Sócrates, un filósofo revolucionario

Introducción

La Guerra del Peloponeso fue una serie de conflictos que enfrentaron entre el 431 y el 404 a.C. a la Liga de Delos capitaneada por Atenas contra la Liga del Peloponeso liderada por Esparta, con el objetivo de conseguir la hegemonía del mundo griego. Sin embargo, durante estos años no todo fue guerra y miseria. En la Atenas del último tercio del siglo V a.C., Sócrates revolucionó el mundo de la filosofía griega, sentando las bases de un nuevo método de argumentación basado en el diálogo por el que sería considerado como padre de la filosofía occidental.

Estatua sedente de Sócrates, figura de la filosofía griega, en la Academia Moderna de Atenas
Estatua sedente de Sócrates en la Academia Moderna de Atenas

¿Quién fue Sócrates?

Sócrates no solo fue una figura fundamental dentro de la filosofía griega, sino uno de los filósofos más importantes de la Historia antigua occidental. Nacido en el 470/469 a.C. en Atenas, provenía de una familia humilde, ya que su padre era cantero y escultor y su madre era comadrona. Es uno de los filósofos más controvertidos y singulares que existió en la antigua Grecia, puesto que nunca llegó a escribir ningún escrito al preferir siempre la palabra hablada. Por ello, todo lo que sabemos de su vida y su obra es a través de lo que han escrito de él otras personas, fundamentalmente tres: Platón y Jenofonte, dos de sus más ilustres discípulos, y Aristófanes, el mayor dramaturgo de comedia de la antigua Grecia.

Sócrates fue un hombre hecho a sí mismo. Algunos de sus discípulos lo presentan en sus escritos como una persona bastante rara, y narran episodios curiosos de su vida. Por ejemplo, en el 420 a.C., el oráculo de Delfos determina que Sócrates era el hombre más sabio de Grecia, lo que reafirmó al filósofo en su trabajo. Y precisamente, en el 412 a.C. rechazó formar parte de la majestuosa corte del rey Arquelao de Macedonia, donde ya vivía Eurípides y Agatón, uno de los más importantes dramaturgos griegos después de los tres clásicos.

Más allá de su trayectoria en la filosofía griega, Sócrates al principio ejerció la profesión de su padre, que fue uno de los trabajadores que construyeron el Partenón de Atenas. De hecho, por lo que sabemos el joven Sócrates llegó a realizar una escultura de las Tres Gracias que adornaba los propileos de la Acrópolis. Debido al tiempo que le tocó vivir, también fue militar, y luchó contra Esparta en la Guerra del Peloponeso en batallas como la de Potidea, la de Anfípolis o la de Delio. Finalmente, en el año 399 a.C. es acusado de impiedad y de corromper a la juventud con sus enseñanzas y fue sentenciado a morir bebiendo cicuta, un poderoso veneno.

La muerte de Sócrates, de Jacques-Louis David, 1787
La muerte de Sócrates, de Jacques-Louis David, 1787

La revolución de la filosofía griega

Sócrates apareció en un momento en el que la filosofía griega se hallaba en un callejón sin salida. Durante el siglo VI y V a.C., los filósofos presocráticos habían establecido muchas más preguntas que respuestas acerca del Universo, la Tierra o la naturaleza. No obstante, estos filósofos presocráticos, entre los que se incluyen Tales de Mileto, Heráclito o Pitágoras, entre otros, habían dado el primer paso de gigante: el paso de una visión poética o religiosa del mundo a una concepción científica y racional, abierta a la observación y explicación de los hechos sin la necesidad implícita de la intervención divina.

Ahora, en la Atenas de mediados del siglo V a.C. donde Sócrates llegó a la edad adulta, triunfaba el movimiento sofístico y los sofistas. Y fue este ambiente el que hizo prosperar su propio pensamiento, al estar en constante debate contra las tesis de estos intelectuales. Sócrates criticaba de los sofistas, cuyo foco de debate era el hombre y la sociedad, tanto sus ideas políticas y morales como la rentabilización de sus conocimientos, ya que estos filósofos fueron los primeros que cobraron por impartir su sabiduría.

La Tierra es redonda Pitágoras, óleo de Pierre Narcisse Guerin en el s XVIII
La Tierra es redonda Pitágoras, óleo de Pierre Narcisse Guerin en el s XVIII

Más allá de estos sofistas, Sócrates no tenía que moverse de Atenas para debatir con grandes intelectuales de la época. Por poner solo un par de ejemplos, allí en aquella época vivía el filósofo Anaxágoras, que tuvo de alumnos a Pericles, Tucídides o Eurípides; el dramaturgo Sófocles, uno de los tres más importantes de la antigua Grecia (precisamente junto a Eurípides y Esquilo); el escultor Fidias, el más famoso de la Historia antigua griega; o Aspasia, la famosa maestra de retórica y amante de Pericles.

Sócrates, el partero del alma

A diferencia de los sofistas, que enseñaban oratoria a sus alumnos, es decir, el arte de hablar, Sócrates buscaba enseñar a sus alumnos el arte de pensar. Su método era la mayéutica, término que proviene del griego “mayeuta”, que significa partera. Esto es porque, del mismo modo que una partera o comadrona ayudaba a una mujer a alumbrar a su hijo, Sócrates ayudaba a un alumno a concebir por sí mismo su propio pensamiento, las ideas que guardaba en su interior. De este modo, el alumno podía analizarlas y saber si eran valiosas y merecía la pena detenerse a desarrollarlas o si se trataba de cosas inútiles que había que desechar.

Para llevar a cabo este “parto de ideas”, Sócrates practicaba el diálogo en pequeños grupos de discípulos. Al contrario que los sofistas, que preferirían dirigirse a grandes multitudes con grandes discursos, su especialidad era el interrogatorio con preguntas breves entre dos personas. Para Sócrates, el diálogo debía ser sobre todo una forma de razonamiento que incluyera el acuerdo entre él y su interlocutor. Partiendo de esto, se podía llegar a nuevos acuerdos deducidos coherentes con los alcanzados anteriormente.

El debate entre Sócrates y Aspasia, hecho por Nicolas-André Monsiau en el s. XVIII
El debate entre Sócrates y Aspasia, hecho por Nicolas-André Monsiau en el s. XVIII

La muerte de Sócrates

En el año 399 a.C., la filosofía griega perdía a uno de sus grandes referentes. Cuando Sócrates tenía ya setenta años fue condenado por la asamblea ateniense a beber una copa llena de cicuta, un poderoso veneno. Aunque fue formalmente acusado de impiedad y de corromper a los jóvenes, más cierto es que se creó muchos enemigos con sus críticas al sistema de gobierno de Atenas.

Según Sócrates, solo los mayores expertos en una temática debían dedicarse profesionalmente a ésta. Así, solo el constructor podía dedicarse a la construcción, el músico a la música, el médico a la medicina… De este modo, la gestión política de la polis debía ponerse en manos de los más sabios expertos en la moral, el bien común, la justicia y la virtud. Por ello, Sócrates criticaba duramente la democracia, que a sus ojos era una nefasta e injusta forma de gobierno porque ponía las cuestiones de gobierno en manos de una mayoría social ignorante que no entendía de estas cosas. Finalmente, llegada la hora de beber el veneno, Sócrates no lo dudó dos veces, y murió en la cárcel, rodeado por los llantos desconsolados de sus discípulos.

Colina de la Pnyx con la tribuna de los oradores al fondo
Colina de la Pnyx con la tribuna de los oradores al fondo. Este fue el lugar en el que condenaron a muerte a Sócrates

Bibliografía

BARCELÓ, P. (2001): Breve historia de Grecia y Roma. Alianza, Madrid.

CÁNFORA, L. (2003): Aproximación a la historia griega. Alianza, Madrid.

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