EGIPTO DURANTE EL PERIODO PTOLEMAICO (I)

Fragmento de un artículo escrito por mí y publicado originalmente en el nº7 de la revista online Egiptología 2.0. Puedes acceder al artículo y la revista completa a través de este enlace.

Introducción

Se conoce como periodo ptolemaico a la etapa de la Historia antigua de Egipto que comprende entre el 332 y el 30 a.C., abarcando desde la conquista de Egipto por Alejandro Magno hasta la muerte de Cleopatra VII. Estos tres siglos se caracterizan por la coexistencia de dos mundos egipcios totalmente antagónicos: por un lado, un mundo marcado por la inestabilidad política, la mala administración de la dinastía ptolemaica (305 – 30 a.C.), y la crisis económica; y por otro lado, un mundo en el que la cultura alcanzó un desarrollo sin precedentes, convirtiendo a ciudades como Alejandría en la capital mundial de la erudición y el conocimiento. Además, hay que tener en cuenta el contexto internacional en el que se desarrolla el periodo, con la gran expansión territorial de la Roma republicana y el dominio en Próximo Oriente del Imperio Seléucida.

Cronología de los principales soberanos de la dinastía ptolemaica

Antecedentes

Para desarrollar con mayor rigor la Historia del Egipto ptolemaico, es preciso retroceder un par de años. Once años antes de la liberación macedónica por parte de Alejandro Magno, Egipto había sido reconquistada por el Imperio Persa de Artajerjes III, iniciando el breve periodo de la segunda invasión Persa de Egipto (343-332 a.C.). Después de la muerte de Artajerjes III (338 a.C.), y del efímero reinado de Arses (338-336 a.C.), llegamos al reinado de Darío III (336-332 a.C.), el último emperador de Persia, derrotado por Macedonia en batallas como Gaugamela e Issos. Tras el asesinato de su padre, Filipo II (336 a.C.), Alejandro se extendió en poco tiempo por Tracia y gran parte de la península de Anatolia, llegando a Egipto entre el 332 y el 331 a.C. tras bajar por la franja sirio palestina, y todo esto en detrimento territorial del sentenciado imperio persa. La rápida conquista del territorio egipcio por parte del emperador macedónico se puede comprender si tenemos en cuenta la política de terror que habían llevado a cabo los persas durante esa década, saqueando templos y destruyendo ciudades, por lo que los egipcios no solo no se resistieron al avance macedónico, sino que celebraron triunfalmente su llegada.

Mapa que muestra la extensión del imperio persa una vez que conquistaron Egipto

Al contrario que los persas, Alejandro Magno llevó a cabo una política respetuosa con las creencias y las tradiciones egipcias. Antes de proseguir sus campañas de expansión territorial por Oriente, se hizo coronar rey de Egipto en el templo de Ptah de la capital tradicional del Estado, Menfis, llevando sobre su cabeza la doble corona que simbolizaba el Alto y el Bajo Egipto. Asimismo, para justificar su poder real en la tierra del Nilo, adoptó una nomenclatura de faraón completa de cinco nombres, y fue reconocido como hijo legítimo del dios Amón en el oráculo del oasis de Siwa. Alejandro era plenamente consciente de la importancia geoestratégica y económica de Egipto, por lo que, antes de irse en el 331 a.C., dejó la administración de su nueva provincia en manos de cinco funcionarios: la administración del país fue encargada a un egipcio llamado Doloaspis, el ejército se puso al mando de dos oficiales, Peukestas y Balakros, la armada fue confiada a Pelomón, y el gobierno general y la recogida de impuestos fue entregada a Cleómenes de Náucratis.

Detalle del denominado sarcófago de Alejandro en el que se puede ver al conquistador Wikimedia Commons

Tras la muerte de Alejandro Magno en Babilonia en junio de 323 a.C., su hermano Filipo Arrideo (323-317 a.C.), que padecía una enfermedad mental, fue declarado rey, contando con Perdicas, uno de los generales de Alejandro, como su regente. Hasta que el hijo no nato de Alejandro con su esposa Roxana tuviera la edad para ser nombrado rey, Perdicas dividió el extenso imperio alejandrino entre aquellos que habían sido los generales de Alejandro, tocándole a Ptolomeo, hijo de Lagos, Egipto, Libia y algunas partes de Arabia. Sin embargo, este acuerdo no duró prácticamente nada, iniciándose así las Guerras de los Sucesores entre los diádocos (nombre que recibían los generales de Alejandro Magno) partidarios de mantener íntegro la unión territorial del imperio (como el propio Perdicas, Antígono y Demetrio) y los partidarios de separarlo para crear distintos reinos entre sus herederos (como Seleuco, Lisímaco y el propio Ptolomeo). Estas guerras, que duraron más de 40 años divididos en dos fases (321-301 a.C. y 301-280 a.C.) tuvieron como consecuencia el nacimiento de tres grandes reinos: Macedonia, que no volvió a alcanzar la grandeza territorial de antaño; el Imperio Seléucida, que llegó a conquistar la mayor parte de Oriente Próximo y Medio; y el Imperio Egipcio de la dinastía ptolemaica, extendido por Egipto, la Cirenaica y a veces por la franja siropalestina.

División por reinos y provincias del imperio macedónico tras la muerte de Alejandro Magno

Una nueva ideología real

Previamente a que Ptolomeo se hiciera coronar rey de Egipto en 305 a.C., la realeza egipcia había sido ejercida por Alejandro Magno y luego por su hermano Filipo Arrideo, a quien siguió Alejandro IV (317-310 a.C.), hijo del conquistador macedónico con su esposa Roxana. Para otorgar una fuente de legitimidad a su reinado, Ptolomeo llevó a cabo dos acciones: por un lado, se presentó como el heredero directo del último monarca legítimo de Egipto, Alejandro Magno. Para ello, ya años antes había interceptado el cadáver del conquistador a su paso por Damasco, llevándolo a Alejandría, la ciudad que fundó durante su breve estancia en Egipto, en vez de a Vergina, la necrópolis real de Macedonia. Por otro lado, en el momento de coronarse rey se casó con una hija de Nectanebo II (360-343 a.C.), el último soberano autóctono egipcio, de modo que no solo era el heredero directo de Alejandro, sino también el descendiente de la última dinastía propiamente faraónica.

Representación de Ptolomeo I como uno más de los reyes egipcios

Fragmento de un artículo escrito por mí y publicado originalmente en el nº7 de la revista online Egiptología 2.0. Puedes acceder al artículo y la revista completa a través de este enlace.

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