EL EJÉRCITO HOPLITA

Escena de hoplitas en combate de una pieza cerámica de Corinto

Introducción

La Época Arcaica es una fase cronológica de la Historia de la Antigua Grecia que se extiende aproximadamente entre el 750 y el 490 a.C., y que supone el momento decisivo de formación de los grandes logros alcanzados por la civilización griega a nivel político, cultural e intelectual en los siglos posteriores. Obviamente, no todo fue prosperidad y desarrollo en la Época Arcaica, ya que las guerras, no solo de unas ciudades-Estado con otras sino también en el seno interno de las mismas, se hicieron cada vez más frecuentes, con los hoplitas. No obstante, a nivel general podemos decir que la Época Arcaica de la Antigua Grecia fue un periodo en el que los ciudadanos vivían juntos en un estado de relativa paz, armonía y prosperidad.

Ánfora griega de figuras negras del último tercio del siglo VI aC
Ánfora griega de figuras negras del último tercio del siglo VI a.C.

El origen de los hoplitas

La Época Arcaica no solo se caracterizó por sus cambios a nivel social, político y económico, sino también por las fundamentales innovaciones que se introdujeron tanto en el armamento como en la técnica militar. A partir de este momento, los encargados de ir a las batallas en Grecia fueron un tipo de soldado de infantería pesada que seguro que os suenan, los hoplitas, dispuestos en una formación de filas apretadas llamada falange. A medida que pasó el tiempo, la falange se hizo cada vez más compacta, evolucionando hacia una formación en la que los soldados estaban casi hombro con hombro, y pisando los talones de la persona que tuviera delante. Aunque pudiera parecer complicado a priori, esta clase de combate era extremadamente sencilla: las dos falanges de líneas compactas cargaban y chocaban una contra otra, de tal forma que, cuantas más filas hubiera (unas ocho, en su forma evolucionada), más eficaz resultaba la carga.

Recreación de una fila de falange hoplítica
Recreación de una fila de falange hoplítica

Las armas de las hoplitas griegos

Asimismo, las armas ofensivas y defensivas también evolucionaron para hacerse más eficaces. Por un lado, la principal arma del hoplita era su lanza larga y pesada, que utilizaba para abrirse paso, mientras que su arma secundaria sería la espada corta, usada cuando ya no había espacio para golpear con la lanza. Por otro lado, cabe destacar que el casco, la coraza y las piezas que servían de espinilleras y rodilleras (llamadas grebas), fueron rediseñadas con el objetivo de hacerlas más gruesas y resistentes, y para que cubrieran más partes del cuerpo. Sin embargo, esta especie de armadura no era lo más innovador de la defensa personal del combatiente. El hoplon, el nuevo tipo de escudo del que derivó el nombre de hoplita, y que estaba diseñado específicamente para hacer de la falange una fuerza de combate mortíferamente eficaz, fue el elemento más perfeccionado del equipamiento militar hoplita. Era redondo, hecho de madera cubierta de una fina plancha de bronce, y de mayores dimensiones que todos los escudos redondos que habían existido hasta ese momento. Esto hacía posible que pudiera cubrir al hombre situado a la izquierda del portador, que lo sujetaba introduciendo el brazo izquierdo por una correa central y agarrando con la mano otra correa más pequeña situada junto al borde. Gracias a esto, los hoplitas podían luchar hombro con hombro gracias a la protección que a cada uno le proporcionaba el escudo del compañero que tenía al lado. En conclusión, vista de frente, la falange parecía una muralla de escudos, cascos y lanzas sumamente sólida.

Casco corintio de bronce para hoplitas
Casco corintio de bronce para hoplitas

Un combate hoplítico

Las condiciones de un combate entre hoplitas difícilmente podían ser peores. No solo es que el equipo militar pesara en torno a 30 kilos, sino que daba un calor insoportable, la visión estaba muy mermada por el polvo y el casco, el ruido era ensordecedor, y todo el mundo quedaba salpicado de sangre. Al oír la señal de la trompeta, la falange avanzaba a paso ligero o a la carrera, y cuando se acercaban al enemigo, las primeras filas blandían las lanzas contra el adversario, buscando los puntos vulnerables que la armadura dejaba desprotegidos. Mientras tanto, las filas situadas más atrás empujaban literalmente a los que llevaban delante, usando su peso para romper la línea enemiga. El éxito en la batalla dependía mucho de que cada uno mantuviera su puesto en la formación, por lo que rehusar el combate implicaba el desprecio de toda la población.

La armadura hoplita más antigua conservada, de finales del s VIII aC
La armadura hoplita más antigua conservada, de finales del s. VIII a.C.

A pesar de todo esto, las batallas duraban muy poco, rara vez más de una hora, y las bajas eran escasas para ambos bandos, superando pocas veces el 15% de caídos. Esto se debía en parte a que, cuando se rompían las filas enemigas y éstas huían, no solían ser perseguidas por el otro bando, de modo que las matanzas no se producían ocasionalmente. Por otra parte, las campañas eran tan breves que, habitualmente, una sola batalla fijada de antemano ponía fin a la temporada de luchas veraniegas. Cada bando enterraba a sus muertos y los hombres regresaban a su patria para seguir labrando sus campos o ejerciendo sus oficios. Como os podréis imaginar, no todos los ciudadanos combatían en la falange, ya que era el propio hoplita el que debía costearse las armas y la armadura, por lo que los pobres quedaban descartados y solo servían como mucho para la infantería ligera. Para finalizar, aunque no se puede calcular a ciencia cierta el porcentaje de personas de la polis que cumplieron con los requisitos para formar parte de la falange hoplítica, se estima que alrededor del 60% de ésta estuvo compuesta de soldados de familias no aristocráticas.

Escena de hoplitas en combate de una pieza cerámica de Corinto
Escena de hoplitas en combate de una pieza cerámica de Corinto

Bibliografía

BARCELÓ, P. (2001): Breve historia de Grecia y Roma. Alianza, Madrid.

CÁNFORA, L. (2003): Aproximación a la historia griega. Alianza, Madrid.

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LANE, R. (2008): El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma. Crítica, Barcelona

POMEROY, S. [et.al.] (2012): La antigua Grecia. Historia política, social y cultural. Crítica, Barcelona.

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