La Gran Expedición a Sicilia

Ilustración de una batalla naval durante la gran expedición a Sicilia (Arrecaballo)
Ilustración de una batalla naval durante la gran expedición a Sicilia (Arrecaballo)

¿Qué fue la Gran Expedición a Sicilia?

La Guerra del Peloponeso fue una serie de conflictos que enfrentaron entre el 431 y el 404 a.C. a la Liga de Delos capitaneada por Atenas contra la Liga del Peloponeso liderada por Esparta, con el objetivo de conseguir la hegemonía del mundo griego. A la hora de estudiar la Guerra del Peloponeso (431 – 404 a.C.), los historiadores solemos dividirla en cuatro fases distintas: la Guerra arquidámica o Guerra de los Diez Años (431 – 421 a.C.), la Paz de Nicias (421 a.C.), la Gran expedición a Sicilia (415 – 413 a.C.), y la Guerra Decélica (413 – 404 a.C.).

La tercera de las fases de la Guerra del Peloponeso se conoce como la Gran expedición a Sicilia (415 – 413 a.C.). Afortunadamente, tenemos una gran cantidad de datos históricos acerca de esta fase, probablemente motivado por el hecho de que Tucídides participara directamente en ella, y por ello pudiera describirla con todo lujo de detalles.

Itinerario seguido por la flota ateniense en la expedición a Sicilia
Itinerario seguido por la flota ateniense en la expedición a Sicilia

Causas de la expedición a Sicilia

En la isla de Sicilia, aunque el congreso de Gela (424 a.C.) había puesto fin al conflicto entre la ciudad de Siracusa y las colonias griegas pro atenienses, la paz no había llegado realmente. En el 416 a.C., la ciudad de Segesta fue atacada por la ciudad de Selinunte, aliada de Siracusa. Ante esta situación, los elimios (habitantes autóctonos del oeste de Sicilia) decidieron pedir ayuda a los atenienses, que aceptaron la solicitud.

Atenas, entusiasmada con la propuesta, aceptó por dos grandes motivos. Por un lado, por las recomendaciones de una embajada enviada a la isla italiana, alentando a los atenienses a participar por ser ésta la ocasión idónea para dominar Sicilia. Así, los áticos tendrían un trampolín perfecto para extender sus dominios por todo el Mediterráneo occidental. Y por otro lado, por la política demagógica impulsada por Alcibíades, que supo encandilar a la sociedad ateniense para que quisieran embarcarse en esta empresa. Cabe destacar que todo esto lo hicieron a pesar de que, en los primeros años de la Guerra del Peloponeso, Pericles ya había advertido acerca de las nefastas consecuencias que tendría intentar expandir su imperio en tiempos de guerra.

Estado actual del templo de Segesta
Estado actual del templo dórico de Segesta en Sicilia

Preparativos de la expedición a Sicilia

Para contrarrestar el carácter pasional de Alcibíades, la dirección de la expedición a Sicilia recayó también en Nicias, el principal político antibelicista, y Lámaco, uno de los generales más experimentados. Sin embargo, nada de lo que planificaron los atenienses pudo evitar que la expedición a Sicilia se convirtiera en uno de los mayores desastres militares de su historia.

La escuadra que los atenienses y sus aliados enviaron a Sicilia era absolutamente desproporcionada con la importancia del objetivo que perseguían. Estaba formada por 134 trirremes130 barcos de víveres, por lo que, teniendo en cuenta que en cada nave trirreme podían viajar hasta 200 personas, podría haber estado compuesta por casi 27.000 personas. Además, ante la posibilidad de obtener beneficios comerciales, numerosos buques mercantes decidieron acompañar a la flota, una de las mayores de la Historia de la antigua Grecia.

La traición de Alcibíades

La gran escuadra ateniense partió del puerto del Pireo en el verano del 415 a.C., uniéndose en Córcira con sus aliados. Al llegar a Sicilia, establecieron su cuartel principal en Melania, ciudad que junto a Naxos Leontinos eran las principales aliadas atenienses en la isla. Sin embargo, nada más llegar ya cometieron el primer grave error, ya que las diferencias ideológicas de los tres generales entorpecieron y retrasaron las acciones militares que deberían haber tomado.

Alcibíades con las cortesanas, cuadro de Felix Auvray (1833)
Alcibíades con las cortesanas, cuadro de Felix Auvray (1833)

Como buen diplomacista, Nicias quería ir a Selinunte para reconciliarla con Segesta y así volver a Atenas sin necesidad de luchar. En contraposición, Alcibíades prefería establecer alianzas con otras ciudades de Sicilia para luchar contra Siracusa. Y Lámaco, autor del mejor plan de todos, quería atacar directamente Siracusa lo antes posible para que no les diera tiempo de organizar la resistencia de una invasión tan numerosa. No obstante, al ver que su plan no contaba con los apoyos necesarios, Lámaco abandonó su idea y apoyó la de Alcibíades, descartando la estrategia de Nicias.

A los pocos meses de iniciar esta estrategia, un giro del destino propició que el mayor líder militar de Atenas acabara convirtiéndose en su mayor enemigo. En Atenas, solía colocarse en las puertas de las casas unas estatuas religiosas llamadas hermes, que representaban al dios Hermes con el pene en erección; se colocaban porque se creía que daban buena suerte y que protegían del peligro. A consecuencia de una gran gamberrada nocturna, los atenienses se despertaron una mañana, pocos días antes de que zarpara la expedición a Sicilia, y encontraron mutilados casi todos los hermes de la ciudad.

Como tenía muchos enemigos políticos en la ciudad, Alcibíades fue incluido entre los presuntos culpables de tal escándalo, pero sus intrigas no consiguieron que fuera juzgado antes de su partida a Sicilia, y pudo zarpar. A pesar de ello, poco después de abandonar Atenas sus enemigos presentaron una acusación de sacrilegio e impiedad contra él, y una nave oficial del Estado se acabó presentando en Sicilia para llevárselo arrestado a Atenas. Usando un ardid, Alcibíades consiguió escapar y huyó al Peloponeso, donde cambió de bando y se puso al servicio como consejero del rey Agis de Esparta.

Estatua hermes del tesoro de Sifnos, del 520 aC
Estatua hermes del tesoro de Sifnos, del 520 a.C.

La expedición a Sicilia, un gran desastre militar

A pesar de este giro en los acontecimientos, Lámaco y Nicias continuaron con su actividad en Sicilia y en el 414 a.C. ya se habían hecho fuertes frente a Siracusa. Tomaron la meseta de las Epípolas y gran parte de la bahía de Siracusa, por lo que estaban bloqueando la entrada a su gran puerto comercial. Mientras tanto, Alcibíades estaba en el Peloponeso aconsejando a los espartanos la mejor forma de derrotar definitivamente a Atenas.

Debido a que Alcibíades conocía toda la estrategia ateniense, su consejo de enviar al general espartano Gilipo en ayuda a Siracusa fue muy efectivo. Los atenienses se vieron obligados a retirarse de las Epípolas y replegarse al promontorio de Plemmirion, donde eran mucho más vulnerables y no podían continuar con el bloqueo. A partir de este momento podemos considerar rota la paz de Nicias, ya que de nuevo ambos bandos se estaban enfrentando directamente en un conflicto abierto.

Nuevamente por consejo de Alcibíades, el rey Agis de Esparta inició la invasión del Ática en la primavera del 413 a.C., llegando a incomunicarla por tierra. De esta manera, la situación ateniense era cada vez más insostenible, ya que tenían que luchar en dos frentes, uno en su propio territorio y otro en Sicilia. Y a pesar de que los atenienses consiguieron enviar refuerzos encabezados por los estrategas Demóstenes y Eurimedonte, siempre eran derrotados por los espartanos al mando de Gilipo.

Ilustración de una batalla naval durante la gran expedición a Sicilia (Arrecaballo)
Ilustración de una batalla naval durante la gran expedición a Sicilia (Arrecaballo)

Finalmente, todo el ejército ateniense fue aniquilado. Lámaco murió en batalla, Nicias y Demóstenes fueron ejecutados, la gran flota ateniense fue destruida y todos y cada uno de los guerreros acabaron muertos o esclavizados en las canteras de Siracusa. La catástrofe fue de tal magnitud que Tucídides no dudó en calificarlo como uno de los acontecimientos bélicos más desastrosos de toda la Historia griega. No obstante, la enorme fortaleza ateniense hizo que aun tuvieran que pasar ocho años para que finalmente Atenas se rindiera y Esparta ganara definitivamente la Guerra del Peloponeso.

Bibliografía

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FERNÁNDEZ, P. (2002): Historia antigua universal II: el mundo griego hasta la segunda mitad del siglo IV a.C. UNED, Madrid.

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LANE, R. (2008): El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma. Crítica, Barcelona.

POMEROY, S. [et.al.] (2012): La antigua Grecia. Historia política, social y cultural. Crítica, Barcelona.

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