ZENOBIA, LA REINA DE PALMIRA

Artículo escrito por María Isabel Cubas Contreras, licenciada en Historia.

Septimia Bathzabbai Zainib, más conocida como Zenobia, nació un veintitrés de diciembre, coincidiendo con el solsticio de invierno, entre los años 240 a 245 d.C. La leyenda la hace hija del gobernador romano de la provincia siria, llamado Julio Aurelio Zenobio, y de una esclava egipcia. Aunque lo más probable es que fuera miembro de la nobleza de Palmira, y de origen árabe. Como sucede con la mayoría de reinas mitificadas, también de Zenobia se afirmaba que era poseedora de una gran belleza, de piel morena, blancos dientes y ojos inteligentes y penetrantes. Sin embargo, también era una mujer muy culta, que dominaba varios idiomas: griego, latín, sirio y egipcio. Para relacionarla aún más con otra fascinante reina de la Antigüedad, Cleopatra, se decía que era descendiente de su familia, los Ptolomeos, faraones de origen griego que gobernaron Egipto durante trescientos años, hasta la derrota de Cleopatra y Marco Antonio en el 30 a.C. frente a Roma.

Zenobia, reina de Palmira (Harriet Hosmer, 1857)
Zenobia, reina de Palmira (Harriet Hosmer, 1857)

Reina de Palmira

En el año 258, siendo aún una adolescente, Zenobia se casó con Lucio Septimio Odenato, un árabe romanizado que se convertiría en rey de Palmira en el año 260. De un primer matrimonio, Odenato tenía un hijo llamado Herodes, que estaba destinado a ser su heredero por ser el hijo mayor. Pero tras la unión con Zenobia nacería otro varón, Vabalato. Cuando su padre y hermanastro murieron asesinados durante la celebración de un banquete tan solo un año después de su nacimiento, Zenobia se convertiría en la reina regente de su pequeño hijo. Esto ha llevado a pensar en la posible implicación de la reina en este complot, de manera que Vabalato se convirtiera en el heredero al trono de Palmira.

Zenobia y su hijo (Deviantart)
Zenobia y su hijo (Deviantart)

La ciudad de Palmira, en el centro de la actual Siria, había sido incorporada al Imperio Romano en el siglo I y se encontraba situada entre Occidente (dominado por aquel entonces por Roma) y Oriente, que estaba gobernado por varios imperios asiáticos, siendo el más importante el imperio persa sasánida. Gracias al comercio entre ambas partes del mundo, Palmira se convirtió en una ciudad próspera y rica, de ahí que fuera conocida como “la perla del desierto”. Surgida junto a un oasis, esta urbe en mitad de las rutas caravaneras del desierto contaba con magníficas construcciones como el templo del dios Bel o un teatro, que aún pueden verse hoy en día (o al menos podía hacerse hasta la llegada del inhumano Estado Islámico). Además, Zenobia fortificó y embelleció la ciudad con una avenida custodiada por grandes columnas corintias de más de quince metros de altura. Estatuas de héroes y de benefactores se encontraban por toda la ciudad. También mandó erigir en el año 271 un par de estatuas de ella y de su difunto esposo. La ciudad contaba entonces con una población que superaba los 150.000 habitantes y estaba llena de hermosos templos, monumentos, jardines y edificios públicos. Las murallas que rodeaban la ciudad, según se decía, tenían veintiún kilómetros de circunferencia.

Teatro de Palmira
Teatro de Palmira

El sueño de un imperio oriental

Al igual que unos siglos antes Cleopatra y Antonio habían soñado y luchado por crear un imperio oriental, con sede en Alejandría, ahora Zenobia y Odenato soñaban con esto mismo, pero situando a Palmira como el centro de ese imperio. Ya en vida de su marido se pudieron ver muestras de este deseo de independizarse del poder romano y establecerse como “monarca de todo el Oriente”; pero este sueño fue truncado por el asesinato de Odenato. No obstante, Zenobia no iba a renunciar: en 268 proclamó a Palmira ciudad independiente de Roma y, no conforme con esto, inició una campaña de conquista de nuevos territorios: Siria, Mesopotamia e incluso el mismísimo Egipto, el “granero de Roma”, que creía que le pertenecía por derecho propio como descendiente de los Ptolomeos que era. Mientras tanto en Roma se vivía un periodo de caos debido a las distintas sucesiones de emperadores, que eran incapaces de mantenerse mucho tiempo en el poder y, mucho menos, de intervenir para frenar a la reina de Palmira. Zenobia llegó a ser conocida como “la reina guerrera” por dirigir personalmente a su ejército, demostrando ser buena jinete, capaz de caminar tres o cuatro millas con sus soldados a pie.

El imperio de Palmira durante el gobierno de la reina Zenobia
El imperio de Palmira durante el gobierno de la reina Zenobia

El implacable emperador Aureliano.

No obstante, la época de inestabilidad política en Roma experimentó un paréntesis con el ascenso al trono imperial de Aureliano, un general romano, en el año 270. Una vez que puso orden en Occidente y en el propio ejército romano, se dirigió de una vez por todas a Oriente para acabar con la rebelde Zenobia. Este experto y disciplinado militar romano fue recuperando los territorios conquistados por la reina de Palmira, aunque no fue tarea fácil, ya que tenía que enfrentarse al desierto y a la táctica de guerrilla de los árabes de Zenobia. Todo esto mientras hacía frente en la propia Roma al desprecio de sus compatriotas por esta guerra, simplemente por el hecho de estar protagonizada por una mujer.

Finalmente, el ejército romano llegó a las puertas de Palmira y, tras proponerle una negociación de rendición a Zenobia que fue rechazada, comenzó el asedio a la ciudad. Palmira había hecho acopio de víveres y confiaba en la fuerza de sus excelentes arqueros, esperando resistir durante meses, pero gracias a los jefes árabes del desierto, que Zenobia había desdeñado, Aureliano venció la resistencia de la ciudad. Zenobia y su hijo se escaparon de allí en camello, pero fueron capturados en el río Éufrates por los jinetes de Aureliano. El corto reinado de Zenobia sobre Egipto y el Imperio de Palmira habían terminado. Los palmiranos restantes que se negaron a rendirse fueron capturados y ejecutados por orden de Aureliano.

La última mirada a Palmira de la reina Zenobia, (Herbert Schmalz)
La última mirada a Palmira de la reina Zenobia, (Herbert Schmalz)

El destino final de la reina

Tras su intento de huida a Persia fracasado, Zenobia fue capturada y su ciudad, finalmente, se rindió. La mítica reina fue llevada a la Ciudad eterna para ser paseada encadenada en el desfile triunfal del emperador. Roma había restaurado su soberanía perdida y el efímero imperio de Palmira llegaba a su fin tras sólo cinco años de existencia. Hay varias versiones sobre el final de esta valiente reina. Unos dicen que murió al poco de llegar a Roma, bien por una enfermedad o por ser ejecutada tras el desfile triunfal. Sin embargo, otra versión afirma que el emperador Aureliano, asombrado por su belleza, y para evitar convertirla en una mártir, la perdonó y le concedió un exilio dorado en una lujosa villa de Tívoli (Italia), donde se convirtió en una filósofa destacada de la alta sociedad romana, volviendo a contraer matrimonio con un senador romano y teniendo varias hijas. Su primer hijo había muerto a consecuencia del duro viaje en barco desde Siria hasta Roma. Algunas inscripciones posteriores sugieren que miembros de nobles familias romanas fueron descendientes de esta valiente reina oriental, que trescientos años después de Cleopatra, se atrevió también a desafiar a la poderosa Roma.

Bibliografía

“Palmira, el imperio del desierto”, en Historia National Geographic, nº 111.

Artículo escrito por María Isabel Cubas Contreras, licenciada en Historia.

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        Mª Isabel Cubas Contreras nació en la localidad toledana de Talavera de la Reina en 1989. Su afición por el antiguo Egipto comenzó desde pequeña y fue lo que la llevó a estudiar la licenciatura en Historia en la Universidad de Alcalá de Henares entre 2007 y 2012. Actualmente es bloguera de ‘’El templo de Seshat’’, dedicado al mundo del antiguo Egipto, bloguera en ‘’La gaceta de Menfis’’, donde se pueden encontrar las últimas noticias egiptológicas, y colaboradora habitual en la revista online “Egiptología 2.0”. Además es colaboradora esporádica en el blog sobre Historia Universal ‘’Historiae’’.

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