decepción porque tras las cámaras había un equipo que, a priori, reunía todos los números para hacer un buen trabajo, serio, independiente, profundo y alejado de las deprimentes tendencias cinematográficas actuales.

Cartel de la película Gerónimo, una leyenda americana
Cartel de la película Gerónimo, una leyenda americana

Primero, en la dirección estaba un tipo fuera de lo común: Walter Hill, miembro de esa generación de los años setenta en la que se alinean Scorsese, Coppola, Spielberg, Lucas, De Palma, Schroeder o John Milius. Que además es un guionista excepcional que suele dirigir sus propios textos, alumbrando títulos de prestigio como The Warriors, Límite 48 horas, Calles de fuego o Forajidos de leyenda, entre otros, y que contaba a su favor con el hecho de ser un declarado fan del western en general y de John Ford en particular (de hecho, le homenajea incluyendo en la película un baile de oficiales y rodando exteriores en el emblemático Monument Valley, pese a que el grueso de la historia real transcurrió en la Sierra Madre mexicana).

Y segundo, contaba con un outsider de la dimensión del citado John Milius como guionista, su gran especialidad por encima de su también apreciable labor de director (Conan, el bárbaro, El viento y el león, Adiós al rey…); no en vano fue autor de los libretos de Las aventuras de Jeremiah Johnson, El juez de la horca, Harry el Sucio (no acreditado) y, sobre todo, de la valiente adaptación de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad para Francis Ford Coppola en lo que sería Apocalypse now, por la que recibió el Oscar.

Incluso se podría sumar al grupo al guitarrista y compositor Ry Cooder, encargado de la banda sonora y colaborador habitual de Hill, que ha dejado en los oídos de todos los cinéfilos algunos acordes tan singularmente inolvidables como los inconfundibles rasgueos de guitarra de París, Texas o las partituras de las citadas Calles de fuego y Forajidos de leyenda.

Fotograma de la película con Wes Studi como Gerónimo a la cabeza
Fotograma de la película con Wes Studi como Gerónimo en el primer plano izquierdo

Gerónimo, una leyenda no, una decepción

Pese a todo lo dicho, el resultado no fue el esperado, a pesar de que en los años anteriores se habían estrenado con mucho éxito tres films que trataban del revitalizar el género: Bailando con lobos, El último mohicano y Sin perdón. Pero, al contrario que las aclamadas obras de Kevin Costner, Michael Mann y Clint Eastwood, Gerónimo, una leyenda carecía de algunos elementos que suelen contentar al público: no había grandes estrellas en el reparto ni historia romántica ni personajes femeninos (estaba la esposa del protagonista pero al final se eliminó), los medios eran bastante más limitados y la narración resultaba algo fría, historicista en el peor sentido de la palabra, a pesar del empeño de Hill.

Así, Gerónimo, una leyenda, constituye uno de los grandes desastres económicos de la historia del cine, con 18,6 millones de dólares recaudados para un presupuesto de rodaje de 35 millones. Algo que Hill achacó a que la semana anterior un canal de Ted Turner pasó un telefilm reciente con el mismo argumento. Eso podría explicar el fiasco de taquilla pero no el sabor amargo que deja la película y no me refiero sólo a la trágica historia de los apaches chiricahuas.

Fotograma de la película con Wes Studi caracterizado como Gerónimo
Fotograma de la película con Wes Studi caracterizado como Gerónimo

Hill y Larry Gross, otro frecuente colaborador suyo que además de firmar con él los guiones de Límite 48 horas y Calles de fuego solía escribir argumentos para series de televisión (Mike Hammer, MacGyver, etc), revisaron el trabajo de Milius, que inicialmente se había centrado en los primeros años de la rebelión de Gerónimo y poco a poco, a lo largo de ocho intensos meses, fueron cambiándolo hasta ir al extremo contrario, su derrota final. Milius no ocultaba su admiración por el personaje y su carácter irreductible, con el que se identificaba plenamente; el resultado definitivo mantiene esa visión heroica porque, como decía Hill, la Historia (con mayúsculas) no funciona como elemento dramático.

Críticas y carencias de “Gerónimo”

El problema es que la cosa rechina. Gerónimo aparece con todas sus virtudes pero desprovisto de sus aspectos más negativos, quedando demasiado plano y, lo que es peor, alejado de la realidad. Quizá pesó la idea original del estudio de hacer un film sobre los sioux y ese aura mística que los envuelve convirtiéndolos en los atenienses americanos frente a los apaches que, como comparaba el mismo Gross, serían los espartanos. El caso es que la película muestra a un Gerónimo clarividente (lo era realmente, o por tal le tenían los suyos, que aseguraban que sus visiones acertaban siempre), serio y filósofo, obviando sus borracheras (una de las cuales le dejó inconsciente una noche al raso, haciéndole enfermar de neumonía y matándole a la postre), su brutalidad (mataba incluso a mujeres y niños) y el recelo que despertaba entre muchos de los suyos (puesto que ni siquiera era jefe).

Fotografía del verdadero Gerónimo
Fotografía del verdadero Gerónimo

Los más críticos le consideran simplemente un inadaptado, incapaz de asimilar el cambio de los tiempos y de adecuarse al nuevo estilo de vida impuesto por el vencedor. Por eso se escapó varias veces de la reserva por razones algo etéreas, una creyendo erróneamente que le iban a ejecutar, otra tras rebelarse en defensa de un visionario (luego él mismo admitió que se había dejado engañar)…

Por eso admitió no saber llevar su nueva existencia de campesino, por eso prometía que se iba a entregar y luego se demoraba meses en hacerlo traicionando los compromisos pactados, etc. Y por eso también resulta paradójico y triste a la vez saber que Gerónimo pasó la última etapa de su vida participando en exhibiciones feriales, haciéndose fotos con curiosos y vendiendo arcos y flechas fabricados por él junto con su autógrafo mientras se interesaba por un cristianismo que, sin embargo, nunca asumió ni entendió.

Primera parte de la crítica sobre “Gerónimo” escrita por Jorge Álvarez, licenciado en Historia.

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       Jorge Álvarez es licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fue fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005), creador del blog “El Viajero Incidental”, y bloguero de viajes y turismo desde 2009 en “Viajeros”. Además, es editor de “La Brújula Verde”. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

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