Crítica de “Amanecer Zulú”

Escena de Amanecer Zulu
Escena de Amanecer Zulu

Primera parte de la crítica sobre “Amanecer Zulú” escrita por Jorge Álvarez, licenciado en Historia.

Crítica de “Amanecer Zulú”

En la primera escena de la película Zulú se ve a unos guerreros deambulando por un reciente y desolado campo de batalla: mientras se ve a numerosos soldados de guerrera roja yaciendo sin vida y carros en llamas mientras los vencedores se quedan con sus fusiles y la voz en off de Richard Burton narra sucintamente el contexto en la guerra librada por los zulúes contra el Imperio Británico, queda patente que allí ocurrió algo grave. El film se centra en la heroica resistencia de un puñado de británicos en Rorke’s Drift pero ese episodio vino precedido de una de las mayores derrotas inflingidas por tropas indígenas a un ejército moderno hasta la fecha: la Batalla de Issandlwana, de la que se hizo una película en 1979 con motivo de su centenario.

La relación entre ambos filmes va más allá de los hechos históricos. Sobre todo por la participación de Cy Enfield, el alma de Zulú, de la que fue director y coproductor(en colaboración con el protagonista, Stanley Baker) y que, fascinado con el tema, había escrito una novela sobre el episodio de Issandlwana a la que tituló Zulu dawn. Él mismo se encargó de adaptarla para el cine firmando el guión junto al oscuro Anthony Storey, en lo que se planteó como una gran superproducción con un amplio presupuesto de 8 millones de libras (Zulú había costado sólo 2,5 millones) y participación de cuatro países (EEUU, Reino Unido, Holanda y Sudáfrica).

Escena de comida de los protagonistas en Amanecer Zulú
Escena de una comida de los protagonistas en Amanecer Zulú

El dinero dio para invertir en un reparto de lujo, con Burt Lancaster en esa última y prestigiosa etapa de su carrera, un Peter O’ Toole recuperado de sus excesos etílicos y un John Mills que aparece brevemente al comienzo. Junto a ellos, un solvente conjunto de actores que tenían renombre en Gran Bretaña, tanto en cine como en televisión, y alguno de los cuales lograría que su fama traspasara esas fronteras, como Bob Hoskins (el inolvidable detective de ¿Quién engañó a Roger Rabbit?) o Denholm Elliot (todos le recuerdan como Marcus Brody, el despistado amigo de Indiana Jones). También destacaban Simon Ward (que encarnó a Churchill en El joven Winston), Nicholas Clay (el Lancelot de Excalibur), etc.

También se eligió un músico de primera para la banda sonora (el siempre siempre espléndido Elmer Bernstein, autor de las partituras de Los 7 magníficos y La gran evasión) con el difícil encargo de, si no superar, al menos igualar la inolvidable y emotiva música que había hecho John Barry para la otra película.

Los productores, Nate Kohn y James Sebastian Faulkner (que es actor y sigue trabajando, apareciendo hace poco en Juego de tronos como Randyll Tarly), hasta se llevaron al equipo a Sudáfrica y contrataron a miles de zulúes auténticos (tres libras cobraba cada uno), aunque no pudieron rodar en el lugar original por una cuestión de permisos: los planos en los que aparece la emblemática colina Issandlwana se hicieron aparte y la mayoría de las escenas se recrearon a los pies de otra parecida, bastante cercana, llamada Shipezi, que de todas formas también fue escenario histórico secundario porque allí pasaron la noche anterior a la batalla los impis (regimientos ) zulúes. Por cierto, al final de la filmación hubo muchos problemas con la parte sudafricana de la producción, que reclamó deudas y fue necesario llegar a una acuerdo judicial para que no se secuestrase la película.

Escena de Amanecer Zulu
Escena de Amanecer Zulu

Cy Enfield no repitió y la responsabilidad de coordinar todo eso recayó en manos de un cineasta londinense algo atípico como Douglas Hickox. Atípico porque, aunque era un veterano (nació en 1919) asistente de dirección y director de segunda unidad, no había empezado a asumir la dirección absoluta de filmes hasta 1970, si bien desde entonces firmó, con cierta personalidad, cinco títulos; los más conocidos fueron Brannigan, una versión de Harry el Sucio con John Wayne (que ya había probado antes con McQ) y Theatre of blood (títulada aquí Matar o no matar y con Vincent Price en su salsa -de tomate-). Después centraría su carrera en la televisión.

En esto último siguió un derrotero parecido al director de fotografía, Ousama Rawi, cuyos trabajos más célebres son para las series Los Tudor y Borgia, pero que en Sudáfrica supo sacar partido a los espléndidos paisajes de Zululandia.

Zululandia era la tierra de los zulúes, un grupo étnico de lengua bantú formado por una treintena de tribus unificadas en el primer cuarto del siglo XIX por caudillos sucesivos, Senzangakhona y Dingiswayo, aunque fue Shaka (hijo del primero y asesino del segundo), quien lo convirtió en un poderoso reino a partir de 1818 a base de crear un ejército fabuloso, perfectamente entrenado y con tácticas revolucionarias, que le permitieron expandirse a costa de sus vecinos (nguni, ndebele, soshangane, xhosa, etc). La dictadura implacable de Shaka, bañada en sangre (se le calculan unos 30.000 muertos) provocó la escisión de algunos clanes (como los matabele) y, finalmente, su magnicidio en 1818 a manos de su hermanastro Dingane, que pasó a ocupar el trono.

Otra escena de Amanecer Zulú
Otra escena de Amanecer Zulú

Dingane intentó frenar la masiva penetración de los bóers pero, si bien obtuvo algunas victorias, al final no pudo resistir aquella oleada y no sólo perdió buena parte del territorio sino la vida. Le sucedió Mpande, que gobernó tres décadas en paz manteniendo una relación amistosa con los blancos, que ya no eran sólo bóers porque habían llegado los británicos dispuestos a desplazar a unos y otros. Cuando fue coronado Cethswayo, el hijo de Mpande, los zulúes contaban con un ejército que trataba de emular al de Shaka: 60.000 guerreros distribuidos en 60 impis mandados por generales que, a su vez contaban con todo un escalafón jerárquico.

Esa masa de combatientes se veía con recelo desde la colonia de Natal y no faltaron incidentes fronterizos, pese a que Cethswayo, consciente de su inferioridad ante las armas europeas, procuraba evitarlos y cedía luego a las exigencias compensatorias. Cabe decir que el gobierno de Londres tampoco quería conflictos, temeroso de verse obligado a atender varios frentes simultáneamente. Pero en Natal preferían vivir sin una espada de Damocles sobre la cabeza y el alto comisionado, Sir Henry Bartle-Frere, acordó con el general Lord Chelmsford una invasión de Zululandia. Utilizaron una violación fronteriza de una partida zulú para imponer a Cethswayo unas condiciones que no podía aceptar y cuando, en efecto, se negó, llegó lo que se iba a bautizar como Guerra Zulú.

Cartel de Amanecer Zulú en inglés
Cartel de Amanecer Zulú en inglés

Justo ahí empieza la película, con los dos británicos firmando la declaración de guerra y su comunicación posterior al rey zulú en medio de una ceremonia festiva que incluye combate entre dos guerreros y danzas folklóricas, recordando un poco el inicio del film de 1964.

Primera parte de la crítica sobre “Amanecer Zulú” escrita por Jorge Álvarez, licenciado en Historia.

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       Jorge Álvarez es licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fue fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005), creador del blog “El Viajero Incidental”, y bloguero de viajes y turismo desde 2009 en “Viajeros”. Además, es editor de “La Brújula Verde”. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

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