El periodo de Amarna

Artículo originalmente escrito por mí y publicado en la web de Akrópolis, disponible en este link

¿Qué es el periodo de Amarna?

Se conoce como el periodo de Amarna, amarniense o amárnico a la breve sub etapa de la Historia del Antiguo Egipto desarrollada entre el 1347 y el 1336 a.C., correspondiendo a la mayor parte del reinado de Amenhotep/Amenofis IV (1352-1336 a.C.), y en el contexto cronológico del Reino o Imperio Nuevo (aprox. 1550-1069 a.C.). Se caracteriza principalmente por el establecimiento de la capitalidad egipcia en un territorio totalmente virgen hasta el momento, fundando y construyendo una ciudad desde cero, conocida en la actualidad por el nombre de Amarna, aunque llamada originalmente “Akhetaton”, que se traduce literalmente como “Horizonte de Atón”.

Cronologías de los soberanos egipcios de la XVIII Dinastía
Cronologías de los soberanos egipcios de la XVIII Dinastía

Durante los primeros cinco años de su reinado, Amenhotep IV se comportó como cabría esperar de cualquier otro soberano egipcio que sigue la estela de su predecesor, construyendo nuevos edificios en el templo de Karnak y convirtiendo a su esposa, Nefertiti, en una de sus más valiosas consejeras de gobierno. Sin embargo, en su quinto año de gobierno dio un giro radical a su gobierno al cambiarse el nombre: de Amenhotep/Amenofis IV pasó a llamarse Akhenaton, que literalmente significa “aquel que actúa efectivamente en bien de Atón (el dios)”. Hay que aclarar que los monarcas egipcios eran identificados por una titulatura real compuesta de cinco nombres: el de Horus, el de nebty, el de nesu-biti, el del Horus de Oro, y el de Hijo de Ra. Estos nombres no solo eran para identificarlo personalmente, sino para definir públicamente de alguna manera cuál sería la meta a alcanzar de su política interior y exterior, por lo que modificarlos implicaba un cambio de orientación en su reinado.

Una de las estatuas preamárnicas de Amenhotep IV, con el estilo tradicional egipcio
Una de las estatuas preamárnicas de Amenhotep IV, con el estilo tradicional egipcio

La religión del periodo de Amarna

Uno de los rasgos por los que más famoso es el periodo de Amarna es su religión, por el intento de Akhenaton de centrar todas las creencias en torno a una única deidad, Atón (palabra usada para referirse al disco solar y sus rayos). Sin embargo, este dios no fue una invención del soberano, puesto que ya durante los reinados de Tutmosis IV y Amenhotep III se había comenzado a considerar que Atón era la luz que surgía del Sol en forma de infinidad de rayos acabados en pequeñas manos que ofrecían la vida en forma de símbolos anj al faraón y su familia. Tampoco podemos considerarla una de las primeras religiones monoteístas de la Historia, ya que la gente común siguió adorando a los dioses tradicionales, tal y como demuestran los numerosos amuletos protectores que se han hallado en diversas excavaciones arqueológicas. Por tanto, podemos decir que el culto a Atón del periodo de Amarna fue más bien un henoteísmo, es decir, un momento concreto en el que un dios eclipsa por completo al resto de los componentes del panteón, sin que signifique que éstos dejen de existir.

Relieve de la Familia Real de Akhenaton bañados por los rayos solares de Atón
Relieve de la Familia Real de Akhenaton bañados por los rayos solares de Atón

El culto a Atón adquirió gran importancia en el Egipto de Akhenaton por el modo en que se hizo, ya que, al contar con titulatura real y ureo propio, Atón era un dios-rey que gobernaba el mundo. Al mismo tiempo, Akhenaton ya no solo era un intermediario entre hombres y dioses, sino que era una divinidad viviente en sí mismo. De ese modo, Atón era el creador de todo y los seres humanos solo podían tener acceso a él a través de su soberano, Akhenaton, y su familia. Por este motivo, en las villas nobles de Amarna se encuentra siempre un altar dedicado a la pareja real, que junto a Atón forman una especie de tríada divina. Uno de los cambios fundamentales de esta nueva religión era que Atón no vivía oculta en el interior de un templo, como ocurría con las divinidades tradicionales, sino que la población podía verlo y sentirlo todos los días con el calor del sol. Asimismo, su culto se llevaba a cabo en grandes patios abiertos donde se extendían diversas filas de altares repletos de ofrendas.

Dibujo de una escena en la que ya se ha representado a Akhenaton y Nefertiti al estilo amárnico
Dibujo de una escena en la que ya se ha representado a Akhenaton y Nefertiti al estilo amárnico

Las causas que propiciaron este revolucionario cambio no están del todo claras, aunque podemos aludir grosso modo dos, religiosas y políticas, sin que ninguna sea del todo creíble. Por un lado, algunos autores piensan que todo fue una estrategia del faraón para restar relevancia, poder e influencia económica al clero de Amón, dada la oposición que siempre mostraron éstos al programa constructivo del faraón en Karnak. Por otro lado, otros autores ven en Akhenaton a un soberano muy espiritual que habría tratado de utilizar su posición social para intentar inculcar al reino su propio pensamiento religioso.

Reconstrucción en 3D del aspecto que debía tener parte de la ciudad de Amarna
Reconstrucción en 3D del aspecto que debía tener parte de la ciudad de Amarna

El arte del periodo de Amarna

Al comienzo de su lustro de reinado preamarniense, las representaciones de Amenhotep IV lo muestran con el estilo tradicional egipcio, muy similar al utilizado para representar tanto a Tutmosis IV (1400-1390 a.C.) como a Amenhotep III (1390-1352 a.C.). Sin embargo, poco tiempo después de su ascenso al trono, el faraón pasó a ser representado con un rostro delgado y largo, con mejillas protuberantes y labios gruesos, cuello delgado, pechos casi femeninos, vientre redondo, caderas anchas, muslos gruesos y piernas largas y flacas. Esta tipología de representaciones tan rupturistas no solo abarcaba al propio faraón, sino que se extendía a los demás miembros de la familia real, es decir, Nefertiti y sus hijas.

Plano numerado del yacimiento arqueológico de Amarna (Shaw, 2014)
Plano numerado del yacimiento arqueológico de Amarna (Shaw, 2014)

A pesar de la particular forma en que Akhenaton se representaba a sí mismo, a su familia, y en menor grado, al resto de los seres humanos en los monumentos, hay que decir que hasta cierto punto reflejaba su verdadero aspecto físico, si bien es verdad que partimos de una visión algo caricaturesca. A través de las inscripciones estudiadas podemos conocer que fue el mismo soberano quien instruyó a sus artistas en el nuevo estilo, afectando no solo a la figura humana, sino a la interacción de los distintos personajes de una escena. Las escenas de la familia real muestran una intimidad nunca antes vista en ninguna de las manifestaciones del arte egipcio, exhibiendo abrazos y besos bajo los benéficos rayos de Atón, cuyo amor domina toda la creación. Otro rasgo característico del estilo amárnico que vemos desde estos primeros tiempos es su extraordinario sentido del movimiento y la velocidad, con una libertad de expresión artística cuya influencia perduraría en el arte egipcio durante siglos.

Representación isométrica de cómo sería una manzana residencial en la ciudad de Amarna
Representación isométrica de cómo sería una manzana residencial en la ciudad de Amarna

La relativa “relajación” que caracteriza al estilo artístico amárnico se refleja también en el plano de la ciudad de Akhetaton, al menos en cuanto a los barrios residenciales se refiere. Pese a que se trata de una ciudad de nueva planta, no fue construida siguiendo una rígida cuadrícula ortogonal, como sí fue el caso de la ciudad de Kahun fundada en el Reino Medio. La disposición urbanística de Amarna se asemeja a un grupo de pequeños poblados reunidos en torno a casas grandes y pequeñas (dependiendo del grado de riqueza y categoría social de sus dueños), agrupadas de forma flexible y con sus respectivos edificios subsidiarios, como silos de grano, cuadras, cobertizos y talleres. La ciudad se desarrollaba a lo largo de una arteria principal, la Vía Real, que corría de norte a sur en paralelo al río Nilo. Partiendo de su límite septentrional, encontramos sucesivamente los distintos barrios y monumentos de la ciudad: “Aduana”, Ciudad Septentrional, Palacio Norte, Suburbio Norte, Barrio Central, “Templo del Río”, y Maruaton. Un rasgo exclusivo que hallamos en esta ciudad es que muchas de estas viviendas contaban con su propio pozo, lo que las hacía independientes del río Nilo para su suministro diario de agua. Por estas razones, se puede decir que Akhetaton da la impresión de ser una ciudad que hubiera crecido con el paso del tiempo, y no como resultado de una cuidada planificación. Aunque resulta muy complicado saber con certeza la población que pudo llegar a albergar la ciudad, se ha podido calcular que podría estar entre 20000 y 30000 habitantes.

Parte del yacimiento arqueológico de Tell-el-Amarna
Parte del yacimiento arqueológico de Tell-el-Amarna

La importancia de la reina

Contemporáneamente a los sucesos que se estaban produciendo en estos años, se produjo un cambio importante en el seno de la familia real, en el que las mujeres toman mayor protagonismo. En el caso del reinado de Akhenaton, el objetivo de conceder tanta relevancia a Nefertiti era incrementar la categoría divina de la familia real egipcia como una entidad en sí misma. Yendo más allá, en sus dos últimos años de vida, Akhenaton se vio asistido por la corregencia de Nefertiti, la cual adoptó el nombre de Neferneferuaton, lo que hizo que la influencia política de ésta se incrementara aun más. A partir de entonces, su papel como reina consorte fue adoptado por su hija mayor, Meritaton. En cuanto a los motivos que llevaron a Akhenaton a nombrar una corregente, los desconocemos, pero tuvieron que ser importantes, ya que este tipo de medidas solo se tomaban en circunstancias excepcionales.

Busto de Nefertiti, museo Neues, Berlín
Busto de Nefertiti, ubicado actualmente en el museo Neues, Berlín

No está claro tampoco si Nefertiti sobrevivió o no a su esposo Akhenaton, que murió a comienzo del año 1336 a.C., en su 17º año de reinado. En algunas inscripciones de finales del periodo amarniense encontramos a un efímero soberano llamado Esmenkhara, con prácticamente el mismo nombre de coronación que Nefertiti/Neferneferuaton, por lo que nos plantea muchas dudas acerca de si se trataría de otra persona o de la propia Nefertiti gobernando en solitario con otro nombre distinto. Esto no sería raro de pensar si tenemos en cuenta que ya anteriormente la reina Hatshepsut había adoptado una identidad masculina para gobernar. En todo caso, sea o no sea Nefertiti la persona que está detrás de Esmenkhara, lo cierto es que su prematura muerte precipitó la subida al trono de Tutankhamon cuando todavía solo era un niño, y con ello, el final del periodo de Amarna.

Busto de alguna de las hijas de Akhenaton
Busto de alguna de las hijas de Akhenaton

Bibliografía

DAMIANO, Maurizio (2006): Antiguo Egipto. El esplendor del arte de los faraones. Editorial Electa, Madrid, pp. 198-235.

SHAW, Ian (2014): Historia del Antiguo Egipto. Editorial La esfera de Libros, Madrid, pp. 359-380.

AUTORES, VARIOS (2013): Egipto. National Geographic. Editorial RBA, Barcelona.

Artículo originalmente escrito por mí y publicado en la web de Akrópolis, disponible en este link

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